Usted a lo suyo y nosotras a lo nuestro
Imaginen media docena de “Rafaelas”. El caso es que al bueno de D. José le encomendaron una nueva parroquia perdida en la periferia de una gran ciudad. Apenas esa media docena de Rafaelas cada día en misa. Mujeres de edad provecta que acudían cada tarde con su mejor voluntad.
D. José, cura de siempre, y preocupado por sus fieles, se hizo esta reflexión: da igual una que cuatro, mayores o jóvenes, son feligresas y tienen derecho a que se les explique la palabra de Dios. Por tanto cada tarde, al finalizar las lecturas, unos minutos de homilía. Hasta que un día se da cuenta D. José de que mientras él predica ellas aprovechan para ir rezando el rosario.
A ver, señoras, dijo el buen cura, una de dos: o predico o rezan el rosario. Ellas, impertérritas, respondieron: “ay D. José, no se ponga así, no tiene nada que ver; usted a lo suyo y nosotras a lo nuestro”.

La primavera dicen que es una estación meteorológica que en el hemisferio norte se extiende de finales de marzo a finales de junio. La prima Vera es una pariente lejana del pueblo que viene de visita y de compras dos veces al año. El primavera es el tipo ingenuo, que va por la vida de incauto, que hace el primo.
La palabra “democracia” es algo así como esa salsa mágica que hace buenas todas las cosas. Aplíquese a donde sea y para una enorme cantidad de palurdos la cosa cambia, reluce, saca esplendor, brilla y deslumbra. Prueben, prueben… Centro democrático, república democrática, asociación democrática de… Deslumbra a los palurdos y de tal manera que ayer me viene un feligrés a decirme que ha leído vaya usted a saber dónde que el problema de la teología es que no es democrática.