Raúl González Zorrilla: “Occidente está sufriendo un proceso de autodestrucción cultural, espiritual y moral sin precedentes”

Raúl González Zorrilla, director de La Tribuna del País Vasco, es periodista, editor y analista cultural. Durante más de cuatro décadas ha colaborado con algunos de los medios más prestigiosos del ámbito hispano, aportando siempre una mirada incisiva, rigurosa y comprometida con los valores de la civilización occidental. Como editor, dirige diversos proyectos periodísticos, revistas culturales y medios digitales que en todo momento han apostado por el pensamiento crítico, el ensayo profundo y el análisis contracorriente.

A lo largo de una carrera profesional de casi cuarenta años, González Zorrilla ha abordado cuestiones como el auge de los totalitarismos blandos, la crisis cultural de Europa, la transformación totalitaria de las democracias liberales y la amenaza global de la radicalización islamoizquierdista. Con un estilo firme y elegante, ha sabido combinar la reflexión filosófica con el pulso de la actualidad.

En su nuevo libro, Tatuarse el alma. Apuntes sobre cómo el globalsocialismo ha destruido a Occidente (Ediciones La Tribuna), el autor traza un mapa minucioso, crítico y apasionado de los procesos sociales, políticos, culturales y espirituales que, a su juicio, están conduciendo a Europa y al mundo occidental hacia una lenta y peligrosa autodestrucción. El libro, compuesto por casi medio centenar de ensayos, combina el análisis riguroso con la prosa combativa. Y lo hace sin concesiones.

González Zorrilla es también de autor de los ensayos Terrorismo y Posmodernidad, El shock de Occidente o No deben tener miedo de mí. En el terreno de la ficción ha firmado las obras Qué haces después del caos y El poder del caos.

¿Qué es exactamente Tatuarse el alma y qué lo motivó a escribir este libro?

Tatuarse el alma es un ensayo combativo. Un conjunto de reflexiones críticas y documentadas sobre cómo el globalsocialismo está desmantelando los fundamentos de la civilización occidental. Lo escribí por una necesidad urgente de diagnóstico. Estamos siendo testigos de una transformación profunda —en muchos casos irreversible— que afecta a nuestra cultura, nuestra libertad, nuestra educación, nuestras instituciones, incluso a nuestro lenguaje. No podía permanecer en silencio ante lo que considero una demolición planificada de lo mejor que ha dado Occidente.

¿Por qué el título “Tatuarse el alma”? ¿Qué simboliza?

El tatuaje, en este contexto, es una metáfora. Hemos pasado de marcar el cuerpo —algo superficial— a marcar el alma, es decir, a inscribir en nuestra conciencia ideas, símbolos, lealtades e ideologías que no construyen, sino que destruyen. Se impone una nueva religión civil —la del wokismo, el progresismo fatuo, el fanatismo climático, la ideología de género— que sustituye a la tradición, la razón, la fe y la familia. Y lo hace a fuego lento, como un tatuaje: con dolor, con permanencia, y muchas veces sin que seamos conscientes de su verdadero significado.

En el libro aborda temas como el multiculturalismo, la inmigración ilegal o el odio a Israel. ¿No teme que se le acuse de alarmismo o de mantener posiciones radicales?

Hoy, decir la verdad ya es considerado radical y de “extrema-derecha”. Llevo 40 años trabajando en el País Vasco como periodista, así que estoy acostumbrado a estos insultos… y a cosas peores. Pero lo verdaderamente alarmante es el silencio. No denunciar la violencia ideológica que sufrimos desde las élites, el colapso de nuestras instituciones democráticas, el abandono de nuestras raíces o el odio creciente hacia Occidente por parte de quienes viven de él, eso sí es una forma de suicidio. Yo no pretendo agradar, sino plantear preguntas incómodas y ofrecer un punto de vista que muchos ciudadanos comparten, pero que pocos se atreven a expresar en voz alta.

¿Cree que aún hay esperanza para Occidente o estamos ante un proceso irreversible?

La esperanza existe, pero requiere valentía. Y exige un rearme moral, cultural y espiritual. En el libro hablo de la necesidad de resistir desde abajo, desde la familia, la educación, los pequeños núcleos de pensamiento libre. También hay países, como Hungría, Polonia, Japón o la América profunda, que aún sostienen con firmeza los valores que han sido abandonados en Bruselas, París, Londres o Nueva York. Si Occidente quiere sobrevivir, debe reconciliarse con su identidad y defenderla sin complejos.

¿Qué le diría a un joven que se siente desorientado en esta civilización líquida y desarraigada?

