Madre de familia denuncia la grave deriva de la educación sexual en escuelas católicas de Alemania

Varinia Arauco Vera, madre de familia peruana, residente en Alemania, nos cuenta de manera pormenorizada lo difícil que es educar a los hijos en la fe católica en el mencionado país. No solo denuncia la pésima educación estatal sino ante todo la degeneración de los colegios católicos, que enseñan cosas aberrantes a los niños, como consuencia de la gravísima heterodoxia doctrinal del Sínodo alemán.

¿En qué medida la educación estatal alemana es un peligro para la fe de los jóvenes?

Como madre de tres hijos, he conocido de cerca tanto la educación estatal como la educación católica en Alemania. Mi hijo mayor estudió en un colegio estatal y mis dos hijos menores asisten actualmente a un colegio católico. Esa experiencia me ha permitido comprobar que el mayor peligro para la fe no es un ataque frontal contra el cristianismo, sino una visión del mundo que relativiza la verdad y prescinde de Dios.

Uno de los aspectos que más me preocupó fue la enseñanza de la Religión. Aunque Alemania y Europa tienen profundas raíces cristianas, el cristianismo se presenta como una religión más entre muchas otras. Se estudia junto al islam, el judaísmo, el budismo y otras creencias, dando la impresión de que todas son igualmente válidas y que cada persona debe elegir la que más le convenza.

Cuando se explica el catolicismo, además, rara vez se presenta desde lo que la propia Iglesia enseña sobre sí misma. Apenas se habla de la sucesión apostólica desde san Pedro, del origen histórico de la Iglesia o de aquellos elementos que forman parte de su identidad. En cambio, sí se transmiten con frecuencia visiones parciales de su historia. Recuerdo que mi hijo llegó un día a casa diciéndome que Martín Lutero había abandonado la Iglesia porque los sacerdotes católicos perdonaban los pecados a cambio de dinero. Tuve que explicarle que el sacramento de la confesión nunca se compra ni se vende, que el perdón es un don gratuito de Dios y que esa afirmación no representa fielmente la doctrina católica. Del mismo modo, apenas se habla de la enorme aportación del cristianismo a Europa: del papel de los monasterios, de las universidades, de los hospitales, de la conservación de la cultura y de tantas obras de caridad. Muchas veces sentimos que debíamos completar en casa esa formación.

También me preocupa profundamente la educación afectivo-sexual. Desde edades tempranas los alumnos reciben información muy explícita sobre la sexualidad, los métodos anticonceptivos y las distintas formas de vivir la sexualidad. Sin embargo, apenas se habla del amor, del compromiso, del matrimonio, de la familia, de la responsabilidad o del valor de la vida humana. Se ofrece una visión principalmente biológica y técnica de la sexualidad, dejando de lado su dimensión humana, afectiva y moral.

A ello se añade la fuerte promoción de la ideología de género. A partir de los diez u once años, durante el Pride Month, el colegio organiza banderas, carteles, películas y otras actividades que, a mi juicio, tienen un claro carácter propagandístico, porque no se limitan a informar, sino que promueven una determinada visión de la identidad y de la sexualidad. Incluso se construyó un baño de género neutro y se ofrecían grupos LGTBQ+ entre las actividades extraescolares. Considero que un colegio debe formar el pensamiento crítico de sus alumnos, no convertirse en un espacio de difusión de una determinada agenda ideológica.

Otro aspecto preocupante es que muchas cuestiones morales se presentan únicamente desde una perspectiva legal o individual. Se habla del aborto como un derecho, de la sexualidad como una elección completamente privada o de la identidad como una decisión exclusivamente personal, pero apenas se invita a los alumnos a reflexionar sobre el valor de la vida, la responsabilidad o las consecuencias de sus decisiones. No se ofrece una orientación moral, sino que cada uno debe construir su propio criterio.

Como madre no me quedé callada. Hablé con profesores y con la dirección del colegio para expresar mi preocupación. La respuesta siempre fue la misma: esos contenidos formaban parte del currículo oficial de Hamburgo y el centro simplemente lo aplicaba. Comprendí entonces que no estaba ante decisiones aisladas, sino ante un modelo educativo ya establecido.

