Garisoain: “Sólo en los principios carlistas puede haber esperanza para la regeneración de España”

Javier Garisoain Otero, siempre ha militado en el Carlismo, ocupando distintos cargos en la Comunión, en su Navarra natal o en la Junta de Gobierno. Es presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista desde el XIV Congreso Ordinario, celebrado en octubre de 2022. Está casado, tiene cinco hijos y es librero de profesión. 

¿Por qué el próximo 2 de mayo la Comunión Tradicionalista Carlista celebrará en El Escorial el 40ª aniversario del Congreso de la Unidad del Carlismo?

Lo que vamos a celebrar el 2 de mayo en San Lorenzo de El Escorial son los 40 años de un acontecimiento que fue importante en la historia reciente del Carlismo. En 1986 es cuando se reconstituyó la actual Comunión Tradicionalista Carlista con la fusión de Comunión Tradicionalista, Unión Carlista y Comunión Católico-Monárquica.

¿Qué trascendencia histórica tuvo este evento y qué objetivos se consiguieron?

Para hacerse una idea de la importancia que tuvo aquel Congreso de la Unidad Carlista habría que entender la profunda crisis que vivía el Carlismo en esos años de la llamada transición. En aquella época estábamos divididos, desilusionados y acosados por enemigos externos muy poderosos. Sin embargo hubo entonces personas que con esfuerzo, inteligencia y generosidad fueron capaces de organizar aquel Congreso y sacarlo adelante.

Los objetivos fueron incluso mejores de lo que se esperaba y se cumplieron con creces:

-Todos los grupos carlistas existentes en ese momento -excepto el Partido Carlista, absolutamente alejado de cualquier ortodoxia, que unos días antes participaba en la fundación de Izquierda Unida- se fusionaron para reconstituir una única organización política.

-Se nombró una Junta de Gobierno, que fue reconocida como la máxima autoridad política del Carlismo.

-Se redactó un Ideario donde quedaron fijados los principios de siempre, sintetizados en el esquema constitucional de las Españas: Dios, Patria, Fueros, Rey.

-Y por último se aparcó la cuestión de la legitimidad dinástica para evitar discusiones estériles. 

¿Qué importancia tuvo el ideario que de ahí salió y cómo se ha mantenido todos estos años?

El Ideario Carlista es al fin y al cabo lo que nos ha mantenido unidos todos estos años. Por encima de dificultades y de las vicisitudes típicas de cualquier grupo humano. Es la definición de unos principios permanentes y por ello nunca hemos necesitado cambiar ni una coma de su texto. Otra cosa son los programas políticos, las campañas, las propuestas… ahí evidentemente hemos ido modificando el lenguaje y el tono porque por desgracia -y tal como anunciamos- el proceso de cambio y degradación de España ha sido constante. 

¿Por qué decidieron aparcar las discusiones de temas legitimistas?

Por puro sentido práctico, porque somos políticos, porque hubo un momento en que ese tipo de discusiones nos impedían trabajar unidos. Es evidente que el Carlismo nació para apoyar los derechos dinásticos del rey legítimo pero no se agota en eso. Como dejó escrito el mismo Carlos VII en su testamento político: “… si apuradas todas las amarguras, la dinastía legítima que nos ha servido de faro providencial, estuviera llamada a extinguirse, la dinastía de mis admirables carlistas, los españoles por excelencia, no se extinguirá jamás. Vosotros podéis salvar a la Patria, como la salvasteis, con el Rey a la cabeza, de las hordas mahometanas y, huérfanos de Monarca, de las legiones napoleónicas".

Nosotros seguimos siendo monárquicos y legitimistas, y soñamos con el día en que vuelva un rey de verdad. Esperamos ese día. Pero no vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras tanto.

¿Es posible reconstituir una sociedad tradicional para que un día sea posible una monarquía tradicional?

Si es posible o no eso Dios dirá. Nosotros tenemos el deber de intentarlo. Todos y cada uno de los principios que ordenaban la sociedad tradicional han sido dinamitados por las ideologías y los partidos, de izquierda y de derecha, pero España no ha muerto y aunque parezca dormida está clamando por una vuelta a sus raíces y a su identidad verdadera.

¿Cuál es el balance de estos 40 años de la Comunión Tradicionalista Carlista?

