La última misa tridentina del padre Jaime Herrera González en Valparaíso, Chile. Por Alejandro López

Reproducimos por su interés el testimonio de un joven que asistió a la última Misa del sacerdote fallecido

El pasado domingo me encontraba de turismo en la ciudad de Valparaíso, Chile, y ya que había leído sobre la Parroquia de Nuestra Señora de Puerto Claro en internet y de qué en tal lugar se celebraba cada domingo la misa tradicional en latín, me motivé a ir y conocer el lugar.

Lo primero que uno ve al llegar es la impresionante vista hacia el océano Pacífico desde una montaña llena de casas, y, bajando la calle «Santos Tornero» está la parroquia.

Al entrar me encontré con un ambiente solemne, además habían ordinarios de la misa a disposición para los fieles, yo que llegaba junto a mi novia y mi padre, conseguí unos para ellos, la feligresa que estaba cerca ayudó a seguirlo. El padre durante la homilía habló sobre el Padre Hurtado, el único santo varón chileno.

Durante la misa el sacerdote tosió, pero no parecía algo grave. Una vez finalizada conversé un poco con los feligreses de afuera y vimos que habían muchos gatos que vivían en el jardín del recinto, nos invitaron a pasar a tomar desayuno, así que aproveché de conversar con el padre Jaime.

Le hablé sobre que veníamos desde Santiago de Chile en mi caso, y de Barcelona mi novia y felizmente nos habló sobre su devoción a Nuestra Señora de Puerto Claro, defendiendo que es la patrona de Valparaíso, además le pedí si era posible tener uno de sus ordinarios de la misa para poder escanearlo, ya que lo encontré fácil de seguir. Al poco tiempo me dio uno de los ordinarios de la misa y un papel con una reseña de la patrona de la ciudad.

Mientras nos hablaba en el jardín estaba rodeado de vegetación y sus queridos animales, se le notaba muy alegre, acogedor y dedicado a su apostolado.

Nos sugirió que al volver a España ir a la cueva de San Ignacio en Manresa y también mencionó que existe el camino de Santiago inglés en Galicia, a lo que mi novia Cristina respondió bromeando “si es inglés no tienen ninguna validez”.

Mientras comíamos con los fieles conocimos a gente muy cálida y cercana como Cristián, Dante, Francisco, Valentina, Gabriela, Sebastián y otras personas a quienes no les pregunté el nombre. En el entretanto el padre debía ir a oficiar una misa en español a las 11am, por lo que se despidió de nosotros.

Una vez que ya nos fuimos del recinto quedamos felices de haber podido estar ahí, con una comunidad cohesionada y muy cercana a quien iba allí por primera vez.

Al día siguiente revisando mi teléfono en la mañana me llega la triste e inesperada noticia de que el padre Herrera falleció en la madrugada, después supimos que de un infarto y que murió rezando el Santo Rosario mientras esperaba que se le fuese a buscar, pero ya era muy tarde. Estuvimos en su velorio y luego al día siguiente misa fúnebre, nos sorprendió la cantidad de gente que lo conocía, él no solo era muy cercano al “Estadio Español”, razón de porqué hubo gente con atuendos gallegos tocando gaitas tras la misa fúnebre, sino que también mucha gente del mundo político y de todos los colegios de los que era capellán.

Nos enteramos que fue capellán de Pinochet y último confesor, y que la gente de su diócesis le tenía un tremendo cariño, incluso de las diócesis cercanas. Sin dudas Valparaíso y Viña perdieron a un gran sacerdote.

De momento no hay novedades sobre otro sacerdote que vaya a hacer misa tradicional en Valparaíso.

La impresión de mi novia Cristina de la experiencia fue la siguiente: “No era la primera vez que asistía a misa en latín, pero aquella misa me pareció especialmente cercana y, a la vez, profundamente solemne.

Al día siguiente supimos que el padre Jaime había fallecido. Acudimos a su sencillo velatorio, donde descubrí algo más de su historia: había sido el último confesor de Pinochet y, según nos contaron, el último sacerdote que celebraba la misa en latín en Valparaíso.

