A Teresa, que se acaba de marchar con doce años

El sábado regresé a mi parroquia anterior. No suelo ir demasiado. Mejor, apenas la piso. Pero hay ocasiones en las que resulta imposible el resistirte.

Teresa tenía doce años recién estrenados, unos padres encantadores, un hermano y unos cuantos tíos, primos y muchos amigos. Una sonrisa abierta y feliz y una vida por delante. Un infarto fulminante la sacó de este mundo. Terrible, más aún cuando hace ahora veinticinco años que murieron de la misma forma y en el mismo día dos hermanos de su madre con apenas veinte años. No sabes por qué la tragedia en ocasiones se ceba en algunas familias. Hace veinticinco años aquellos dos hermanos en el mismo día. Ahora Teresa, con apenas doce primaveras.


Me golpeó la noticia. En su día presidí el matrimonio de sus padres y celebré su bautizo, así como posteriormente el de su hermano. Conozco bien a toda la familia, con un recuerdo especial, por qué no dar nombres, para la abuela Angelita, fallecida hace dos años, una mujer de fe sencilla y profunda que supo aceptar con ejemplar resignación la muerte de los hijos y posteriormente la de su esposo, y transmitir esa misma fe a toda la familia.

No son momentos para tratar de explicar nada. Celebró la misa el párroco y quise concelebrar con él. Palabras para los padres no me salieron. Eso sí, nos dimos un abrazo enorme y lloramos juntos, mientras me decían que tenían el consuelo de que la abuela Angelita cuidaría de Teresa en el cielo.

No, por favor. No me vengan ahora con un tratado de teología sobre el purgatorio, los novísimos, la pena temporal, el reato. Cuando ocurre algo así es el momento de llorar juntos, reconocer que nos faltan palabras y que las que conocemos de siempre se nos quedan cortas. Es momento de volver a la fe más sencilla, a la que aprendimos de niños, confiar en la misericordia de Dios y pensar en el cielo donde la Virgen, esa Virgen del Espinar que tanto quieren y tanto les quiere, cuidará de Teresa por siempre.

Seamos claros. Hay muertes y muertes. Que se vaya la abuelita con ochenta y tantos, noventa años, es ley de vida, y duele pero se acepta con serenidad como algo que tiene que ser. Cuando la muerte se lleva a un niño, un joven, y especialmente en determinadas circunstancias, se rompen todos los esquemas. Fácil predicar sobre el sentido de la vida y la muerte cuando esta nos llega de forma digamos natural. Complicadísimo encajarla cuando se rompen todos los esquemas. En esos casos cada vez predico menos. Me limito a llamar a la confianza en Dios que nunca nos deja solos, a invitar a la oración común y a llorar con una familia que en ese momento anda sobrada de palabras y necesitada de abrazos.

Teresa, de parte de tu antiguo párroco, el que te bautizó, un beso. Y otro de mi parte, y muy fuerte, para la abuela Angelita.

15 comentarios

  
Emilio
Me ha emocionado profundamente; cuando se tiene esa capacidad de empatía, se es un buen pastor de almas, y por qué no decirlo, un gran pastor: Dios se lo pague.
30/12/13 11:45 AM
  
Luis Fernando
A veces la única respuesta posible es el silencio acompañado de la presencia al lado del que sufre.
30/12/13 1:31 PM
  
Enrique G. B. A.
"...Cuando ocurre algo así es el momento de llorar juntos,..."

Claro que sí, y con nuestras lágrimas las de Jesús frente a su amigo Lázaro muerto en su juventud.
30/12/13 1:34 PM
  
Adriana Martinez
Lo siento mucho don Jorge, terrible el dolor para la familia y los amigos, desde aquí mis oraciones por si en algo pueden ayudar. Un abrazo
30/12/13 1:54 PM
  
Eduardo Jariod
Sí, en esas situaciones sobran las palabras. Acompañar muchas veces debe ser solo un estar, una presencia que acoge. Y nada más. En silencio o con ayuda de un sacerdote, implorar a Dios su infinita misericordia y desear que el alma que ha reclamado sea llevada al cielo.

Pretender entender los designios de Dios para cada uno de sus hijos es no solo una ingenuidad, sino se podría decir un sacrilegio.
30/12/13 2:04 PM
  
clara
Madre mía, qué dolor.
Rezamos en casa por Teresa y por sus padres y hermano.
30/12/13 2:12 PM
  
Tony de New York
DIOS la reciba en su seno.
30/12/13 2:30 PM
  
jotayeme
Lleva usted razón, Padre. Hay ocasiones en lo que lo único que se puede hacer, es llorar junto a los que sufren...y tratar de encontrar explicaciones sólo puede empeorar la situación, porque no hay posibilidad de encontrarla, al menos en esos momentos. Llorar, acompañar a quien padece algo tan antinatural como perder un hijo a edad temprana es la manera de compartir, que no suavizar, el dolor que se siente.
Rezo por el alma de Teresa, y por que la Virgen, que sabe muy bien cómo se sienten sus padres, los acompañe en su dolor.
Gracias por este blog, Padre. No se imagina de qué manera puede ayudarnos a sus lectores.
30/12/13 2:38 PM
  