Es posible que estos 40 años hayan sido como los años de Moisés en la travesía del desierto. Una etapa difícil, poco brillante, de interiorización y pobreza material. Una cura de humildad quizás para los carlistas que soñaban en las antiguas glorias del pasado. Pero ha sido una etapa necesaria. Ahora más que nunca está claro que el Carlismo acertó al denunciar en su misma raíz todos los males que ahora están destrozando a nuestra patria. Y ahora más que nunca está claro que sólo en los principios que representa el Carlismo puede haber una esperanza política para la regeneración de España.

¿Qué relevancia social han tenido las diferentes campañas que han organizado?

Es difícil saber hasta dónde ha podido llegar nuestra influencia. En lo propiamente político o en lo electoral el resultado ha sido más bien modesto. Sin embargo en este tiempo el Carlismo ha sido un punto de referencia insustituible para dejar en evidencia la maldad de liberalismo y de todos los errores de las ideologías. Los carlistas hemos contribuido a la crítica al sistema de partidos y al desmantelamiento de España; a la denuncia del desmadre autonómico y de tantas injusticias; al clamor por los crímenes contra la vida y la familia; a la defensa de la Hispanidad y de la verdad histórica…

¿Por qué han puesto tanto interés en la formación de la juventud?

En efecto, a lo largo de estos 40 años hemos impulsado numerosas iniciativas enfocadas a la formación: campamentos, cursos, jornadas, foros, aula tradicionalista, etc. Nos enfrentamos a enemigos muy poderosos, maestros en la manipulación del lenguaje, y la única forma de resistir es mantener vivo el espíritu crítico y el estudio de los principios. 

¿Cómo valora el esfuerzo de tanta gente durante estos años para mantener viva la llama del carlismo?

A lo largo de mi vida he conocido a cientos de carlistas admirables. Gente anónima que hacía lo que tenía que hacer, sin afán de protagonismo, sin esperar nada a cambio y que nunca se rindió. Porque supo poner su confianza en Dios y en esa maravillosa tradición política que hemos heredado. Ese esfuerzo ha valido la pena. Es posible que ahora nuestros frutos parezcan una cosa pequeña pero como con el grano de mostaza hemos de ver grandes cosas.

¿Por qué anima a la gente a participar proponiendo ideas para el congreso?

Hemos aprovechado el aniversario para pedir a nuestros afiliados y simpatizantes que nos digan en pocas palabras qué es lo mejor que, a su juicio, ha podido hacer el Carlismo y cuál es el reto principal al que nos enfrentamos. De entre todas las respuestas recibidas recogeremos y publicaremos las más significativas. Nos servirán además para enriquecer el Plan Estratégico que estamos elaborando actualmente. 

Por Javier Navascués

11 comentarios

  
Pedro de Madrid
Los fueros y Rey no lo veo claro
14/04/26 1:22 PM
  
ZARA
Cuando leo afirmaciones como la de Javier Garisoain, no puedo evitar pensar que se está confundiendo profundamente el plano de la fe con el de la ideología. Como católico, sé que mi referencia no es una tradición política concreta, sino la doctrina viva de la Iglesia, y esa doctrina nunca ha identificado la verdad del Evangelio con un sistema político determinado, ni con el carlismo ni con ningún otro.

Si acudo al Catecismo de la Iglesia Católica, lo que encuentro es justo lo contrario de lo que se sugiere en ese titular. La Iglesia no canoniza formas de gobierno. No existe una “política oficial católica” en ese sentido. Lo que se exige es que cualquier sistema respete la dignidad de la persona, promueva el bien común y esté sometido a la ley moral. Pretender que solo una opción histórica concreta encarna la esperanza de un país no es fidelidad a la doctrina, sino una absolutización que la propia Iglesia evita cuidadosamente.

Además, me resulta imposible ignorar que figuras centrales del pensamiento social católico contemporáneo, como Juan Pablo II, han valorado positivamente la democracia. No como un sistema perfecto ni intocable, sino como el que mejor permite la participación, la responsabilidad y el respeto a la persona cuando está bien fundamentado. Esto no convierte la democracia en dogma, pero sí desmonta la idea de que deba ser sustituida por una forma política supuestamente más “católica” por definición.

También percibo en ese discurso una tendencia a confundir la tradición histórica con la verdad doctrinal. España tiene una historia rica y compleja, y el carlismo forma parte de ella, pero la Iglesia no está ligada a ninguna dinastía ni a ningún proyecto político concreto. Su misión es universal, y su enseñanza no puede reducirse a la defensa de un modelo político del pasado por muy venerable que algunos lo consideren.

