Mons. González Chaves: “El Fiat que sostiene el mundo: María Medianera y Corredentora hoy"

El libro se presenta en el Hotel Catalonia (calle Rosselló 249) de Barcelona, el próximo 21 de marzo

Entrevistamos a Monseñor Alberto José González Chaves con motivo de la publicación de su libro María Medianera y Corredentora, que está despertando notable interés y que se presenta en el Hotel Catalonia (calle Rosselló 249) de Barcelona, el próximo 21 de marzo, en el pórtico de la primavera que “volverá a reír”. El libro está publicado por la joven editorial Páginas contrarrevolucionarias, de la Familia San José, y los enlaces para adquirirlo se encuentran en el canal de YouTube Tekton.

https://paginascontrarrevolucionarias.com/products/maria-medianera-y-corredentora .

(los enlaces pormeniorizados aparecen al final de la entrevista)

Monseñor, su libro no parece escrito desde la polémica, sino desde la gratitud. ¿Cómo nace esta obra?

Nace, ante todo, de una sorpresa… y de una herida filial. Como explico en la introducción, “últimamente se nos invita a considerar poco oportuno el uso de dos títulos marianos que durante siglos han brotado con naturalidad de los labios orantes de la Iglesia: Medianera y Corredentora”. Cuando de pronto se pone entre paréntesis algo tan profundamente arraigado en la fe vivida —en la liturgia, en los santos, en la palabra de los Romanos Pontífices, en el sensus fidelium—, el alma católica – y, por ende, la mente lógica - se sorprende, se duele y se pregunta. Y de ahí nace el libro: no como reacción agria, sino como acto de amor inteligente. Porque “hablar de María exige pensar con claridad sin dejar de amar con ardor”. Por eso quise poner al comienzo esa dedicatoria tan sencilla:

«A Ti, María: mi Madre, mi Abogada, mi Medianera, mi Corredentora. ¡GRACIAS!». No es una fórmula: es el origen del libro. No escribo desde fuera, sino desde dentro de esa relación filial.

Usted insiste en que estos títulos no son exageraciones devocionales. ¿Cómo lo explica?

Lo explico como lo entiende la Iglesia cuando respira con normalidad. Estos títulos —Medianera, Corredentora— no nacen de entusiasmos sentimentales, sino de una “lenta maduración teológica, litúrgica y espiritual”, como digo en la introducción. Llamar a María Medianera es contemplar cómo la gracia desciende por un cauce materno. Y llamarla Corredentora es reconocer algo profundamente evangélico: que Dios ha querido que la Redención tenga también un “sí” humano, un consentimiento libre, femenino, amoroso. Pero con el equilibrio católico del et-et, frente al rupturismo luterano del aut-aut: Cristo es el único Redentor, el único Mediador, y María participa —“con”, no “al lado de”—. Ese co- latino es precioso: no suma, no compite ni duplica; acompaña, refleja, transparenta. Por eso temer que María eclipse a Cristo es no haber entendido ni a Él ni a Ella.

El eje del libro es el fiat de María. ¿Por qué le da usted tanta importancia?

Porque sin ese fiat no se entiende nada. En el tercer soneto con que abro el libro en un pórtico poético hablo de ese «tonante y majestuoso fiat» que “empapará los siglos, lacrimosos”. Es una expresión literaria, sí, pero teológicamente exacta. María es corredentora porque dijo sí… y porque ese sí no se interrumpió jamás. Su fiat comienza en Nazaret, pero atraviesa toda su vida: en Caná; en el silencio de los años ocultos; en la fidelidad al Hijo; en la oscuridad del Calvario; en la espera de Pentecostés. Es un fiat esponsal, sacerdotal, materno. Por eso insisto: María no “fue” medianera, sino que lo es. Su maternidad en el orden de la gracia continúa; no es un hecho del pasado, sino una presencia actual.

Como acaba de decirnos, el libro comienza con tres sonetos. ¿Por qué?

Son como una puerta interior. La teología, si quiere ser verdadera, tiene que bajar e la mente al corazón. Y esos sonetos intentan precisamente eso: despertar. En estos versos afirmo:
«Peor que la negación es el olvido;
más cruel la indiferencia que la muerte;
libra mi pecho de un semiquererte…
»

Ahí está el problema de hoy: no tanto la negación frontal, sino la tibieza, el “semiquerer”. Y frente a eso, el alma responde con una relación total con María: «mi Madre y Compañera, y mi Reina, y mi Dueña, y mi Señora…». Y luego, ese verso final que es casi una síntesis del libro entero: «por tu sí al Redentor, ¡Corredentora!». La poesía no sustituye a la teología, pero la prepara, la abre, la hace respirable.

El índice es amplio y orgánico. ¿Cómo está trazado?