Que no acepte sin más lo que le imponen. Que lea a los grandes pensadores, que busque la verdad, aunque duela, que valore la belleza, la historia, el sentido de pertenencia. Que no confunda libertad con vacío, ni diversidad con desarraigo. Y, sobre todo, que no crea que la destrucción de lo que le precedió es progreso. A veces, la verdadera rebeldía consiste en preservar lo que merece ser salvado.

¿Qué acogida espera del libro?

Sé que no es un libro complaciente, pero creo que impactará en muchos lectores que intuyen, con razón, que algo muy grave está ocurriendo. Mi objetivo no es adoctrinar, sino despertar. Invitar a pensar. Provocar una sacudida. Porque, como decía Chesterton en El Hombre Eterno, “las cosas muertas pueden ser arrastradas por la corriente; sólo las vivas pueden nadar contra ella”.

Por Javier Navascués

3 comentarios

  
Ángel Manuel González Fernández
ESPAÑA DESTROZADA: CUATRO APUNTES
Junio del 2007.
3. “No somos los españoles propicios a la unidad. Señores cada uno en un mundo particular que queremos hacer a nuestro modo; portadores individuales de ideas y soluciones que, en cambio, de continuo estimamos convenientes para todos, sólo, como señaló Menéndez Pelayo, encontramos real unidad en la creencia que por sí sola nos constituye en nación. Por eso la Historia nos muestra cómo en cuanto aquélla nos falta, porque, en quiebra la fe de los que gobiernan, se la ataca desde arriba; en el mismo momento en que Dios empieza a ser relegado de las mentes, comienza inevitablemente para nosotros el proceso artificial, pero tangible, de la disgregación y falseamiento de lo nacional”. “Palabras previas” del libro: Cien años en la vida del Ejército español. Madrid, 1956.

4. “El catolicismo ibérico ha sido bastante más que una confesión religiosa: primero fue la base de la liberación del yugo islámico y, después, de la posibilidad de estar juntos. Nada podía unir Galicia y Cataluña, Andalucía y el País Vasco, Canarias y las Baleares, si no es la fe en el mismo Dios, en la misma Virgen, en los mismos santos, en el Papa y en la Iglesia romana. Es significativo que, entre vosotros, la Inquisición estuviese gestionada por la misma monarquía: se era consciente de que, sin la completa unidad religiosa, no era posible la unidad política. La misma expulsión de los no católicos del Reino respondía a esta necesidad de salvaguardar la compactación de un territorio que de otro modo se hubiera desintegrado. Justamente ése es el riesgo de una España que –abandonada su extraordinaria tradición católica- no tiene ya un cimiento que la tenga unida.
En resumen: En el Pilar de Zaragoza (no por casualidad, el santuario de la Hispanidad) todas las etnias, las lenguas, los intereses ibéricos encontraron un punto de unidad en la misma Madre (y, obviamente, antes aún, en el mismo Padre y también, no se olvide, en el mismo Papa). Ahora, ¿qué valores pueden mantener unida la Iberia húmeda y la seca, la mediterránea y la atlántica, la industrial y la campesina, etc.? En suma, espero que Dios no lo permita -¡y espero equivocarme!-, pero me parece que existe el peligro de una explosión. O, al menos, de una secesión, con –sólo para comenzar- Cataluña y el País Vasco que iniciarán su propio camino. Pero sería sólo el comienzo.
En pocas palabras: para las Españas, volver a encontrar la dimensión católica, se me aparece como la conditio sine qua non para permanecer unidas”: Vittorio Messori. Alfa y Omega, 8 de febrero de 1997, p. 26.

“Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado,
y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir”.
Mt 12: 25// Mc 3: 25// Lc 11: 17.
22/01/26 9:53 AM
  
Juan Mariner
Cortado con la llegada de Trump y sus aliados, Occidente pretende difuminar los Estados nacionales y sus agrupaciones para un logro común: el Nuevo Orden Mundial. Trump y similares son una piedra en su zapato. La lucha es sin cuartel, con balazos a ras de oreja y a tocar.
22/01/26 11:22 AM
  
francisco alias martin13 punto com
A mí me parece que estamos en una época apasionante. En un nivel bastante alto del videojuego que es la vida. Los que sabemos mantenernos con Dios lo pasamos bien (bien al estilo de Sta. Teresa: "o padecer por Ti o morir") y los que no, pues a pasar dolores (nunca mejor dicho) como condenados: sin provecho ninguno. "Todo ocurre para bien de los que aman al Señor" S. Pablo,...
22/01/26 6:34 PM

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