Me cuesta no pensar que aquel encuentro, tan breve y tan inesperado, fue una de esas pequeñas providencias con las que Dios nos habla. Quizá quiso que un sacerdote de Valparaíso me animara, precisamente en vísperas de su partida, a conocer mejor una parte de mi propia tierra que yo desconocía.

Me quedo con su misa, con aquella conversación, con el té en el jardín y hasta con los gatos de la parroquia. Y también con el deseo de seguir descubriendo y defendiendo, con humildad y amor, la riqueza de la liturgia tradicional que él custodió hasta el final.

Descanse en paz, padre Jaime. Gracias a Dios por haberlo podido conocer.”

Nota de la Asociación Litúrgica Magníficat sobre su fallecimiento:

“De manera repentina, durante la madrugada de este lunes falleció el sacerdote Jaime Herrera González (1964), párroco de Nuestra Señora de Puerto Claro en Playa Ancha, Valparaíso, donde nunca dejó de celebrar la Santa Misa conforme al antiguo rito romano. La víspera de su partida fue la última vez que puedo decirla.

Exalumno del Colegio de los Sagrados Corazones y ordenado sacerdote en 1990, siempre se mantuvo fiel a las mejores tradiciones de la Iglesia. Recién ordenado estuvo destinado como vicario de la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, en Algarrobo, donde desarrolló una fructífera labor, ayudando al entonces párroco, monseñor Jaime Fernández Sanfuentes (1923-2021). Por más de treinta años sirvió como párroco en diversas parroquias de la diócesis de Valparaíso. Fue también capellán del Estadio Español y del Colegio Saint Peter’s, ambos de Viña del Mar. Previamente y por muchos años tuvo a su cargo la capellanía del Colegio McKay de dicha ciudad.

Su funeral se llevará a efecto mañana martes 18 de agosto en el Cementerio Parque del Mar de Concón después de una Misa que se oficiará a las 13.00 horas en la Iglesia de los Padres Carmelitas de Viña del Mar (Av. Libertad 390, Viña del Mar) y que será presidida por S.E.R. Jorge Vega Velasco svd, Obispo de Valparaíso.

La Asociación Litúrgica Magnificat expresa sus condolencias a la diócesis de Valparaíso, su parroquia y feligreses, los establecimientos donde servía como capellán y su familia por la partida de este gran y muy apostólico sacerdote. Tuvimos la gracia de contar con su apoyo en las distintas actividades realizadas para promover la Santa Misa de siempre. De hecho, el sábado 8 de agosto, sólo una semana antes de su muerte, asistió desde el coro a la Santa Misa celebrada con ocasión de nuestro 60° aniversario. Dios lo tenga en su Reino y le dé el descanso eterno.

Réquiem ætérnam dona ei, Dómine: Et lux perpétua lúceat ei

Requiéscat in pace

Ámen”

Por Alejandro Víctor López Parra

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3 comentarios

  
Lector
Tengo la edad del sacerdote fallecido y he estado toda mi vida ligado al catolicismo y a la cultura; y me sorprende la naturalidad con la que se habla hoy de misas tridentinas entre estos jóvenes. A mi generación de bautizados se la mantuvo ajena y desconocedora de la liturgia tradicional y de la vida católica de siempre, imbuidos como estábamos de conceptos conciliares y de las formas de los sesenta y setenta. Y eso que éramos "La juventud del Papa". Hay algo de prodigioso en este despertar: la misa de siempre está resucitando sola, pues casi nadie ha dado un duro por ella. O a lo mejor no tan sola, sino con la única compañía necesaria...
23/08/26 9:37 AM
  
isasa
Totalmente de acuerdo la reflexión que ha hecho Lector
23/08/26 1:52 PM
  
Urbel
Curioso que este benemérito sacerdote fuese, según se cuenta en el artículo, el último confesor de Pinochet. A quien, como a Franco, el mundo nunca ha perdonado su victoria sobre el comunismo.
23/08/26 4:28 PM

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