Por todo ello considero que el mayor peligro para la fe de los jóvenes no es que se les prohíba creer, sino que crezcan en un ambiente donde Dios desaparece del horizonte, todas las creencias parecen equivalentes y las cuestiones fundamentales de la vida se presentan sin una referencia moral objetiva. Cuando ese mensaje se transmite durante años por quienes los niños consideran una autoridad, muchos terminan cuestionando la fe que recibieron en sus familias. Eso fue precisamente lo que comenzó a suceder con nuestro hijo mayor. Poco a poco empezó a hacerse preguntas, a poner en duda aquello que había aprendido en la catequesis y en casa, hasta llegar a vivir una verdadera crisis de fe. Esa experiencia nos hizo comprender, como padres, hasta qué punto el ambiente educativo puede influir en la vida espiritual de un niño.

¿Cómo su hijo mayor estuvo a punto de perder la fe?

Lo que describí en la respuesta anterior no fue solo una preocupación teórica. Poco a poco comenzó a reflejarse en la vida de nuestro hijo mayor.

Después de hacer la Primera Comunión, fue creciendo en un ambiente donde la fe se presentaba como una opción más entre muchas otras. Con el paso de los años empezó a cuestionar aquello que había aprendido en casa y en la catequesis, hasta el punto de dejar de practicar su fe.

Uno de los momentos que más lo marcó ocurrió durante una clase en la que la profesora presentó el aborto como un derecho. Mi hijo intervino diciendo que el aborto era un pecado muy grave ante Dios porque supone quitar la vida a un niño en el vientre de su madre. Entonces la profesora le preguntó delante de toda la clase: «¿Tú eres católico?». Él respondió que sí y, a partir de ese momento, se sintió señalado delante de sus compañeros. Para un adolescente fue un golpe muy fuerte. Desde entonces comenzó a ocultar su fe: le daba vergüenza manifestarla públicamente, dejó de ir a misa y evitaba hablar de sus creencias.

Yo soy católica y mi esposo pertenece a la Iglesia Evangélica Luterana, aunque no es practicante. Nuestros hijos fueron educados en la fe católica, pero toda esa influencia fue debilitando poco a poco la fe de nuestro hijo. Llegó un momento en que nos dijo que no quería recibir el sacramento de la Confirmación porque ya no estaba seguro de creer.

Como madre sufrí mucho. Comprendí que insistir con argumentos ya no iba a cambiar su corazón, así que hice lo único que podía hacer: ponerlo en las manos de Dios. Fue entonces cuando conocí la vida del entonces beato Carlo Acutis. Su testimonio me conmovió profundamente y comencé a pedir cada día su intercesión por mi hijo, confiando en que lo acercaría nuevamente a Cristo.

Pocos meses después, mis oraciones fueron escuchadas y el Señor abrió los caminos para que mi hijo pudiera estudiar durante un año en un internado católico de Regnum Christi, en Irlanda. Para nuestra familia fue un verdadero milagro que tanto mi esposo como mi hijo aceptaran esa posibilidad. Estoy convencida de que esa puerta la abrió Dios por intercesión del entonces beato Carlo Acutis, a quien hoy la Iglesia venera como san Carlo Acutis.

Ese año marcó un antes y un después. Por primera vez convivió con jóvenes de su misma edad que vivían la fe con naturalidad. Participaban en la Santa Misa, recibían una sólida formación humana y espiritual, aprendían a vivir las virtudes y podían hablar de Dios sin miedo ni vergüenza. Allí también recibió el sacramento de la Confirmación junto con sus compañeros, dentro del proceso formativo del colegio.

Hoy mi hijo sigue siendo un joven, con las preguntas y luchas propias de su edad. No puedo decir que el camino ya haya terminado. Sin embargo, ese año dejó una huella profunda en su corazón. Haber vivido en un colegio auténticamente católico le permitió descubrir que existe otra realidad y le dio una base mucho más sólida para discernir su camino y afrontar los desafíos de su vida. Como madre sigo rezando para que algún día pueda entregar un «sí» pleno al Señor, pero tengo la paz de saber que Dios ya sembró una semilla en su corazón. Confío en que, a su debido tiempo, esa semilla dará el fruto que Él tiene preparado, por la gracia de Dios y la intercesión de san Carlo Acutis.

Después de la experiencia con su hijo mayor, decidieron matricular a sus otros hijos en un colegio católico. ¿Qué ocurrió entonces?