Por eso, cuando se afirma que solo en los principios carlistas puede haber esperanza para la regeneración de España, lo que yo escucho no es una propuesta en continuidad con la doctrina social de la Iglesia, sino una opinión legítima en el plano político, pero presentada con una pretensión de exclusividad que la fe católica no respalda. Y precisamente por fidelidad a esa fe, me veo obligado a rechazar esa identificación entre una opción política concreta y la única vía de salvación para la vida pública.
14/04/26 3:23 PM
  
ZARA
Y, en el fondo, todo esto se podría resumir con una ironía bastante sobria: resulta curioso que quienes desconfían tanto de lo que se sale de su obtuso esquema acaben fabricando su propio dogma político, como si el Evangelio necesitara apellidos dinásticos para sostenerse. Porque si algo ha demostrado la Iglesia a lo largo de los siglos es que sobrevive a imperios, monarquías y experimentos ideológicos varios sin casarse con ninguno; de modo que presentar una bandera concreta como única esperanza suena menos a fidelidad doctrinal y más a una nostalgia elevada a categoría de verdad absoluta, que es precisamente lo que el propio Magisterio siempre ha evitado.
14/04/26 3:25 PM
  
Pedro tapia
Para el Carlismo valdría la frase "El Espíritu vivifica, la letra mata"
El Espíritu del Carlismo: Sentido católico, Patriotismo, defensa de la Tradición y de la Historia de España, subsidiariedad, cuestionamiento del liberalismo y el socialismo. Esta sería la parte indiscutible, las principales ideas-fuerza. Aquí está lo mejor de su pensamiento.
La letra: todo lo que es contingente, que pertenece a otro tiempo ya superado o que ha envejecido en exceso, porque la sociedad española del siglo XIX no tiene nada que ver con el mundo actual. La España del siglo XXI requiere de otros planteamientos.
La letra discutible: Estado sin partidos, violencia como estrategia política y para la toma del poder, monarquía borbónica absolutista hereditaria basada en la legitimidad de Felipe V o de Fernando VII. Y especialmente la perspectiva integrista, que cree encontrarse en una sociedad de hegemonía absoluta católico-eclesiástica, con planteamientos y lenguaje fuera de la realidad. Llevar a cabo el proyecto carlista íntegro en la actualidad llevaría a un sistema totalitario.
También han aparecido temas nuevos, para los que deben existir propuestas muy elaboradas: Local, Globalización, género, clases medias, fiscalidad, sistema económico, la cuestión social, inmigración, okupación, medio ambiente, memoria histórica, Unión Europea, Agenda 2030, etc.
Una labor ardua, la de encontrar en el siglo XXI la letra adecuada para un espíritu que permanece.
14/04/26 4:02 PM
  
Copeton
Los anteriores comentarios no se enteran de nada ni saben lo que es el carlismo cuando hablan de absolutismo. Hablan del Evangelio y de doctrina social cuando la Iglesia da directrices morales pero no políticas y censuran que el carlismo ocupe su faceta politica para defender su sistema y ellos en cambio aprueban la partitocracia liberal que ha destrozado moral y económicamente este pais. Quizas sean personas con un buen nivel de vida, los tipicos liberal catolicos peperos a quienes aborto, divorcio, pornografia, destrucción fe la familia, niños trans, eutanasia y demas basura les trae sin cuidado mientras vivan bien.
Personas que defienden el liberalismo y nos dicen que el carlismo esta mal , esta equivocado y la Iglesia no lo respalda. Parece ser que si respalda su liberalismo. Penoso. Asi hemos llegado aqui.
14/04/26 5:56 PM
  
ZARA
copeton:
personas con un buen nivel de vida, los tipicos liberal catolicos peperos a quienes aborto, divorcio, pornografia, destrucción fe la familia, niños trans, eutanasia y demas basura les trae sin cuidado mientras vivan bien.
Personas que defienden el liberalismo y nos dicen que el carlismo esta mal
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Lo de “Copetón” tiene más de desahogo que de argumento. Reducirme a “liberal acomodado al que todo le da igual” es cómodo, pero no demuestra nada. Es el viejo truco de sustituir razones por etiquetas: así uno no tiene que discutir ni el Catecismo de la Iglesia Católica ni la Doctrina Social de la Iglesia, que —qué contrariedad— no avalan su exclusivismo político.

Porque conviene aclarar algo: rechazar que el carlismo sea “la única esperanza” no equivale a aplaudir el aborto, la eutanasia o la degradación moral. Eso es una caricatura. La defensa de la vida, de la familia y de la dignidad humana no es patrimonio de ninguna etiqueta ni de ninguna nostalgia política. Es exigencia de la fe católica, y se puede —y se debe— sostener en distintos marcos políticos, también en democracia, como recordó Juan Pablo II.

