Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo habla del curso de Platón como verdadera praeparatio evangelica

Conozca todo lo relativo al curso Platón: Diálogos apologéticos
Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo es autor del libro En defensa de la realidad: cómo resistir en la verdad ante la imposición de la utopía y director de la Asociación Civil Educativa Domus Aurea, que promueve diversas actividades de formación humanística como uno de sus pilares de acción para la restauración de la Cristiandad. Actualmente están lanzando un curso de Platón: Diálogos Apologéticos.
Javier, ¿por qué es importante volver hoy a los clásicos grecorromanos?
Por el actual escenario de disolución cultural y civilizatorio. Es vital volver a los clásicos porque ellos prepararon la inteligencia humana para la recepción de la Revelación. Lo que en la Grecia pagana Sócrates, Platón y Aristóteles alcanzaron en la verdad facilitó el encuentro del hombre racional con la Verdad última, que es Cristo. La urgencia de volver a la tradición cultural radica en que la modernidad ha operado una sustitución perversa: ha reemplazado el ser por el parecer y la realidad misma por constructos ideológicos. Vivimos en un tiempo de desorientación metafísica donde se nos impone una utopía modernista que niega el orden objetivo de las cosas. Sócrates confrontó a la Atenas de su tiempo porque denunciaba la hipocresía y la falsedad del entorno sofista. Hoy nos encontramos en una situación similar. Volver a la realidad y a la verdad significa reconocer que el mundo es un orden creado por Dios, herido por el pecado pero cognoscible por la razón. Este retorno es una forma de desintoxicación intelectual necesaria para no ser seducidos por la elocuencia de los sofistas modernos, que pretenden que la verdad sea algo maleable por la voluntad humana o producto del azar y que han ocupado los sistemas económicos y políticos del orbe entero.
¿Qué papel juegan los clásicos grecorromanos en la formación de un católico?
Los clásicos no son un adorno de erudición, sino una verdadera praeparatio evangelica. Así consideraban los padres apologéticos a la filosofía griega: una preparación al Evangelio, como titulaba su obra Eusebio de Cesarea. Tanto San Agustín como la síntesis tomista asumieron la herencia de Atenas y Roma porque la filosofía clásica proporciona las categorías metafísicas esenciales —como sustancia, acto, potencia, finalidad, bien útil y bien honesto, etc.— necesarias para comprender la dogmática católica. Todos los desbarajustes de nuestros días, de naturaleza profundamente anticristiana y satánica, tienen sus fundamentos filosóficos en rupturas sistemáticas de estos presupuestos morales, metafísicos y gnoseológicos esenciales. Sin una base lógica sólida, la fe corre el riesgo de caer en el fideísmo, mientras que una razón que se pretende autónoma desemboca en el racionalismo apóstata. El estudio de los clásicos nos permite ordenar la inteligencia y prepararla para su evangelización, dándonos el lenguaje de la realidad para conocer, amar y vivir en la Verdad.
Toda verdad es eterna, inmutable y trascendente, pues es un reflejo del Verbo Divino. Frente al concepto moderno de “devenir” y el progreso historicista, que pretenden que la moral y la doctrina sean líquidas y se adapten a la sensibilidad de cada época, la formación clásica nos enseña que la naturaleza humana es constante. Platón ya intuía un mundo de realidades inmóviles que alcanza su plenitud en la Revelación de Jesucristo como el Logos eterno. La verdad no se fabrica ni se somete al consenso; es algo que se descubre y a lo cual el hombre debe adecuar su vida y su inteligencia para no caer en la decrepitud moral.
Un católico firme en un entorno tan profundamente hostil como son las ciudades y los sistemas políticos actuales no puede permitirse el lujo de ser un ignorante, porque está rodeado de enemigos sistémicos que trabajan por su condenación precisamente desde la revolución de todo el edificio clásico. Esos “espíritus que andan dispersos para la perdición de las almas” están hoy liberados por un tiempo y dominando todos los espacios. Y ellos, que no son ignorantes, saben que aquí está el quid. Debemos trabajar en nuestras virtudes intelectuales para que, estando fortalecidas, puedan resistir y aferrarse más firmemente a la verdad sobrenatural de la que depende nuestra salvación.
No es verdad que se puede abrazar cualquier filosofía y ser católico solo porque la fe está por encima de la filosofía. No se pueden bautizar sistemas filosóficos creados a propósito contra Dios y Su Iglesia. Hay en la formación humana, como en todos los campos, una necesaria subordinación de lo natural a lo sobrenatural y un fin último sobrenatural también de todo lo natural. Esta relación entre ambos órdenes está hoy terriblemente negada, alcanzando tan terribles consecuencias.
Entonces, la formación en los clásicos antiguos, que eran paganos, ¿ha de tener también una perspectiva de formación cristiana?
Así es, necesariamente. Del mismo modo que no existe una natura pura, sino solo en estado de caída o en estado de elevación, no existe un estudio neutro de los clásicos: o se aproxima uno a ellos desde la elevación de la Revelación o en contra de ella, que es lo que pretenden algunas escuelas gnósticas, algunas tendencias elitistas de tendencia esnobista o hasta reivindicadores de un espíritu griego neopagano alejado de la fe que Grecia ciertamente no poseyó en ese momento pero para la que sí abonó el campo de la civilización cristiana. Es necesario hacer como hizo siempre la Iglesia hasta la llegada del cientificismo: hay que leer la historia en clave de fe. Y no existe un Platón o un Aristóteles en el mundo sino para preparar al hombre al encuentro con la fe, porque la virtud natural es una y la virtud sobrenatural es otra, cierto, pero no existe un hombre con un fin puramente natural independiente de Dios.