He querido que el índice no sea un simple esquema, sino un verdadero itinerario. El libro comienza en la Revelación: la Mujer anunciada desde el Génesis, la espera de Israel, la Virgen en los Evangelios —especialmente en San Juan—, en San Pablo y en el Apocalipsis, hasta desembocar en ese punto clave que recorre toda la obra: el fiat de María como acto esponsal y sacerdotal, desde Nazaret hasta el Calvario, pasando por Caná. A partir de ahí, se despliega la tradición viva de la Iglesia: los Padres, la Edad Media, la mariología moderna y el rico Magisterio pontificio —de León XIII a Pío XII—, seguido del Concilio y el desarrollo contemporáneo, con sus luces y también con sus perplejidades actuales.

El libro se abre después a la vida concreta de la Iglesia: la liturgia, la piedad y el arte, donde María aparece siempre inseparable de Cristo, no como idea, sino como presencia celebrada, cantada y vivida. Finalmente, culmina en una síntesis doctrinal —María Medianera y Abogada; María Corredentora y Madre espiritual— coronada por un amplio mosaico de los santos, que confirma existencialmente toda esta enseñanza. Todo ello sostenido por una bibliografía rica, clásica y contemporánea —teológica, patrística y magisterial— que da consistencia al conjunto sin restarle claridad. En el fondo, más que un índice, es un camino: el lector no solo recorre contenidos, sino que es invitado a entrar —con inteligencia y afecto— en el misterio de María.

Un aspecto muy rico es el recorrido histórico y la presencia de los santos. ¿Qué ha querido mostrar?

He querido mostrar que esto no es una teoría, sino una tradición viva. Desde la Escritura hasta hoy, pasando por Padres, teólogos, Magisterio… hay una continuidad impresionante. Pero donde esto se vuelve especialmente claro es en los santos. Ahí aparecen San Juan de Ávila, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Maximiliano Kolbe, el Padre Pío… y también figuras muy significativas como san Josemaría Escrivá o santa Gema Galgani. Ellos no hacen tratados: viven. Y todos coinciden en algo: la Virgen no es un adorno en la economía de la salvación, sino una presencia real, activa, maternal. Eso tiene una fuerza enorme, porque muestra que estamos ante una experiencia multisecular de la Iglesia.

El prólogo de Mons. Schneider es muy significativo. ¿Qué aporta a la obra?

Autoridad, libertad y valentía. Comienza con una frase preciosa: «La Iglesia contempla el misterio de María como quien entra en un santuario silencioso». Y eso es exactamente lo que yo he querido hacer en el libro: no discutir desde fuera, sino entrar con reverencia. Mons. Schneider recuerda que María “cooperó con corazón materno al sacrificio de Cristo” y que su mediación es siempre subordinada. Y añade una idea luminosa:
que María “participa… en la entrega redentora de esa carne”. Es decir, no es una cooperación externa, sino profundamente interior, teologal. Eso ayuda a situar bien las cosas.

Para terminar, Monseñor, ¿qué espera usted suceda al lector al terminar el libro?

Que diga, sencillamente: Totus tuus sum. Si al final el lector puede dirigirse a María con esa entrega filial, el libro habrá cumplido su fin. Porque no se trata de admirar más a María en abstracto, sino de entrar con Ella en el misterio de Cristo. Como escribo allí: “la verdad conocida clama por ser amada”. Y conocer a María lleva a amar más a Cristo… y a recibirla como Madre. Sólo quiero recordar algo muy sencillo y muy grande: que Cristo es el único… pero junto a Él está su Madre. Y que volver a María hoy —en medio de tanta confusión, tanta tibieza, tanto olvido— no es retroceder; es, sencillamente, volver a respirar.

Por Javier Navascués

Como comprar el libro «María, Medianera y Corredentora»

Si desean adquirir el libro, el mismo día de la presentación podrán hacerse con un ejemplar. Pero si lo desean pueden adquirirlo ya por estos medios:

11 comentarios

  
Mercedes de las Morenas Ibañez
Repito: Cuánta profundidad, cuánto corazón en estas declaraciones y cuánta belleza ! Peor que la negación es el olvido Más cruel la indiferencia que la muerte Libra mi pecho de un semi quererte Debería llegar al mundo entero junto con el libro. MARIA , Medianera y Corredentora ......a todo el mundo , hasta El Vaticano
18/03/26 8:56 AM
  
antolin
Una alegría más. Un libro acerca de nuestra Madre, Corredentora y Medianera.Lo adquiriré y leeré con gusto y satisfacción.
Yo leí el libro del P. Agustín Giménez González,
MARÍA, MI MADRE
Corredentora, Mediadora, Abogada
Ediciones Nueva Eva, 2024
que me encantó.
¡Bendito el Señor! ¡Bendita María!
18/03/26 9:03 AM
  
