Los garbanzos como tapadera
Mucho enseña el libro de los Hechos de los apóstoles. Tanto que hace unos días propuse que se retirara de la circulación, simplemente porque lo lees y si tomas tu vida en serio sientes vergüenza por nuestra acomodaticia y poco evangelizadora vida eclesial.
Lo que mejor se nos da a los católicos es lo de la caridad. Es un lujo y es el mayor honor. Es nuestro gran escaparate, y a la vez nuestro mayor peligro.
Me agrada y me molesta, de hecho, me molesta mucho, ofrecer a la gente la imagen de la Iglesia como una gigantesca ONG. Nos preguntan qué hace la Iglesia y sacamos rápidamente la lista de sus obras sociales: Cáritas, reparto de alimentos, centros para transeúntes, las misiones, el heroísmo de los misioneros que no abandonan a su gente. Vemos programas de parroquias, de misiones y la parte del león se la llevan siempre nuestras extraordinarias obras sociales y la cercanía a los pobres.

Oigan, que ya está bien de vivir del cuento, del eslogan y de lo que se lleva. Que ya está bien. Y el problema no es el de los demagogos de chichinabo, sino de todo los que encima apoyan y aplauden sus memeces, porque tampoco tienen categoría de más. La penúltima, porque a estas horas ya habrá salido a la palestra algún demagogo nuevo.
Aunque en Madrid llevamos mucho atraso, ya que seguimos en fase 0, si bien con alguna licencia de última hora, acabamos de conocer las normas para cuando se consiga llegar nada menos que a la fase 2.
Directamente las tengo suprimidas. Suelo hacer la monición de entrada del misal y, en las celebraciones de los santos, leo un par de cosas de su biografía. Y ya.
Tengo unos feligreses que no me los merezco. No voy a caer en la tentación de dividirlos entre reales y virtuales como si los que se incorporan a la celebración eucarística a través de sus ordenadores fueran algo así como una especie de ectoplasma. Feligreses reales que cada día viven la eucaristía, la celebran, la gozan.