Después de todo lo que vivimos con nuestro hijo mayor, pensé que había encontrado un lugar seguro para mis otros dos hijos. Por eso decidimos matricularlos en un colegio católico del Arzobispado de Hamburgo. Como madre católica, deseaba que crecieran en un ambiente donde la fe no tuviera que defenderse constantemente, sino que pudiera vivirse con naturalidad.

En 2025, mi segundo hijo cursaba segundo grado y el pequeño estaba en el pre-primer grado. Durante un tiempo sentí que, por fin, habíamos encontrado el lugar adecuado.

Pero en junio de ese mismo año nuestra pesadilla volvió a comenzar. El colegio nunca nos informo ni durante el proceso de matrícula del nuevo año escolar ni en ninguna reunión de padres de familia que se había elaborado un nuevo Marco conceptual para la Educación Sexual ( “Sexualle Bildung” en alemán) en las escuelas católicas de la Archidiócesis de Hamburgo, bajo el título: «Masculino, femenino, diverso» y que sería implementado el próximo año escolar 2026 a partir de la primera clase de primaria. Me enteré de este nuevo concepto marco gracias a una amiga que me envió el enlace de la página web del Arzobispado de Hamburgo.

Recuerdo perfectamente el momento en que abrí aquel documento. Las primeras líneas ya me produjeron una profunda inquietud. En ellas se afirmaba que para las escuelas católicas ya no bastaba con la tolerancia, sino que debía promoverse activamente la aceptación de la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género así como también los diversos estilos de vida, Esto fue para mí como recibir un balde de agua fría.

Durante una semana apenas pude dormir. Lloré mucho. Me sentía completamente devastada y traicionada. Nunca imaginé que precisamente en un colegio católico encontraría algo que me recordaba aquello de lo que había intentado proteger a mis hijos.

Conforme avanzaba en la lectura comprendí que este marco pedagógico de la llamada “Sexualle Bildung” ( termino que no existe en español ya que es una terminología made in Germany ya que no tiene nada que ver con la educación sexual como la conocemos en hispanoamerica) tenía el propósito de incorporar de forma transversal en toda la vida escolar la visibilidad el reconocimiento y la aceptación de las diversas orientaciones sexuales e identidades de género, implicando no solo las clases, sino también la cultura escolar, la pastoral, en todos los materiales educativos.

En resumen, este marco conceptual contradice la enseñanza bíblico-católica sobre el hombre y la mujer, el matrimonio y la familia. Es en gran parte marcadamente ideológico y propagandístico ya que promueve la agenda LGBTIQ+ ya que según la documentación que estudiamos, durante su elaboración y en la formación del profesorado participaron organizaciones y especialistas afines a esa perspectiva.

Mientras leía aquellas páginas, no dejaba de pensar en mi hijo mayor. Recordaba todas las conversaciones que habíamos tenido cuando volvía del colegio estatal con dudas sobre la fe. Entonces yo podía decirle: «Ellos no conocen la plenitud de la fe; recemos por ellos.» Aquello me daba paz, porque sabía que la confusión venía de fuera de la Iglesia. Pero mientras seguía leyendo este marco conceptual, una pregunta empezó a resonar una y otra vez en mi corazón: ¿qué les responderé a mis hijos cuando estas mismas ideas se las enseñen en un colegio católico? Esa pregunta me destrozó.

Sentí que la pesadilla que habíamos vivido con nuestro hijo mayor estaba regresando, pero esta vez dentro del lugar donde precisamente habíamos buscado refugio. Movida por esa inquietud, decidí estudiar el documento con detenimiento.

Muy pronto comprendí que no era una iniciativa aislada del Arzobispado de Hamburgo. Junto con otros padres comenzamos a investigar su origen y reconstruimos la cronología de todo este proceso. Poco a poco descubrimos que este marco conceptual era solo la punta del iceberg.

Nuestra investigación nos llevó hasta el Camino Sinodal alemán. En septiembre de 2022 se presentó el texto «Vivir en relaciones logradas. Líneas fundamentales de una ética sexual renovada». Allí se proponía una profunda revisión de la moral sexual católica: una nueva valoración de la homosexualidad, afirmando expresamente que las relaciones homosexuales vividas «no son un pecado que separa de Dios y no deben considerarse intrínsecamente malas»; una nueva comprensión de la identidad sexual que incluía las identidades no binarias; y una ética relacional en la que el criterio principal dejaba de ser la conformidad con la enseñanza moral de la Iglesia para centrarse en la calidad de las relaciones humanas.

