El católico coñazo
Me contaban el otro día unos buenos amigos que están cada día más apartados de una familia cercana, buena gente, piadosos de corazón, pero inaguantables.
En su vida personal, en su casa, hagan lo que quieran. No hay el mas mínimo resquicio para otra cosa que no sea su fe católica: de Radio María a los podcast católicos, de las revelaciones de santa Faustina a los programas más rabiosamente confesionales. Si se trata de prensa y revistas, únicamente las estrictamente católicas y lecturas con nihil obstat.
No hay cine si no es para lo mismo, ni programas de televisión que huelan a simple divertimento. Hacen un extra con el fútbol y poquito más.
Lo malo, me dicen estos amigos, es que ya no podemos ni quedar con ellos. No aceptan otro tema de conversación que no sea su fe católica. Más aún, nuestros hijos huyen de ellos como de la peste. La razón es que han pasado del testimonio a dar la paliza constantemente a los demás:
¿Y vais a misa cada día? ¿Cuánto tiempo hace que no os confesáis? Tú, Merceditas, deberías acudir a algún grupo de jóvenes, y tú, Pepito, que tienes novia, no me digas que no estás en un grupo de novios para prepararte desde ya para un matrimonio católico.
Vosotros, como matrimonio, deberíais acudir a alguna cosa. Os vamos a llevar al grupo de las familias católicas, o mejor os apuntamos para un retiro el mes que viene, son dos días. Y el domingo que viene nos vamos todos a misa a las Társilas, que celebran muy bien, y luego podemos quedarnos a la exposición, el rosario y la coronilla.
Insoportable.
Uno no es peor católico por leer una buena novela, distraerse con la televisión, tener sus aficiones, pasear al perro o escuchar música que no sea gregoriano. Tranquilidad y normalidad, que no pasa nada.
Y uno, cuando se convierte en el paliza de turno y se pasa el día dando el coñazo a los demás, no evangeliza, espanta.
Conozco casos.






