Águeda García Martín: “No me importaría morir mañana para poder estar en los brazos de Jesús”

La responsable de la Capilla de Adoración Perpetua de Zamora da su testimonio de enamoramiento de Cristo

Antes de hablar de la nueva capilla de Zamora les animo a escuchar su testimonio, prueba fehaciente de que Jesús, realmente presente en la Eucaristía, está vivo y transforma las almas.

¿Es usted creyente desde niña?

Sí, siempre he creído en Dios, de hecho, recuerdo que cuando era pequeña, rezaba a menudo a escondidas por las noches, Le hablaba, pues tenía la certeza de que me escuchaba y de que probablemente era el único que lo hacía.

¿Siguió un tiempo rezando a escondidas?

Sí, y nunca se lo conté a nadie, porque me crie en una familia muy atea, donde no solo no se puede creer en Dios, sino tampoco hablar de Él. Siempre sentí una gran sensación de soledad, pues me crie alejada de mi madre que huyó de Zamora cuando yo tenía 5 años y rehízo su vida, una vida donde yo no tuve nunca espacio, lo que marcó profundamente mi infancia y posteriormente mi vida adulta. Era un entorno muy liberal totalmente apartado de la religión, la Iglesia, de la fe cristiana y los valores que ella conlleva. Todo ello me hacía pensar que Dios sí me escuchaba y de algún modo, me sentía menos sola.

Siempre digo que me bautizaron “de milagro”, pues cuando era aún un bebé, estuve muy malita, con unas fiebres muy altas y el miedo a que me pudiese pasar algo, hizo que una pequeña parte de mi familia materna (bisabuela, tío y primo), bajase a la parroquia a buscar al sacerdote y éste fuese a bautizarme a casa. Un joven sacerdote que años más tarde, se convirtió en el Obispo de León, y con el que el Señor quiso que el pasado año, volviese a reencontrarme de una bonita manera.

No hice la comunión, era algo que ni se planteaba en la familia, mi abuela materna debió preguntarme, pero por entonces me habían hecho creer que aquello era una estupidez, y así lo verbalizaba yo entre mis amigas intentando convencerme de ello (aunque he de reconocer, que en el fondo sí me hubiese gustado). Aquello debió de dejar una pequeña herida en mi interior, pues siendo ya adolescente, un día me dio por entrar en una parroquia cercana a casa y ´probar` una de aquellas sagradas formas…

¿Cuál fue el punto de inflexión de su conversión, ya de mayor y de madre?

Fue a raíz de un viaje ya de adulta, y aunque aún no era madre, mi niña viaja ya en mi corazón…

El único contacto con la iglesia que tuve desde mi nacimiento, fue la pertenencia a la cofradía de águedas del barrio de San Lázaro. Cada año me ponían mi traje regional y me llevaban a la procesión que se hacía con la santa por las calles cercanas a la iglesia, celebración que mi familia, a su manera, sí respetaba.

Fue precisamente uno de los sacerdotes de aquella parroquia, el que nos contaba una y otra vez la vida de la Santa, que año tras año, fue calando hondamente en mí y algo en las hermanas de cofradía, pues nos picó la curiosidad por conocer Catania, la ciudad de Sant’ Agata (Santa Águeda) y en el año 2006, viajamos por vez primera allí. Ese viaje marcó mi vida profundamente. Recuerdo llegar a la ciudad en autobús y al bajar, nada más poner el primer pie en suelo catanes, algo se encendió dentro de mí… rompí a llorar desconsoladamente, pero fue un llanto de alegría inmensa… desde ese momento, comenzó el que yo llamo mi “caminito de fe”.

El sueño de mi vida desde bien niña, fue salir de aquella casa y estilo de vida en el que me crie, tener mi propia casita y formar una familia. Soñaba con tener una niña y entre los nombres que barajaba para ella estaba el de Lucía (aunque era el más común por aquel entonces), pero cuando estando en Catania, conocí la bonita relación que hay entre las dos santas sicilianas, Ágata (Águeda) y Lucía (aunque no coincidieron en el tiempo) tuve claro que mi niña llevaría el nombre de la santa de Siracusa.

Dos años más tarde, nació mi hija y a los pocos meses fue bautizada, esto era algo que yo tenía claro, jamás lo dudé, pero sabía que las críticas y oposición en mi familia no faltarían, aun así, acudieron a la celebración, aunque no todos entraron en el templo.

