Carmen Usano, invidente católica, vive entregada al cuidado de sus hermanos mayores, discapacitados

Carmen Usano tiene 69 años. Es la menor de una familia numerosa de 7 hermanos, de los cuales solo viven 3. Nacieron 6 de ellos con una enfermedad genética que les afectaba a la retina y les ha hecho perder la visión poco a poco y a edades ya mayores el oído también.
Forma parte de la delegación de ayuda y acompañamiento a personas con discapacidad de la diócesis de Cuenca. Aporta ideas y ayuda lo que puede. También ha creado un grupo de WhatsApp de 150 personas y en adviento y en cuaresma organiza unas charlas de unos ejercicios espirituales ya emitidos con D. Andrés Pérez, sacerdote de la diócesis de Oviedo.
En esta entrevista nos fa da testimonio de su fe católica y de la aceptación de la voluntad de Dios.
¿Cómo valora la fe católica que le inculcaron sus padres?
Para mí particularmente, y para todos mis hermanos, ha sido muy importante la fe que nos han transmitido, sobre todo mi madre. Era muy creyente y muy buena y nunca oí una queja de la pesada cruz que le había tocado vivir en esta vida. También he recibido la semilla de la fe de mis maestras y de sacerdotes y de algún movimiento dentro de la Iglesia Católica.
¿Qué supuso en su vida acabar perdiendo la vista?
Como te puedes imaginar tú y los lectores, a nadie le causa alegría saber que va a perder la vista, o cualquier otro sentido a lo largo de su vida. Yo creía que lo tenía asumido, al ver la evolución de la enfermedad en mis hermanos y también al enterarme de otras muchas personas que tenían esta misma enfermedad. Por cierto, se llama retinosis pigmentaria.