Este ha sido el “caballo de Troya” de la secularización y es el mismo error en tantísimos ámbitos, permitiendo justificar la autonomía de la política, el derecho y la educación respecto de la Revelación. Sin embargo, la doctrina católica sostiene que no existe un hombre “neutro": o estamos elevados por la gracia o caídos por el pecado, pero siempre bajo la soberanía de Dios. Al rechazar esta subordinación del orden natural al sobrenatural, caemos en el naturalismo y el laicismo, donde el Estado se vuelve soberano absoluto y la sociedad camina inevitablemente hacia el fracaso por carecer de un bien común trascendente y, en consecuencia, donde entendemos la formación clásica en verdades humanas desligada de la Verdad que es Dios mismo y para la que Dios quiso que las ciencias humanas sirvieran.
Pero eso no quiere decir que las virtudes naturales no existan en cuanto ellas mismas y que se deban desarrollar. Una educación que descuida la virtud natural por considerar que, como todo es Gracia, no hay que esforzarse en el estudio, entrega al alumno a sus impulsos básicos y destruye la base misma sobre la que actúa la gracia. Por ello es no solo bueno y conveniente sino hasta necesario el estudio de los clásicos. Hay que esforzarse en ello, correctamente ordenado sin esnobismos, pero con ímpetu y dedicación, pues el estudio y la ascesis intelectual son preparaciones necesarias para la vida espiritual.
¿Es el estudio un deber para todo católico, sin importar su condición?
Absolutamente. La formación permanente es un deber sin excusas, no un lujo para intelectuales. El católico debe cultivar su inteligencia para conocer más a Dios y así servirle mejor. Incluso en medio del cansancio diario, dedicar tiempo a una lectura que nutra el alma es vital para ejercitar el intelecto. En nuestra sociedad de bienestar gastamos infinidad de recursos en actividades que nos llevan a la molicie, que llamamos ‘entretenimiento’. Pero, del mismo modo que el cuerpo necesita ejercicio para estar sano, así también el intelecto: sin ejercicio se deforma, falto de vida interior.
Y más aún en nuestros tiempos que han corrompido todo tanto que hasta la misma «tierra está en duelo y perece, inficionada por la corrupción de sus habitantes, porque han violado las leyes, han alterado el derecho, han roto la alianza eterna», como dice la Encíclica Mirari vos. El estudio es una forma de resistencia política y espiritual frente a los fundamentos disgregativos de la modernidad; es un acto de amor a la Verdad que procede del Espíritu Santo, que es una y que une. Solo la verdad puede unir a los pueblos, no la ideología, no la utopía. Y para ello la verdad ha de ser conocida, amada, confesada y defendida.
Sócrates es un modelo de integridad y de confesión ante el mundo. Los diálogos apologéticos que de él escribió su discípulo Platón nos enseñan que se debe obedecer a la verdad antes que a los hombres, una lección fundamental para el católico militante en tiempos de confusión generalizada y que San Pedro expresó taxativamente ante el Sanedrín. En estos diálogos se nos advierte que por encima de los bienes temporales, los placeres y bienestares, está la profundización en la virtud a través de un estudio diario y compartido con los amigos, y que deberíamos avergonzarnos de despreciar los tesoros de la sabiduría mientras amontonamos riquezas materiales. Su actitud ante la muerte muestra que la Verdad no puede ser acallada por la fuerza y que nuestra labor es hacer nuestra alma tan buena como pueda serlo.
Precisamente, están lanzando ahora este curso sobre los Diálogos Apologéticos de Platón, ¿verdad?
Así es, la Asociación Civil Educativa Domus Aurea busca rescatar las herramientas necesarias para defender la fe y redescubrir en los textos que moldearon Occidente las verdades que nos anticipan la Verdad en mayúscula. Queremos que el estudio de los clásicos sea un camino de virtud natural para la virtud sobrenatural, para la santidad y libertad en la Verdad, permitiendo a los fieles dar la cara por Cristo con argumentos sólidos y una fe profundamente arraigada en la realidad. En este curso de 9 sesiones desarrollaremos la Apología de Sócrates, el Critón, el Eutifrón, Lisis, Cármides, Laques y Protágoras. Son obras en las que se reflexiona acerca de la verdad, el bien, la política, el hombre… y sus cuestiones resuenan hasta nuestros días. Realmente no se requiere de una gran preparación para leerlos, comprenderlos y comentarlos, por eso animamos a todos a llevar el curso, que se desarrollará los días miércoles y viernes desde el 15 de abril hasta el 15 de mayo de 20:30h a 21:30h en horario de España. Los interesados pueden contactarnos al whatsapp (+51) 983 435 321 o al Messenger @ACEDomusAurea para inscribirse o para solicitar más información.
Por Javier Navascués
1 comentario
Es un peligro, je je.
Algún día va a tener que contarnos su "conversión", :-)
Hablando de los clásicos, qué bueno sería recordar lo que dicen sobre la democracia. Ahí lo dejo.
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