Lo verdaderamente revelador es el tono: se lanza una lista de males reales, se mezclan con “y demás basura” y, acto seguido, se señala a un enemigo ideológico al que se le atribuye indiferencia moral. Es eficaz como arenga, pero intelectualmente es flojo. Porque evita lo esencial: demostrar por qué su modelo concreto sería el único compatible con la fe, algo que la Iglesia nunca ha afirmado.


En resumen, si para sostener una postura hay que inventarse un rival que “vive bien y mira para otro lado”, quizá el problema no esté en el rival, sino en la falta de argumentos. Porque la fe no necesita caricaturas para defenderse, pero algunas ideologías, por lo visto, sí.
14/04/26 7:06 PM
  
Javier Garisoain
Aquí hay gente que tiene mucho tiempo libre y que escribe sin saber.

Miren ustedes, los carlistas decimos lo que creemos que hay que decir. Y decimos, entre otras cosas, que no tragamos con el mito de la soberanía nacional, que es lo que en última instancia sostiene todo el cuento de las partitocracias modernas. Nosotros, como creemos lo que dice el Catecismo, afirmamos que el único Soberano con mayúscula es Jesucristo y que los otros soberanos, con minúscula, no están para dictar normas morales sino simplemente para ordenar las cosas de la vida pública y ayudar a los cuerpos sociales naturales a alcanzar su propio fin.

Aquí el único absolutismo es el de los partidos políticos que en cuanto tienen mayoría absoluta nos fríen a impuestos, destrozan la convivencia, nos meten en guerras absurdas, o dictan leyes inmorales y promuerte.

Si ven la cosa descompensada o les molesta que los carlistas seamos los únicos que decimos estas cosas o que nos definimos, corporativamente, como católicos, pidan ustedes a otros políticos que expliquen a ver cómo hacen ellos para compatibilizar su fe con ese mantra masónico de la soberanía nacional.

Puedo entender su confusión, pero el hecho de que esta entrevista se haya publicado en un medio de información católica no la convierte en una noticia "eclesial". Es una noticia política. Y a los católicos que no desean dejar de ser católicos en la vida pública les interesa.
14/04/26 8:10 PM
  
Zuma
Zara
Su amada memocracia liberal no es marco alguno de referencia sino una degeneración de la cosa pública en demagogia. Por cierto las canonizaciones exprés no son buenas y tampoco materia de Fe creer en la opinión del polaco respecto de la Democresca.
14/04/26 8:33 PM
  
Zuma
A estas alturas identificar absolutismo y Carlismo es tan erróneo como cansino. El absolutismo es una degeneración de la Monarquía.
Zuma
14/04/26 10:18 PM
  
Manu
En el carlismo veo críticas valiosas a la democracia liberal, pero no acabo de ver clara la alternativa de un la instauración de un atestado confesional católico
14/04/26 10:30 PM
  
Javier Garisoain
Pedro de Madrid
"Los fueros y Rey no lo veo claro"
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Amigo Pedro, cuando explicamos el lema carlista solemos decir que la Patria son los fueros, es decir, que el concepto típicamente hispano y católico de Patria es inseparable de los principios de subsidiariedad y solidaridad. Nuestra idea de Patria no es la nacionalista típica de los adoradores de la soberanía nacional. Esa idea, de origen revolucionario, acaba siendo una idolatría porque suele acabar poniendo a la Nación, cuando no al Estado, en el lugar de Dios. Por contra el modelo hispano y católico lo que hace es configurar una escala de afectos, de normas y de lealtades que van desde lo más próximo (lo más prójimo) a lo más alejado y grande. Eso son los fueros, simplemente. Leyes justas que dan a cada uno lo suyo. Como en una familia bien avenida, donde no tiene sentido el "café para todos". Y así, de la misma forma que el amor a la Patria grande se construye desde abajo, empezando por el amor a la familia, al barrio y a la patria chica, también el amor mutuo y la unidad se demuestran con la solidaridad.

Lo del Rey daría para mucho. Por ahora le diré que rey es el que rige y eso es algo más que ser un retrato simbólico. En España, en el fondo, la mayoría anhelamos un buen gobierno, un poder estable, que se ayude de funcionarios profesionales y honrados, que no dependa de los vaivenes partidistas, que no sirva ni a ideologías ni a intereses extranjeros sino al bien común del pueblo; un poder que sea fuerte con los poderosos y suave con los débiles. Nosotros a eso lo llamamos Rey.
14/04/26 11:20 PM

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