Agustín
Está bien recordar todo lo que es y representa nuestra Señora y Madre de Dios y Madre nuestra la Virgen María. Los católicos sabemos ,porque así lo experimentamos cada día, como nuestra Señora aplasta la cabeza del Satan cada vez que nos molesta con sus tentaciones para que nos alejemos de nuestro Padre y Señor Dios. No divaguen y elucubren tanto.Experimentenlo.Vivan en la Gracia De Dios y cuando sientan la tentación de la lujuria acudan a nuestra Señora y verán como expulsa de un manotazo al Satan.
18/03/26 4:12 PM
  
Juan Pablo
En el Magnificat rezamos :

" Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi SALVADOR ;
porque ha mirado la humillación de su
esclava "
18/03/26 5:02 PM
  
madre
Si el último documento sobre María del dicasterio para la doctrina de la fe, me dejó un sabor amargo, tristeza, dolor, enojo e impotencia, saber de este libro y su publicación, me llena de paz y de alegría al compartir ese amor por María! Porque nunca terminaremos de hablar demasiado bien de Nuestra Madre.
Agradezco a Dios por estos buenos pastores que apacientan el rebaño. Dios los bendiga!
18/03/26 7:39 PM
  
María H
Mil enhorabuenas Monseńor!!! Y gracias por defender a nuestra Madre de tantos despropósitos!!! Dando gracias a Dios por sacerdotes como Vd, como Dios manda!!!!!
18/03/26 10:46 PM
  
hugo barona becerra
Cuando uno se enfrasca en el estudio de la Biblia, la Tradición y el Magisterio, observa algo que excita la curiosidad: el cristianismo parece que no tiene historia para la Iglesia. Si se examina el contenido de la Liturgia de la Palabra diaria y dominical, solo se leen lecturas de la tercera alianza, que no es para nosotros sino para el pueblo judío, y del Nuevo Testamento. Son dos mil años de historia que se sumergen en el vacío existencial de la historia; ¡nadie conoce los hechos de los cristianos! Y esto incluye el problema de María.
Si se analiza el prólogo del Evangelio de San Juan, último libro en escribirse del Nuevo Testamento, es claro y necesario que María haya sido prefigurada inmaculada, y sobre todo como corredentora y mediadora. Si creemos que el Hijo es el Hombre-Dios, también debemos aceptar que es una monstruosidad moral que el Hombre-Dios aceptara su madre humana bajo la influencia y el poder de Satanás. Si aceptamos que en este mundo se libra una batalla espiritual entre el bien absoluto, ¡Dios!, y el mal absoluto, ¡la soberbia!, es un sin sentido biológico que Yahveh Sebaot permitiera ser engendrado y permanecer hasta la maduración biológica completa de su cerebro, alrededor de los 25 a 30 años, tal como lo comprueba la neurociencia actual, en una madre humana bajo influencia satánica, sometiendo a su divino Hijo Humano a esa experiencia en momentos en que su capacidad cerebral no estaba completamente desarrollada; o Jesús es verdaderamente hombre, es decir, tuvo que pasar por todas las etapas de maduración física propias de la naturaleza humana, o simplemente es una ¡horrible parodia de un humano! Para mi es una vergüenza, que quien encabeza el Dicasterio de la Fe, sea el Cardenal Fernández, realmente ¡un pobre diablo!
18/03/26 11:14 PM
  
Ana
Gracias querido Monseñor! 👏👏👏👏
19/03/26 1:19 AM
  
Gerardo
Muy lindo todo y el monseñor escritor será todo lo monseñor que él mismo y cualquiera desee, pero María es sólo intercesora en algunos casos y nunca mediadora!
19/03/26 8:20 PM
  
Vladimir
El "Fiat" que sostiene el mundo es el de Cristo.
María Santísima es Madre de Dios, pero no deja de ser creatura y, por tanto, sus actos carecen de carácter redentivo.
No sucede igual con Cristo: sus acciones tienen valor redentor, porque El es PERSONA DIVINA.
Es una diferencia ESENCIAL U ONTOLOGICA: SOLO DIOS PUEDE REDIMIR y por razón de su misma naturaleza.
La participación humana en la OBRA REDENTORA DE CRISTO, tiene carácter de "colaboración": Cristo EJECUTA la obra, los demás colaboran con El pero no EJECUTAN junto con El.
19/03/26 9:55 PM
  
gustavo
QUE HERMOSO SENTIR UN HALO DE OXIGENO PURO FILTRARSE ENTRE TANTO HUMO DE AZUFRE QUE SE RESPIRA HOY EN DIA. VIVA MARIA NUESTRA MADRE MEDIADORA Y CORREDENTORA
22/03/26 9:33 PM

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