Unos años más tarde, cuando llegaba la hora de que las niñas comenzasen su catequesis para la comunión, mi hija dijo que ella quería hacerla, y yo le dije que debía entender primero lo que eso significaba realmente, que no se trataba de fiestas y vestiditos, sino de algo mucho más grande. Que esperase un poco para poder entender y discernir si realmente quería dar ese paso o no. He de confesar que yo estaba convencida de que elegiría el ´sí, pero quería que fuese elección suya. A mí se me había criado y convencido del ‘no’, sin opción, y quería que ella fuese libre para decidir. Optó por el sí (por fortuna) y aunque empezó más tarde la catequesis, lo hizo realmente entusiasmada. Desde ese momento, cada domingo la acompañaba a misa, y allí, en San Vicente, nuestra parroquia, donde fue bautizada, domingo a domingo, Eucaristía tras Eucaristía, el Señor se comenzó a hacer presente cada día más. Yo me encontraba allí más a gusto que en mi propia casa, no había domingo que no rompiese a llorar dentro del templo: era una mezcla de emoción, pena y qué se yo… se suponía que me encontraba en el mejor momento de mi vida, que lo tenía todo: el que creía un buen compañero de vida, una bonita casa, un trabajo que me encantaba, buenos amigos y a mi niña soñada, pero… algo faltaba…

Cuando veía salir a la gente a comulgar, yo me quedaba triste, me emocionaba verlos, hasta que un día me di cuenta de que yo también quería participar de aquello, y me dije: este es el camino que quiero tomar, el camino hacia Él… y un buen día saliendo de misa pregunté a la catequista qué tenía que hacer yo para comulgar. Esa misma semana, comencé mi catequesis particular con el sacerdote de la parroquia, D. Narciso, el que desde entonces se convirtió en mi maestro, confesor, consejero, hermano y amigo, pasando a ser una de las personas más importantes de mi vida y al cual le estaré eternamente agradecida por aquella acogida sin condición, sin peros, con profundo respeto. Fue abrirme la puerta al TODO…

Unos meses después, me confirmé y comulgué (en este orden), días después de celebrar la comunión de mi hija, quien vivió conmigo aquel momento inmensamente emocionada. A mi familia no le había contado nada, tenía miedo de hacerlo por su reacción. Cuando mi hija le contó a mi padre que ella iba a comulgar, la respuesta de él fue: “no me darás ese disgusto”… yo aproveché un día que quedé con mi padre para tomar un café, y darle la noticia de mi comunión entre dientes. La reacción fue dolorosa y tuve que cambiar enseguida de tema. Yo no estaba dispuesta a que nadie me amargase esos momentos tan bonitos que estaba viviendo, porque además, durante todo el tiempo que duró mi catequesis y a medida que el día de mi comunión se iba acercando, el Señor se iba haciendo presente de unas maneras muy especiales (como alguien me dijo una vez: con sus guiños) ¡y qué guiños…!

Eran cosas tan emocionantes que solo me atrevía a compartirlas con mi sacerdote, que asistía maravillado a todo lo que me iba sucediendo. Yo con esas confesiones, buscaba también que él me ayudase a discernir lo que realmente pasaba, pues tenía, y a día de hoy me sigue pasando, miedo de confundir mis miedos y carencias, con mi espiritualidad, por eso, el acompañamiento de D. Narciso, ha sido clave en este camino de fe. Él dice a menudo, que todo esto a él también le ayuda, lo cual, me reconforta y anima también a seguir no solo en ese caminito de fe, sino también a compartir todas esas vivencias, con este hombre que Dios tuvo la gracia de poner en mi camino.

¿Cómo me cambió el encuentro con Cristo?

Pues enormemente, como acabo de narrar. Yo al Señor le llamo “mi alfarero”, porque desde aquel entonces, poquito a poco, me ha ido moldeando a su antojo…¡y qué antojo!

