InfoCatólica / De profesión, cura / Categoría: Señora Rafaela

15.06.13

¿Qué es lo que la gente quiere de la Iglesia? Responden algunas Rafaelas

En mis años de cura y antes, de chavalillo, siempre me he encontrado con gente buena y sencilla. Hoy quizá hasta me atreva a colocar nombres, aunque siempre quedará gente fuera. Sé que me disculparán. Con uno o dos por parroquia será suficiente.

Por ejemplo Nieves, que lleva no sé cuantos años en Miraflores cuidando de las cosas de la parroquia y al frente de la contabilidad. O Charo, sacristana por más de cincuenta años en Navalafuente, o María en Guadalix, que si no son cincuenta, lleva más de treinta. Una oración para Felisa, que hizo lo propio durante más de sesenta años en Bustarviejo.

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10.06.13

Rafaela no quiso ir a la Plaza de España

Madrid más bien poco. Pero si hace la primera comunión un re-sobrino, y encima es ahijado, pues no queda otro remedio. Así que el viernes por la tarde, autobús y a los madriles. Afortunadamente tiene unos sobrinos acogedores y mejor que andar a carreras “te vienes el viernes, celebramos la primera comunión tranquilamente el sábado, y te puedes volver el domingo sin prisas”. Bueno, pues no estaba mal el plan.

Todo como estaba previsto. Dormir en casa de los sobrinos el viernes, primera comunión el sábado (que por cierto no estuvo mal), comida con la familia y volver a casa a última hora de la tarde.

El domingo, desayunando, tomó la palabra el sobrino: “Que digo, tía, que he pensado que nos vamos a ir a la Plaza de España, que están recogiendo alimentos para los pobres y así aportamos algo nosotros. Ahora, de que desayunemos, nos acercamos ahí a los chinos, que no cierran, compramos unos kilos de algo y nos vamos con el niño. Total, en el metro no tardamos nada, porque ir con el coche será un problema”.

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30.05.13

La noche en que faltaron los sobrinos de Rafaela

Se extrañó Rafaela de que no pasaran a saludarla sus sobrinos como cada noche. Cosas de gente joven, siempre ocupada.

Al día siguiente quedó todo aclarado. Unos amigos de Madrid les habían invitado a la conferencia de un teólogo de moda, y quisieron aprovechar la oportunidad. Al solecito, porque había que aprovechar el momento, contaban a Rafaela lo que escucharon.

¿Y qué tal? ¿De qué habló? Juan, entusiasmado. Tía, no sabes cuánta gente, y qué cosas decía… Marisa, más prudente: pues yo no sé qué decirte… no me aclaré mucho. Pues hija, de algo hablaría, digo yo… Sí, de Jesús, de la iglesia, de los pobres. Ya, pero es que eso es muy viejo.

Bueno, siguió Juan, dijo que algo así como que en la Iglesia no se puede hablar, que hay miedo, que la gente está asustada.

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9.05.13

La pobre Rafaela (con una nota previa)

La nota previa es poque me están llegando correos de amigos que me preguntan cómo adquirir el libro “De profesión cura”. Pueden ponerse en contacto con la editorial. Además la editorial me informa de que “Si hay cualquier problema con el pago o para que enviemos un ejemplar firmado por D. Jorge, basta enviarnos un mensaje a la editorial”. El correo de la editorial es [email protected]

Y ahora con el asunto de la señora Rafaela.

Rafaela lleva una temporadita solo regular. No en lo físico, que tiene una mala salud de roble, tampoco en lo económico, porque con la pensión que les ha quedado, y en el pueblo, vive con su marido sin pasar estrecheces. Cuando dice que está solo a medias eso quiere decir que hay cosas que no le convencen y que se está hartando.

Su cura lleva una temporada que le ha dado por hablar de la crisis y de los pobres, y toque el evangelio que toque acabamos ahí de forma impepinable. Es el chiste del cura y la confesión: San José era carpintero y haría confesionarios, así que hablemos de la confesión que viene a ser lo mismo.

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9.04.13

Rafaela hizo escrache

Hablé con Rafaela la otra noche. La cosa de saber cómo están, qué tal todo por el pueblo… Y con esa disculpa preguntarle por lo del escrache que servidor había escrito unos días antes.

Ella sabe perfectamente lo que es eso del escrache: ve la tele, escucha la radio y está bastante al día. Así que a lo tonto le conté lo que había escrito y le fui tirando de la lengua.

Mira, me dijo, a mí eso de que a la puerta de tu casa se te ponga una panda de gente pegando gritos y llamándote de todo pues no me parece bien, porque arreglar las cosas así a lo único que lleva es a más violencia cada vez que al final nos acabará salpicando a todos.

Ahora bien ¿sabes que yo hice algo parecido en una ocasión? ¿No te lo he contado nunca?

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