Jose2
Dios los acoja en Su Gloria.
30/12/13 3:04 PM
  
JB
Pues eso... ...!
30/12/13 3:55 PM
  
Carlos
Un pastor que huele a oveja!!!!
30/12/13 6:36 PM
  
Calígula
DEP esta hija de Dios. Mi más sentido pésame para usted, don Jorge, y para a su familia.
Podemos caer en la tentación de dudar y de juzgar al Creador, nosotros, sus criaturas. Eso es lo que nos dice Satanás. "¿Por qué Dios se lleva a los jóvenes, a los niños inocentes? ¿Dónde está vuestro Dios, ese que tanto os quiere, cuando permite que miles de niños pasen hambre?" "Si eres hijo de Dios, sálvate y sálvanos". A Santiago Carrillo le preguntó Luis del Olmo, en una de las últimas entrevistas que le hicieron, si temía ir al infierno. Carillo respondió que no creía en la existencia de Dios, que según el es quien envía al infierno, porque si Dios existiese no permitiría que hubiese todas las calamidades que nos acechan. Santiago, al igual que nosotros en momentos de duda, no entiende que Dios no tiene esclavos, sino hijos; que los hijos no siempre obedecen a los padres, y que no obedecer el mandato divino nos lleva a donde nos lleva: a la muerte. No sólo la muerte espiritual es consecuencia del pecado; también lo es la muerte física. Dios nos salvó de la muerte espiritual venciendo la muerte física, la decrepitud del cuerpo, la cárcel del alma.
No osemos cuestionar a Dios, ni ser nosotros dioses. Satanás nos dice: "Sé como Dios". Decide qué está bien y qué está mal; elabora tu las leyes morales. Si nos dijera Belcebú "Escribe tú las leyes físicas" nos entraría la risa. Nadie cuestiona las leyes de la física, pero sí las leyes morales. Yo no me creo la ley de la gravedad y salto desde un décimo piso. Me mato. Yo no creo que la lujuria sea mala. Me tiro a todas las mujeres. No conozco el amor. Tengo hijos y animo a mi mujer a que aborte. Mi pecado, mi propia decisión, es la destrucción de mi ánima.
30/12/13 10:58 PM
  
Juan 35
(Viví en casa de mis padres una tragedia similar hace 30 años. Ellos perdieron una hija y yo una hermana pequeña)
Sólo la confianza ciega en Cristo puede hacer soportar una tragedia así sin volverse loco.
Sólo la fe ciega en la resurreción de los muertos puede dar sentido a todo porque si Cristo no resucitó vana es nuestra fe.
Sólo el silencio y la oración en forma de lágrimas y abrazos puede consolar a esos padres. Lo que no es humano y natural no se puede soportar humana y naturalmente. Sólo respirando de las llagas de Cristo y comulgando frecuentemente su Cuerpo resucitado podemos seguir viviendo ante una tragedia así.
Cuando muere un hijo, humanamente, uno ya no vive sino que sobrevive. Y sólo se puede sobrevivir y volver a la alegría en la confianza ciega de que Cristo resucitará su carne al final de los tiempos y de que ahora mismo su alma rodeada de los ángeles y santos canta las misericordias del Señor.
Muchas veces rezamos el Padrenuestro y el Avemaría y está bien. A mi, personalmente, para estas ocasiones,me gusta y consuela más el rezo pausado del Credo de los Apóstoles, en la confianza de que Dios no me puede engañar ni los sufrimientos de esta vida son en vano.
"Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros lo hombres,
y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.
31/12/13 12:05 AM
  
Isabel
Teresa,que Dios te tenga en la Gloria junto a Él, la Virgen y los santos, y brille sobre ti la Luz Perpetua.

A los padres, mi más sentido pésame y un abrazo.

Ante determinados acontecimientos de la vida, como usted dice Padre, no hay palabras. Son golpes demasiado fuertes que sólo el tiempo es capaz de ir paliando, nunca curando. Siempre dónde ha habido una gran herida queda la cicatriz.
Sólo queda refugiarse en el Señor.

Y a usted, que seguro que también lo está pasando mal, un abrazo Padre.
31/12/13 1:13 AM
  
rastri
Seamos claros. Hay muertes y muertes.
_________________

-Lloramos por nuestros muertos; Y lloramos sí; Más porqué lloramos.

-¿Lloramos porque se nos marcha la compañía de un ser querido; Lo cual es egoísta por la parte del que llora?

-¿O lloramos porque el muerto es abandonado a la oscuridad de su tumba lo cual es ignorancia por parte del que llora?

-¿No sería más y mejor alegrarse en ese "RIP", sabiendo que el que muere ya no sufrirá más de las inclemencias de nuestras tristes vidas? -Siempre y cuando, sin egoísmo, seamos sabios.
31/12/13 10:57 AM

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