Es decir en otras palabras que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo ya no deben considerarse pecaminosas por sí mismas. Lo decisivo para juzgar su moralidad no es el tipo de acto sexual, sino si la relación es respetuosa, responsable y acorde con la dignidad de la otra persona. Ese texto no alcanzó la mayoría necesaria de dos tercios de los obispos para ser aprobado.

Sin embargo, al continuar estudiando la documentación vimos que el proceso no terminó allí. Al no quedar conformes los que impulsaban las reformas del Camino Sinodal decidieron imponerlas por la vía pastoral y pedagógica.

En abril de 2025 se publicó una guía pastoral para la bendición liturgica de parejas que se aman, incluidas las parejas del mismo sexo y vueltas a casar. Según la documentación que analizamos, esa guía fue publicada dos días después del fallecimiento del papa Francisco y, posteriormente, salió a la luz la correspondencia del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que mostraba que ya en 2024 se habían planteado objeciones a ese texto.

Aun así, el proyecto siguió adelante, dando lugar después a un desacuerdo público entre Roma y sus promotores. Tanto así que el Santo Padre hizo pública este año la carta del 2024.

Poco después apareció el documento de la Conferencia Episcopal Alemana «Creados, redimidos y amados. Visibilidad y reconocimiento de la diversidad de las identidades sexuales en la escuela», destinado a orientar las escuelas católicas. Durante nuestra investigación descubrimos que inicialmente ese documento había sido rechazado por el Consejo Permanente de los obispos para ser revisado.

Sin embargo, según la documentación que estudiamos, terminó publicándose como documento de la Comisión de Educación sin volver a ser sometido a la aprobación del Consejo Permanente.

Fue entonces cuando comprendí que el marco conceptual de Hamburgo fue el producto de una estrategia sutil de cambiar la sexual moral de la iglesia Aqui en Alemania y que desde su nacimiento este ya estaba marcado con la desobediencia, la mentira y el autoritarismo. Para mí representaba la aplicación concreta, en el ámbito escolar, de un proceso que llevaba varios años desarrollándose. Pero, cuanto más profundizábamos en nuestra investigación, más comprendíamos que todavía no habíamos llegado al verdadero núcleo del problema.

Descubrimos que todo el Marco Conceptual se apoyaba explícitamente en un modelo pedagógico concreto: la llamada “Sexuelle Bildung”, desarrollada por el pedagogo conocido como el padre de la pedagogia de la diversidad Uwe Sielert. Fue entonces cuando comprendimos que la cuestión iba mucho más allá de un debate sobre la homosexualidad o la identidad de género. Al estudiar los fundamentos de esa corriente pedagógica llegamos a la convicción de que promovía una comprensión de la sexualidad que, desde nuestra perspectiva, favorecía una sexualización temprana de los niños y desdibujaba los límites de su intimidad y de su pudor. Ese fue el momento en que comprendimos que el verdadero problema apenas comenzaba.

Usted afirma que el verdadero problema no era únicamente el Marco Conceptual de Hamburgo, sino la llamada Sexuelle Bildung. ¿Qué es exactamente y por qué la considera tan peligrosa?

Cuando comenzamos a investigar los fundamentos del Marco Conceptual de Hamburgo descubrimos que todo el documento se apoyaba explícitamente en una corriente pedagógica concreta llamada Sexuelle Bildung. Hasta ese momento pensábamos que se trataba simplemente de educación sexual en el sentido habitual del término.

Sin embargo, en realidad, detrás de este término se oculta, en muchos contextos —como ocurre en el documento de Hamburgo—, un concepto concreto de pedagogía sexual que se diferencia claramente de otros enfoques de educación sexual. Este concepto se basa esencialmente en la definición propuesta por Karlheinz Valtl y está vinculado al enfoque del pedagogo sexual Uwe Sielert, a quien el documento de Hamburgo menciona expresamente como referente de la «Educación Sexual».

Uwe Sielert fue discípulo de Hans Kentler, un conocido sexólogo vinculado a la pedagogía reformista de las décadas de 1970 y 1980, famoso y muy valorado por su «pedagogía sexual emancipadora», y que recientemente fue señalado como autor de abusos y como la figura principal de una red pedófila que existía con el consentimiento del Senado de Berlín. Su pedagogía sexual, que según los autores favorecía los abusos, continúa en sus elementos esenciales dentro del concepto de Educación Sexual promovido por Sielert, conocido en su caso también como «Pedagogía Sexual de la Diversidad». Como padres, conocer esa genealogía intelectual nos produjo una enorme preocupación.

