El rizo de Estrellita Castro
Tras finalizar el concilio Vaticano II y hasta casi los noventa, tocó el tiempo de las novedades más novedosas. Frente a la supuesta inmovilidad y rigidez de la liturgia del misal de Juan XXIII, llegó el momento del cambio especialmente en el culto público.
Todos nosotros vivimos el momento de guitarras, bongos e incluso alguna batería, los textos en lengua vernácula, adaptación de viejas canciones a las que se colocaba una letra pseudo católica, carteles en los templos, ofendas interminables, palmadas, gestos, niños arriba y abajo, plegarias experimentales y ornamentos escasos.
Desde que se iniciaron esas supuestas innovaciones, han pasado no menos de cuarenta años. Evidentemente hoy escasean tales originalidades. Cualquiera que vaya a misa, se encuentre con una guitarra y unos bongos tocados por señoras sesentonas, un cartel sobre el atar que dice algo tan sorprendente como “Dios te ama”, un sacerdote sin casulla y los niños subiendo al altar en la consagración y a darse la manita en el padrenuestro para acabar dándose la paz al ritmo de “Paz Señor en el cielo y la tierra, paz Señor en las olas del mar…, experimentará un insufrible olor a naftalina.

Espero que estén conmigo en que como Iglesia católica no vivimos el mejor momento. No me meto, Dios me libre, en la conciencia de nadie. Pero hay datos que son del todo elocuentes. Al menos en lo que respecta a España no lo podemos negar. Los datos simplemente sociológicos nos hablan de un desplome en el número de los que se consideran católicos, hoy apenas dos tercios de la población. Bodas, bautizos y comuniones caen en picado, las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada escasísimas, conventos cerrando día tras día e incluso económicamente camino del desastre. Las finanzas vaticanas en estado preagónico -creo que soy optimista- e incluso diócesis que tradicionalmente se mantenían con una cierta comodidad, como Madrid, pasan por momentos complicados.
La gente ya no sabe (o sabe muy bien) cómo llamar la atención. Se han reunido unas cuantas mujeres en lo que parece, por la foto, el templo del centro pastoral san Carlos Borromeo de Madrid, para reivindicar lo de siempre arrogándose la representación de las mujeres católicas de todo el mundo. Ya digo desde ahora que de todas no, porque Rafaela, que se ha modernizado lo suyo, me ha llamado por teléfono al grito de “a mí no me representan”. Parece, eso cuentan, que están preparando un sínodo.
Es la gran solución del momento. Problemas con el tejado de la parroquia de san Sisebuto, deudas de la diócesis de Villajoyita Linda, ausencia de vocaciones en las Társilas, falta de presbíteros en la zona de Ruralia de Arriba, disminución de fieles en las misas dominicales, desplome del número de bodas y bautizos.¿Solución? Parchear para salir del paso y que lo arregle el siguiente.





