Aplaudir con las orejas
Yo creo que hoy está casi en desuso, pero en tiempos la claque era fundamental en los grandes acontecimientos teatrales. La claque era un grupo organizado de espectadores que, a órdenes de su coordinador, aplaudían a unos, abucheaban y pateaban a otros y todo esto pues según los intereses, que no eran otros que a Fulano, haga lo que haga, aplausos y vítores, y a Mengano, pitos y abucheos.
Hoy, cuando todos proclamamos a diestro, siniestro y contrapunto que para nada nos afecta el qué dirán, vivimos la paradoja de encontrarnos en esta Iglesia nuestra a obispos, cargos eclesiásticos, medios de comunicación enganchados a ese a ver qué se dice y medir el volumen de aplausos de uno, las críticas de otros y los silencios de estotros. Cosa rara, por otra parte, ya que los mismos que devoran los medios digitales al segundo son los que suelen afirmar que pasan de las redes y que no les importa lo que se escriba. Pues mejor para ellos.
Por supuesto que se lee lo que se publica en la red. Se lee, se comenta, se revisa y estudia. Y evidentemente que importa, preocupa y mucho. Es la claque, que se cuida con mimo. ¿Cómo se hace? Imaginen. Mano por el lomo a algunos, en forma de sonrisas, deferencias. “exclusivitas", publicidad. Con otros, los contrarios, se guardan distancias muy diplomáticamente, ya saben, evitando el enfrentamiento directo, que no conviene, y con otros, los más tibios, siempre dejando caer alguna cosita, suave, que no comprometa, pero hombre… echamos en falta que alguna vez se diga…
Hay medios que necesitan acercarse al poder por la urgente necesidad de sobrevivir. El peloteo es molesto, pero se agradece que de uno hablen bien, y estas cosas tienen su pago. Los hay que no, porque así lo han decidido. Y luego estamos los blogueros o articulistas medio por libre que, aunque estemos en un medio concreto, decimos lo que nos parece oportuno. En mi caso, por ejemplo, comentar lo que pasa en la Iglesia, los hago en el programa de los viernes, eligiendo las noticias que me parece y comentándolas según mi personal entender, y en el blog un poco más de lo mismo: sin otros límites que la fidelidad a la doctrina y la caridad con el prójimo, ni otro deseo que formar, animar y ayudar a vivir la fe.
Me dicen que si fuera más listo aplaudiría de vez en cuando para estar a bien con las alturas. Con la única altura que quiero estar bien es la Altura con mayúscula.
Recuerdo a Diógenes:
Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas, sentado en el umbral de una casa cualquiera. No había ningún alimento en toda Atenas más barato que el guiso de lentejas.
Pasó un ministro del emperador y le dijo: ¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco más al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas.
Diógenes dejó de comer, levantó la vista, y mirando intensamente al acaudalado interlocutor contestó: Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que adular tanto al emperador.
No me apetece aplaudir.
12 comentarios
En ocasiones criticamos o aplaudimos a uno para criticar (poner en evidencia) a otro. Y eso no me parece muy acorde con el programa de vida de Jesús que, en el Sermon de la Montaña, propuso a sus seguidores. Sermón que incluye las Bienaventuranzas y mucho más.
Esto me parece verlo en algunos "aplausos", de los comentarios, a Leon, poniendo en evidencia a Francisco y en mi opinion, si estos da, es propio del Separador.
Por otro lado las criticas a Francisco u otras critias, si no se tiene la seguridad en hacer un bien superior al mal que se origina, eran condenadas con rigor en el catecismo del P. Astete. A parte de que el fin no justifica los medios.
Cuando aplaudimos lo nuestro, a la vez que criticamos lo otro, lo justificamos diciendo, quizas de buena fe, que somos objetivos y puede ser verdad. Pero bueno es analizar si, en ello, hay solo objetividad o aprovechamos la ocasión para llevar el agua a nuestro molino y en este caso debemos tener en cuenta que el "Tribunal de las Aguas" de estas aguas, conoce nuestra intención y nuestro interior.
Gracias P. Jorge por su escrito, que nos puede llevar a reflexionar en estos tiempos de tanto enfrentamiento y de tanta critica a la Autoridad debidamente constituida.
Tiempos nuevos a los que hasta los conservadores se apuntan a esto.
Reflexión que necesito
Mejor dicho: el que tenga ojos para leer... ¡que lea! jajaja
En el fondo de todos los que huyen del aplauso hay una base común, pero no por las mismas razones.
El cínico se ríe de todo, sobre todo de aquello que hacen las autoridades, razón por la que lo ignoran o lo persiguen, el cristiano huye de las alabanzas porque piensa que toda alabanza debe ir dirigida a Dios y que, si se deja arrastrar por ellas, puede acabar como el cura influencer que ya no es cura.
Lo de "Antes muerta que sencilla", que dicen los andaluces tiene más miga de lo que parece porque la sencillez es imperceptible y de lo que se trata es de que te vean. El cura influencer no era sencillo porque para eso era influencer y se encontró que lo de cura quedaba en segundo lugar y que, en realidad, lo que quería eran muchos likes. Ahora tendrá que buscarse los likes con otro tema.
Este es un mundo que permite a todo el mundo, en feroz competencia, llegar a ser un influencer, pero para serlo no puedes hablar del tomismo, del calendario litúrgico o de las apariciones marianas, porque no mola. Hay un par de sacerdotes cuyos videos me encanta ver, pero tienen muy pocos porque su seriedad espanta y, por eso, nunca llegarán a ser influencers. En un mundo dónde la atención se cuenta por segundos meterse entre pecho y espalda el tomismo de Mosèn J. Mercant o conferencias sobre los cultos místericos griegos del Profesor Alberto Bernabé es para nota y nunca les convertirá en influencers porque son académicos, los pobrecitos.
Los influencers son sencillos y adictos al aplauso, los serios se dedican a otras cosas y solo aparecen esporádicamente.
Luego están las personas como el P. Jorge, que pueden ser sacerdotes o no, que no son tan complicados como los académicos, por lo que tienen acceso a un mayor número de personas, pero tampoco son influencers porque también se dedican a otras cosas, y claro los aplausos no les llegan. El aplauso tiene un coste,
Sin dejar por ello de elogiar lo elogiable.
Avemaría.
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