Según esta corriente, el ser humano es un ser sexual desde el nacimiento y el concepto central es el de la autodeterminación sexual del niño. Esta perspectiva sobre la supuesta sexualidad infantil se remonta al propio Kentler. En consecuencia, se sugiere que incluso los niños pequeños serían capaces de tomar decisiones prácticamente autónomas en el ámbito de la sexualidad (lo que, según los autores, es utilizado por quienes cometen abusos cuando afirman que los niños no opusieron resistencia).

El niño deja de ser considerado simplemente un menor que debe ser protegido y educado por sus padres para convertirse en un sujeto sexual autónomo, capaz de desarrollar desde muy temprano su propia identidad y su propia orientación sexual.

Al profundizar en sus fundamentos descubrimos además que este modelo entiende que el desarrollo de esa identidad sexual no debe esperar a la madurez del niño. Por el contrario, sostiene que las experiencias corporales, la exploración sensorial y determinadas vivencias relacionadas con la sexualidad contribuyen precisamente a la formación de esa identidad.

Es decir, no se espera a que exista una madurez afectiva para hablar de sexualidad, sino que se considera que esas experiencias ayudan a construirla desde la infancia. Incluso se contempla que los adultos acompañen pedagógicamente ese proceso. De este modo, se difuminan los límites con la sexualidad adulta y podrían llegar a producirse actos sexuales entre adultos y niños.

Pero hubo otro aspecto que nos pareció todavía más preocupante. El propio modelo de Sexuelle Bildung afirma que este enfoque contribuye a la prevención del abuso sexual infantil. Sin embargo, nosotros llegamos a una conclusión completamente distinta.

Creemos que la protección de los niños frente al abuso y la educación sexual son dos cuestiones diferentes que nunca deberían confundirse. La prevención del abuso consiste en enseñar a los niños a reconocer situaciones de riesgo, a proteger su intimidad, a poner límites claros y a acudir a adultos de confianza cuando alguien vulnera esos límites.

En cambio, la Sexuelle Bildung propone un enfoque que, a nuestro juicio, desplaza el énfasis hacia la autodeterminación sexual del menor y hacia una exposición cada vez más temprana a contenidos y experiencias relacionados con la sexualidad. El propio documento vincula ambos aspectos, pero nosotros consideramos que esa relación no está justificada y que mezclar la protección frente al abuso con un modelo de sexualización temprana constituye un grave error pedagógico.

Como madre, llegué a una conclusión muy clara. Un modelo educativo que parte de la idea de que el niño debe descubrir y desarrollar activamente su sexualidad desde los primeros años de vida no debería aplicarse en ninguna escuela. Y si eso ya me parecería preocupante en un centro secular, resulta aún más incomprensible que se quiera implantar precisamente en un colegio católico. Para mí, la misión de una escuela católica no es introducir a los niños en una determinada ideología sobre la sexualidad, sino ayudarles a crecer en la verdad, en la inocencia, en el respeto a su dignidad y en una auténtica protección de su infancia.

Cuando comprendieron el alcance de este Marco Conceptual, ¿cómo reaccionaron los padres y qué hicieron para intentar impedir su implementación?

Lo primero que hicimos fue organizarnos entre los padres que nos conocíamos en el colegio de nuestros hijos. La mayoría éramos familias inmigrantes, procedentes de países de profunda tradición católica, especialmente de Hispanoamérica, junto con familias polacas, portuguesas y rusas, así como miembros de la Iglesia ortodoxa y de otras confesiones cristianas. Cuando empecé a compartir con ellos el contenido de este documento, muchos se quedaron tan sorprendidos como yo, porque tampoco sabían que existía ni que iba a implementarse en las escuelas católicas. Todos habíamos elegido conscientemente una escuela católica porque queríamos que nuestros hijos fueran educados conforme a la fe y a la visión cristiana del ser humano. En ese momento comprendimos que no podíamos permanecer en silencio.