Después de aquel maravilloso año, mi vida empezó a cambiar; a medida que mi fe iba creciendo, por otro lado, todo cuanto tenía se iba desmoronando… y comencé a perder todo, TODO, hasta tocar fondo… y lo toqué, pero fue como cuando caes a una piscina y te golpeas con el suelo, luego sales a la superficie rápido y con más fuerza. Así fue, porque el Señor estaba a mi lado y tenía la certeza de que de Su mano, todo sería posible. Cuantas más piedras me ponía en el camino, más Le amaba. A veces, furiosa por ir sumando pérdidas y problemas en mi vida, le decía: “¿otra más? ¿otra?… rétame cuanto quieras, que no cesaré en mi empeño de seguirTe, no dejaré de amarte”…Y así fue, hasta ponerLo por completo en el centro de mi vida y de mi corazón y desde ahí, dejarlo que actué. Me entregué y confié, porque además no deja de hablarme, de hacerse presente, de obsequiarme con esos ‘guiños’ que tanto me gustan… y así me tiene, enamoradita perdida…

¿Es más feliz ahora y su vida es más plena?

Pues no sabría decir… he perdido mucho, pero ¡he ganado tanto! Me ha cambiado de tal manera que no puedo volver la vista atrás sin entristecerme por no haberlo salido a buscar antes, por no haber permanecido a su lado desde aquellas noches en que rezaba a escondidas y Le hablaba… porque si hubiese seguido a Su lado, mi vida hubiese sido muy distinta, yo misma hubiese sido otra, los demás también habrían sido distintos, porque el Señor trasforma al que se deja, y éste a los que le rodean. Él es el amor más grande que nunca he conocido, la certeza más absoluta que jamás pensé encontrar, y lo único que tengo miedo de perder. No me importaría morir mañana mismo para poder estar ya entre Sus brazos, porque siempre he tenido claro que lo mejor no está en esta vida… está por llegar.

¿Cómo intenta irradiar a los demás su amor a Cristo?

No imponiendo, solo contando lo que Él ha obrado en mí, cuánto bien me ha hecho, cuánta fuerza da en los momentos duros, cuánta calma durante las tormentas, cuánta certeza ante las inseguridades… Creo que la sonrisa que se me pone al hablar de Él, la alegría que irradia mi rostro y las palabras que salen de mi boca y de mi corazón, son muestra suficiente de lo que Cristo ha provocado en mí y eso, atrae, llama, acerca…

Creo sinceramente que esto es a lo que Él me ha llamado: “a llevar a muchos junto a Él”… y ese es también mi deseo, porque a mí me ha hecho tanto bien encontrarme con Cristo, que quiero que otros muchos puedan gozar de la misma dicha. Además pienso que, en esta sociedad totalmente deshumanizada, rodeada de vaciedades y carente de un buen asidero, la presencia de Cristo puede sanar muchos corazones, y hacer tanto bien al mundo…

¿Cómo es su experiencia como adoradora eucarística?

Yo comencé en la adoración hace bien poco, asistiendo a misa alguna vez en otra parroquia cercana a casa, descubrí que los jueves, después de la Eucaristía, se exponía el Santísimo; se apagaban las luces y allí, casi en penumbra, en un silencio total, se creaba un ambiente maravilloso, el más propio para estar junto a Jesús Eucaristía… esos jueves se convirtieron en cita obligada y deseada, me encontraba tan a gusto… Allí también quiso hablarme el Señor en alguna ocasión.

Hasta ese momento, no tenía experiencia alguna en la adoración eucarística.

¿Cómo llegó a ser la coordinadora general de la Adoración Perpetua de Zamora y qué frutos esperan?

Para organizar la gestión de la apertura de la capilla en Zamora, nuestro obispo D. Fernando, encargó dicha tarea a D. Eufemio Romano, el coordinador general de una de las capillas de Toledo, quien cuenta con la experiencia de la apertura de capillas en más de 30 localidades.

El primer paso fue convocar una reunión con gente cercana a la Iglesia en la que yo no estuve, porque por aquel entonces, yo estaba apartada de todo esto. De allí salieron los cuatro primeros coordinadores de los cinco totales.

El último fin de semana de enero, comenzaron la misión por las parroquias de la ciudad. La primera en visitar fue la de Ntra. Sra. De Lourdes, a la que yo siempre acudo. Allí me “pescaron”. Al bajar del ambón tras hacer la lectura del día y llegar a mi banco, me encontré allí una de las fichas que invitaban a inscribirse como adorador de la futura capilla, y decía lo siguiente: “¿Desea ofrecer una hora a la semana para estar con el Señor?…”, al leer aquello me llené de gozo, me invadió una alegría inmensa y sentí cómo Él me decía: “niña, a ti te quiero en la madrugá”… y allí me fui de cabeza. Rellené mi ficha, se la entregué a Eufemio y esa misma noche me incluyó en el grupo de wathsapp de colaboradores para la creación de la capilla. Desde ese momento, y como el me dijo, fue un “sí a todo”, y estuve a su completa disposición todos y cada uno de los fines de semana.

