Todo es tan distinto

Mañana de domingo de ramos en un silencio que acongoja. No es ni mucho menos lo que uno estaba acostumbrado a vivir. Me voy a mi niñez, a mi Miraflores, a esas procesiones con los ramos recorriendo el pueblo. Recuerdo el real monasterio de San Lorenzo, la procesión por el claustro principal con el liber usualis en la mano cantando “Pueri Hebræorum” que aún puedo repetir de memoria. Cómo no llevar mi mente a la plaza del Valdeluz, de Guadalix, Navalafuente. Domingo de Ramos en la Beata Mogas y antes en la Beata, hoy santa Ángela, de la Cruz. Domingo grande en Gascones, La Serna y Braojos.

Nos mienten. En todo y cada día. Sin disimulo, sin medias tintas, con todo el cinismo del mundo.
Vamos a ver si conseguimos no hacer más tonterías que las imprescindibles. La situación nos supera y nos rebasa. Los muertos por coronavirus, especialmente en España, nos abruman cada día. A estas horas llevamos más de ocho mil muertos y nos acercamos a los cien mil contagiados. Además de todo esto, nos llegan los reproches de muchas personas y colectivos acusando a la Iglesia de no estar aportando nada ante esta situación. Ya sabemos que no es así, pero estas cosas duelen.
Hoy más que un post es simplemente un aviso.
Acabo de hablar con B. y C., catequistas de mis tiempos de párroco en Santa Ángela de la Cruz en Madrid. Presidí el matrimonio de una de ellas años después y ya ni me acuerdo el tiempo que hacía que no teníamos noticias unos de otros, hasta que hace unos días me llegó la noticia del fallecimiento del padre por coronavirus y de que la madre estaba en cuarentena.