Cinco padres decidimos comenzar una recogida de firmas a la salida del colegio. En pocos días conseguimos el respaldo de 85 familias. Con esas firmas enviamos una carta al director de nuestro colegio, al Dr. Christopher Haep y al arzobispo Stefan Heße, solicitando que se suspendiera la implementación del Marco Conceptual y que se abriera un verdadero diálogo con las familias.

Pronto descubrimos que nuestra preocupación no era exclusiva de nuestro colegio. Padres de otras escuelas comenzaron a ponerse en contacto con nosotros y decidí crear un grupo de WhatsApp para comunicarnos, compartir la información que íbamos investigando y apoyarnos mutuamente. Lo que comenzó como la inquietud de unas pocas familias terminó convirtiéndose en el Elternnetzwerk Kinderschutz & Prävention, una red que hoy reúne a padres de distintas escuelas y diócesis de Alemania afectados también por las consecuencias del documento de la Conferencia Episcopal Alemana «Creados, redimidos y amados. Visibilidad y reconocimiento de la diversidad de las identidades sexuales en la escuela».

Desde el principio nuestro propósito nunca fue enfrentarnos a la Iglesia. Lo único que pedíamos era poder dialogar y recibir respuestas. Nuestra sorpresa fue aún mayor cuando, en lugar de responder a nuestras preguntas, comenzó una descalificación pública de quienes las formulábamos. Poco después de que empezáramos a organizarnos, el Dr. Christopher Haep envió un correo electrónico a todos los consejos de padres de las escuelas católicas en el que me calificó de «fundamentalista» y me atribuyó «etiquetas difamatorias». Aquello fue muy doloroso porque sentimos que, en lugar de dialogar con nosotros, se intentaba desacreditar a quienes manifestábamos una preocupación legítima. En la reunión que posteriormente mantuvimos con él le expresé personalmente el daño que esas descalificaciones habían causado. Hasta el día de hoy no se ha retractado ni ha pedido disculpas.

A pesar de ello, nunca dejamos de buscar el diálogo. Después de varios meses de espera, en diciembre de 2025 fuimos recibidos por el arzobispo Stefan Heße y por el Dr. Christopher Haep. Les presentamos un amplio documento de posición, fruto de meses de investigación, en el que exponíamos, desde la teología, la pedagogía, la ciencia y la antropología cristiana, las razones por las que considerábamos incompatible este Marco Conceptual con la enseñanza moral de la Iglesia. Les preguntamos por qué había sido construido sobre la pedagogía sexual de la diversidad de Uwe Sielert, introduciendo una comprensión de la sexualidad y de la identidad distinta de la enseñanza constante de la Iglesia. También solicitamos que se elaborara un nuevo documento fundamentado en la antropología cristiana y en la moral católica. Escucharon atentamente nuestros planteamientos, pero no respondieron a nuestras preguntas.

En una segunda reunión, celebrada en febrero de este año y en la que ya solo participó el Dr. Haep, se nos comunicó que el proceso continuaría porque respondía al documento «Geschaffen, erlöst und geliebt» de la Conferencia Episcopal Alemana y que este contaba con el respaldo de la mayoría de los obispos alemanes. Le respondimos que, según la investigación que habíamos realizado, ese documento nunca fue sometido a la aprobación del pleno de los obispos y que varios prelados habían expresado públicamente sus reservas, entre ellos el obispo Stefan Oster, quien manifestó que el texto no había sido aprobado en su nombre.

Solicitamos entonces que se elaborara un nuevo Marco Conceptual desligado de ese documento y de la pedagogía sexual de Uwe Sielert. El Dr. Haep respondió que se estudiaría retirar el nombre de Uwe Sielert de la bibliografía. Le contestamos que esa no era nuestra preocupación. El problema no era una referencia bibliográfica, sino que toda la concepción pedagógica del documento estaba construida sobre los principios del Sexuelle Bildung. Por eso pedíamos un nuevo concepto de educación sexual para las escuelas católicas de Hamburgo, no una simple modificación formal.

Aquel fue nuestro último encuentro con los responsables del Arzobispado. Desde entonces no hemos recibido respuesta a nuestras cartas ni se ha reanudado el diálogo. Con el paso del tiempo, nuestras preguntas dejaron incluso de recibir respuesta, no solo por parte del Arzobispado, sino también desde algunos centros escolares. Esto nos preocupó especialmente porque, según juristas especializados en derecho administrativo, el § 20, apartado 3, de la Ley Escolar Diocesana del Arzobispado de Hamburgo establece que los padres deben ser informados previamente sobre los objetivos, el contenido, la forma de impartición de la educación sexual y los materiales didácticos que se utilizarán. Desde nuestro punto de vista, precisamente ese diálogo previo y esa información nunca tuvieron lugar, a pesar de tratarse de un derecho reconocido por la propia normativa de la archidiócesis.