Dos semanas después, Eufemio me dijo que quería que yo fuese la quinta coordinadora (yo ya lo sabía, porque el Señor, en otro de sus ‘guiños’, se había adelantado con la noticia, pero no dije nada…).

Unos días después, me pidió ser la coordinadora general… entendí que el Señor me había llamado para aquello y a pesar de mis miedos, me ponía en sus manos confiando plenamente en Él y en que me iría marcando los pasos a seguir, además, detrás de ello había una historia muy bonita: un año y medio antes, yo, angustiada porque una capilla con la que tengo una estrecha relación, era cerrada definitivamente, quise hacer algo para evitarlo. Consulté con varios sacerdotes amigos y nadie entendía lo que yo pretendía, o al menos cómo conseguirlo. Yo le ofrecí al señor (y ojo con el dato) una hora a la semana de mi tiempo libre, para abrir yo misma la capilla y al menos, que ese ratito semanal se pudiese acudir a ella. Aquello no pudo ser, sentí como el Señor me decía que no era el momento, y lo dejé pasar… Un año y medio después, encontré esa ficha, donde el Señor me ofrecía una hora a la semana para estar con Él, y otra capilla: la de Adoración Eucarística Perpetua, y por si fuera poco, también su coordinación general… Así son las respuestas del Señor: grandes, generosas… y sus tiempos, perfectos.

¿Qué supone para Zamora y qué frutos esperan?

Son la ESPERANZA y la PAZ que la ciudad necesita. Tanto su nombre, como su ubicación en pleno centro histórico… están, a mi juicio, escogidos exquisita y sabiamente por nuestro señor Obispo, D. Fernando, quien verbaliza una y otra vez, que esta capilla, es lo más importante que ha hecho desde su llegada a Zamora. ¡Bien sabe él lo que dice!

No todo el mundo apostaba porque se consiguiese abrir nuestra capilla, pero desde el principio, la respuesta de los zamoranos ha sido buena y los frutos abundantes. Puedo decir que contamos con una media de edad bastante baja, puesto que según pudimos comprobar en la reunión general con los 330 adoradores iniciales, al menos la mitad, eran menores de 50 años. Toda una gracia de Dios.

Desde el primer día no deja de entrar gente en ella a todas horas, sin miedos, sin vergüenza, respetuosos y muy alegres. Hemos formado una gran familia eucarística, una bonita cadena de amor entorno al Señor.

Yo a nuestra capilla la llamo “la Tiendita del Encuentro”, como aquel “lugar de intimidad donde Moisés se encontraba con Dios y hablaba con Él cara a cara, como habla un hombre con un amigo” (Éxodo 33).

Está siendo la Tiendita del Encuentro con el Señor, sí, pero también con uno mismo, pues cuando vamos allí y nos despojamos del mundo, nos vaciamos de todo… nos encontramos con nosotros, con nuestro yo real, nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestras propias miserias… con ese ‘¿quién soy? ¿qué deseo realmente? ¿qué debo cambiar? ¿para qué se me llama?’…

Y por último, es a su vez, un encuentro con los propios zamoranos, que nos vemos unidos en torno a Su amor. Gentes que a veces nos conocemos de toda la vida, pero nunca hemos hablado, ni cruzado un simple saludo y al encontrarnos allí, en esa Tiendita, a veces rotos, aun con el rostro compungido después de habernos vaciado frente a Él, nos miramos y regalamos mutuamente una dulce sonrisa… sonrisas llenas de una inmensa paz y un maravilloso amor…

Por Javier Navascués

7 comentarios

  
Luis Fernando
Mi nieto es zamorano de nacimiento, hijo de zamorana y chiclanero de adopción. La madre tiene un cáncer feo que se lo han diagnosticado mal y a destiempo.
Os ruego que recéis por ella ante el Santísimo en la Tiendita del Encuentro.
19/06/26 10:01 AM
  
anawim
Ok, Luís Fernando, así lo haré, yo voy a la capilla dentro de unas horas para hacer 3 suplencias de 1 hora.
______________

