Las misas franquistas de monseñor Reig Pla
Mala cosa es andar por la vida dejándose uno llevar por filias y fobias, especialmente si uno es o pretende ser periodista. Mal negocio.
Religión Digital tiene sus amigos y sus enemigos. Algunos no declarados sino declaradísimos, como por ejemplo el cardenal Rouco Varela y obispos como Sanz Montes, Munilla, Demetrio, Fidel Herráez o Reig Pla. Las razones ellos las sabrán y otros también, al menos en parte.
Dicho esto, si uno de sus “non gratos” comete una barrabasada, pues nada, digan cuál es y leña al mono que es de goma. Lo jorobado es que no siempre lo tienen fácil, así que necesitan un ejercicio de imaginación para ver el modo de sacudir alguna leche a los susodichos.

Y cada vez más. Porque si es verdad que los curas a veces pareciera que andamos medio locos (me he levantado generoso), se supone que alguien debería exigirnos sensatez.
Insistencia, cachondeo, tocada de narices, befa, mofa, burla y añadan más adjetivos. Nos vamos a quedar cortos.
Ya saben mis amables lectores lo que son las parroquias de Braojos, Gascones y La Serna en invierno. Muy poca gente, frío, soledad y los cuatro de siempre en misa (cuatro los días mejores, que a veces uno o…). Pero ahora es verano, y es, sobre todo, agosto, tiempo de vacaciones y tiempo, en consecuencia, en que mis pueblos cobran vida. Mucha gente, fiestas patronales, el sonido de los niños, la gente que toma el fresco a la puerta.
Vaya años y vaya temporada últimamente. Se me hace muy duro ver en todos los medios de comunicación noticias sobre abusos cometidos por sacerdotes y religiosos católicos contra niños y adolescentes. Los datos de Pensilvania son especialmente aterradores porque en ellos se nos habla de más de mil menores afectados y no menos de trescientos sacerdotes implicados.