Al comprobar que todas las vías de diálogo dentro de la archidiócesis estaban agotadas, enviamos una nueva carta al arzobispo Heße y también escribimos a la Comisión para la Educación y la Escuela de la Conferencia Episcopal Alemana y al obispo Heiner Wilmer, solicitando explicaciones y pidiendo poder sentarnos a dialogar. Hasta hoy no hemos recibido respuesta.

Por ello solicitamos una reunión con el Nuncio Apostólico en Alemania, quien nos recibió personalmente en Berlín. Le entregamos una carta dirigida al Santo Padre, acompañada de nuestro documento de posición, las firmas originales de casi cien padres y copia para los dicasterios competentes de la Santa Sede. El Nuncio nos aseguró que haría llegar personalmente toda la documentación a Roma.

Toda esta experiencia nos llevó también a comprender algo más profundo. El problema no era únicamente la falta de respuestas, sino que el propio Marco Conceptual hacía muy difícil un diálogo auténtico. En nuestra opinión, el documento presenta la prevención de los abusos, la educación sexual y la lucha contra la discriminación como una única realidad inseparable. De ese modo, cuando un padre cuestiona determinados contenidos, fácilmente puede ser visto como alguien contrario a la protección de los niños o como una persona discriminadora. Nosotros nunca hemos estado en contra de la protección de la infancia ni del respeto debido a toda persona. Precisamente por eso creemos que debe existir un debate abierto sobre la educación que reciben nuestros hijos. Sin embargo, desde nuestra experiencia, esta manera de plantear el Marco Conceptual ha creado un sistema prácticamente cerrado, en el que directores, profesores y responsables educativos ya han sido formados dentro de ese mismo esquema, haciendo muy difícil un verdadero diálogo con las familias.

Mientras tanto, nuestra red ha seguido creciendo y hoy reúne a más de doscientas personas, entre ellas padres, docentes, médicos, juristas, periodistas, teólogos y otros profesionales comprometidos con la protección de la infancia y la educación. Con el paso de los meses comprendimos que no se trataba únicamente de un problema de nuestro colegio ni siquiera de la archidiócesis de Hamburgo. Cada vez más familias y profesionales comenzaron a ponerse en contacto con nosotros porque reconocían preocupaciones similares en otros lugares. Poco a poco comprendimos que estábamos ante una realidad mucho más amplia.

Solo cuando comprobamos que todas las vías internas de diálogo permanecían cerradas decidimos acudir a la opinión pública. No fue una decisión fácil, porque amamos profundamente a nuestra Iglesia. Precisamente por ese amor creemos que la verdad debe salir a la luz. No buscamos confrontación ni división; buscamos proteger la identidad de la escuela católica y el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a su fe.

Al final, lo que está en juego no es un debate ideológico. Lo que está en juego son nuestros hijos: su inocencia, su fe y sus almas. Como padres, elegimos una escuela católica porque esperábamos que allí encontraran un lugar donde Cristo fuera el centro de su formación. Por eso seguimos hablando. No por enfrentarnos a la Iglesia, sino porque la amamos y creemos que nuestros hijos merecen recibir una educación auténticamente católica.

Después de todo este camino, ¿qué esperan ahora? ¿Qué mensaje les gustaría dejar a la Iglesia y a quienes lean esta entrevista?

Nuestra única esperanza está puesta en el Santo Padre. Confiamos en que escuche el clamor de muchas familias católicas de la arquidiócesis de Hamburgo que hoy, con profundo dolor, nos vemos obligadas a luchar dentro de nuestras propias escuelas católicas para proteger la fe y la pureza de nuestros hijos. Nuestro mayor anhelo no es otro que ayudarles a nuestros hijos a alcanzar la santidad y, si Dios lo concede, llegar un día todos juntos al Cielo.