Yo alucino cuando oigo a la gente decir estas cosas tan maravillosas de nuestra presencia ante el Santísimo, porque la realidad parece que apunta a otra cosa. Cambiamos nuestros turnos de adoración por un motón de cosas: ir a Medujorge, hacer un retiro, ir a Emáus, o cuidar al nieto.... Claro es que ir a Medujorge es muy importante, y si tengo turno pues pido suplencia y asunto terminado. Claro entonces cuando te acercas a estas personas que llevan 29 o 30 años de adoración es como si te acercarás al carnicero de la calle de enfrente. No notas nada. Acérquense ustedes a un obispo y verán la diferencia. Y no digo nada si se acercan al Papa.
19/06/26 10:24 AM
  
Luis
La tradición popular recoge que san Antonio dió una oración a una pobre mujer que buscaba ayuda contra las tentaciones del demonio.
El Papa Sixto V (franciscano) mandó a esculpir esa oración -llamada también “bendición de san Antonio”- en la base del obelisco que hizo erigir en la Plaza de san Pedro en Roma.

He aquí el original en latín:

Ecce Crucem Domini!
Fugite partes adversae!
Vicit Leo de tribu Juda,
Radix David! Alleluia!

traducido

¡He aquí la Cruz del Señor! ¡Huid enemigos de la salvación!
Venció el Leon de la tribu de Judá,
Descendiente de Davi., Amén, Aleluya

Esta breve oración tiene todo el sabor de un pequeño exorcismo. También nosotros podemos usarla -en latín o es español- para ayudarnos a superar las tentaciones que se nos presentan. Insiste y memorizala si puedes,
19/06/26 3:09 PM
  
M.A
Qué hermoso testimonio.
19/06/26 6:02 PM
  
Juan Carlos Villaverde
Gran testimonio de fe y del amor de Dios con sus hijos que sólo tienen que abrir su corazón para acogerle e irradiar gozo y alegría a su alrededor.
20/06/26 8:50 AM
  
Gustavo
Al leer el testimonio de Agueda Garcia, no puedo sino dar gracias a Dios por haber encontrado en ella un corazón dispuesto a escuchar Su voz y a responder con generosidad a sus inspiraciones. A pesar de "tener todo en contra". En un mundo que tantas veces vive de espaldas a Dios, resulta conmovedor comprobar cómo el Señor sigue llamando almas para acercar a otras almas a Su Presencia real en la Eucaristía.

Quienes creemos firmemente que Jesús está verdadera, real y sustancialmente presente en el Santísimo Sacramento —con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad— sabemos que la adoración eucarística es mucho más que una devoción: es un encuentro vivo con el mismo Cristo, que permanece entre nosotros desde la Última Cena como el mayor regalo que Dios ha podido dejar a la humanidad.

Por eso, alegra profundamente saber que la adoración se está llevando a cabo y extendiendo. Muchas veces no vemos los frutos inmediatos de esas horas silenciosas ante el Sagrario, pero estoy convencido de que sólo el día del Juicio comprenderemos cuántas conversiones, cuántas vocaciones, cuántas familias salvadas y cuántas almas fueron alcanzadas por la gracia gracias a las oraciones de quienes permanecieron fielmente junto a Jesús Eucaristía.

Que el Señor bendiga abundantemente a todos los que se entregan en esas horas de oración, allí, en el silencio de un templo, frente a una Hostia consagrada. Y que el que no se deja ganar en generosidad, derrame infinitas gracias sobre el mundo entero, y mande al fondo de los infiernos a todos los demonios que conspiran contra esta santa devoción.

¡Alabado sea para siempre Jesús Sacramentado!
21/06/26 2:49 PM
  
Fernando
He leído el testimonio de Ángela. No puedo por menos de expresar m envidia por su fe. Yo, que estoy pasando una mala época por la muerte de un ser querido. necesito esa fe que deseo y que debe ser un don que se concede a personas elegidas.
No puedo querer a Dios, en quien creo firmemente, pero que al rezarle Padre nuestro, no parece que responda como hubiera respondido mi verdadero padre. Lo único que le pido es consuelo y fe. Y tampoco entiendo que haya que comunicarse con Él una y otra vez para que se dé cuenta de las necesidades, no materiales, de los que rezan
22/06/26 9:59 PM

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