Santo Padre usted es el único que puede detener la implementación de este Marco Conceptual del “Sexualle Bildungen” en nuestros colegios católicos de Hamburgo. Por eso acudimos a usted con la confianza de hijos que llaman a su padre cuando sienten que ya no tienen otro lugar al que acudir. Le suplicamos que nos ayude a proteger a nuestros hijos y la identidad de nuestras escuelas católicas. No permita que nuestros hijos pierdan la fe en sus propios colegios católicos.

En su reciente encíclica Magnifica Humanitas, usted nos ha recordado el derecho primario de los padres a educar a sus hijos, la misión irrenunciable de la familia y la necesidad de que la escuela sea una verdadera aliada de los padres en esa misión. Sus palabras nos han dado esperanza y nos animan a seguir defendiendo una educación auténticamente católica para nuestros hijos.

También quiero dirigirme, con profundo respeto, a todos los obispos y a todas las personas que están impulsando el Camino Sinodal en Alemania.

Por el amor de Dios, les pido que recapaciten. Esto ya no es una cuestión de poder. No es una cuestión de ideologías. No es una cuestión de progresistas o conservadores, de derechas o de izquierdas. Aquí lo que está en juego es el alma de nuestros hijos, que es el tesoro más preciado que Dios nos ha confiado a nosotros como padres y que ustedes, como pastores de la Iglesia, están llamados a ayudar a conducir hacia Cristo.

No puede ser que las almas de nuestros hijos se conviertan en el lugar donde se resuelvan los debates que hoy atraviesa la Iglesia.

Como creyentes, sabemos que nada sucede sin que nuestro Padre del Cielo lo permita. Y si hoy esta situación ha llegado hasta nuestras escuelas católicas, si hoy se quiere implementar este Marco Conceptual, que contradice la doctrina que nos dejos nuestro señor Jesucristo para que sea esta custodiada por su iglesia, creemos que Dios puede sacar un bien incluso de este dolor. Rezo para que este sea un verdadero punto de inflexión. Que sea la oportunidad de dejar atrás todo aquello que nos divide y volver a encontrarnos en Cristo, que es la Verdad y volver a ser, como escribió san Agustín, In Illo uno unum: «En el Único, somos uno».

Este es mi deseo para la Iglesia católica especialmente en Alemania: que volvamos a descubrir que nuestra unidad no nace de ideologías, de proyectos humanos o de mayorías, sino únicamente de Cristo. Porque solo en Él somos verdaderamente uno.

Quisiera hacer también un llamamiento a todos los obispos y cardenales del mundo. Les pido, como hermanos en la fe, que acompañen fraternalmente a los obispos de Alemania, que recen por ellos y que los animen, con la caridad propia de los pastores, a buscar juntos un camino de auténtica comunión. La corrección fraterna, vivida con humildad y caridad, también es una expresión del amor a la Iglesia.

Y quisiera dirigirme finalmente a todos los fieles de la Iglesia universal.

San Pablo nos enseñó que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Si un miembro sufre, todo el Cuerpo sufre con él. Si un niño en una escuela católica de Hamburgo pierde su inocencia, su fe o su confianza en la Iglesia, ese dolor nos pertenece a todos, porque todos formamos un solo Cuerpo en Cristo.

Por eso les pedimos humildemente que nos ayuden. Nuestra voz ha llegado hasta donde humanamente hemos podido hacerla llegar. Ahora necesitamos la ayuda de toda la Iglesia Universal.

Hemos preparado una iniciativa para escribir respetuosamente al Santo Padre. En el siguiente enlace encontrarán una carta modelo, disponible en varios idiomas, junto con una hoja de instrucciones. Solo tendrán que descargarla, escribir su nombre, firmarla y enviarla a la Nunciatura Apostólica de su propio país. De ese modo, su voz se unirá a la de muchas otras familias y llegará filialmente al Santo Padre.

Les invito, de todo corazón, a unirse a esta iniciativa. Cada carta será una expresión de amor a la Iglesia, de comunión con el Santo Padre y de compromiso con la protección de nuestros niños. Con la ayuda de toda la Iglesia, esperamos que esta súplica filial llegue hasta el corazón del Santo Padre porque esta súplica nace únicamente del amor que tenemos por nuestros hijos y de nuestro deseo de permanecer siempre fieles a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Link para descarga de la carta al Santo Padre

https://drive.google.com/drive/u/0/folders/1s2pQ31TZdaLBeSFblQHED_4k3Zm5xWq_


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Por Javier Navascués

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