Notario alicantino de 90 años busca donar su valiosa colección de belenes para preservar su legado

José Antonio Romá Riera. Nacido en Alicante hace 90 años, traladado a Murcia muy pequeño, donde cursó sus estudios y la carrera de Derecho para posteriormente ejercer como notario y ha corrido media España por sus diversos destinos profesionales.

Le entrevistamos sobre la colección de 365 belenes, que actualmente obra en su poder y que fue iniciada por su padre, Miguel Romá Pascual, en la década de 1950.

¿Cómo nace en usted el deseo de coleccionar belenes?

Debo aclarar que la colección la fundó mi padre, por lo que también a mí me gustaría haberle hecho esta pregunta. Pero nunca se me hizo algo extraño porque él era fundamentalmente un hombre bueno, correcto, defensor a ultranza de la honradez y del valor de la palabra dada; amante de la familia, no solo de la propia sino del núcleo familiar como base y arraigo.

Desde que llegó a Murcia y vio en la Iglesia de San Miguel el grupo escultórico de la Sagrada Familia, de don Francisco Salzillo, se convirtió en vocero del mismo, impulsando su conservación y difusión.

Si a esas predilecciones sumamos su religiosidad y clara adscripción al catolicismo, para mí era coherente que hubiera iniciado una colección de belenes, en su mayoría representando lo que consideramos el Nacimiento, en forma de figuras, cuadros, insignias y otras representaciones. A su fallecimiento dejó 105 de ellos.

¿Cómo fue adquiriendo los primeros y cómo fue creciendo la colección?

Al morir mi padre, y mientras vivió mi madre, fue ella quien custodió y cuidó esos belenes y nacimientos. Y nosotros, sus tres hijos, respetamos su deseo de no sumar ni restar piezas a la colección, para que nos fuera legada posteriormente tal y como mi padre la había dejado.

Fue al faltar nuestra madre cuando se planteó la cuestión de la forma de continuar aquello. Mi padre también nos legó alguna colección literaria y artística, y los tres hermanos estuvimos de acuerdo en no romper ninguna, de modo que cada hijo recibió una de ellas. Respecto a los Belenes, recuerdo que mi hermana, que era la menor de los tres, llegó un día a mi casa y me dijo: “A ti te han tocado los belenes”.

Creo que no dije ni amén, y me propuse conservarla, cuidarla y en lo posible aumentar algo su número, aunque no muy convencido de lograrlo. O sea, que no hubo un deseo inicial por mi parte de ser coleccionista de belenes, sino que lo consideré más bien una tarea para honrar la memoria de mi padre. Y, sin embargo, al tiempo me fui encariñando con todas y cada una de las piezas, reconociéndoles no solo el valor material que pudieran tener, sino la historia, la labor y el amor de alguien detrás, que entre todas las cosas que pudo hacer, decidió crear esa pieza específica de Jesús, María y José. Y eso, a lo largo y ancho de todo el planeta.

Recuerdo que el primer Nacimiento, el germen de la colección, fue un regalo a mi padre de un antiguo secretario suyo al regresar de un viaje con su esposa durante el cual hicieron una parada en Limoges (Francia), de donde trajeron estas figuras en porcelana esmaltada. En todo caso, la colección fue creciendo con los aportes de familiares y amigos, primero de mi padre, el fundador, y hasta ahora de hijos, nietos y amigos viajeros, que increíblemente dedican un tiempo de sus viajes buscando en lugares remotos esta representación sagrada y familiar y la traen con el mayor respeto y devoción, como un tesoro logrado, muchas veces impensable dadas las latitudes remotas de donde algunos llegan.

¿Cuáles fueron los criterios de selección de los mismos?

Decidí aceptar todos estos tesoros aportados con cariño por tantas personas, considerando que era un motivo de gratitud no solo por la belleza de la pieza en sí, o el valor del trabajo artesanal, sino por el reconocimiento a unas personas que en sus vacaciones dedican un tiempo a buscar un nacimiento, que cargan con él durante el resto del viaje, a veces piezas sumamente delicadas, atravesando fronteras, registros y aduanas varias hasta llegar. Todos merecen formar parte de esta colección.

Recuerdo un matrimonio amigo que en un viaje a EEUU se enamoraron de un nacimiento de figuras de raza negra estando en California. El Niño Jesús tiene su mano diminuta extendida y levantada a la altura de la cabeza; es una pieza extremadamente frágil. La señora sufrió durante el resto de su viaje por si se quebraba esa manita del Niño Jesús con las innumerables paradas, compras, cambios de aviones y trajín de maletas de por medio. Lo mantuvo en un bolsito separado y en la mano todo lo que duró ese viaje. Y llegó intacto, y ahí está.

¿Cuáles de ellos tienen un notable valor artístico?

Por razón del artesano autor, los firmados por Manuel Ortigas Méndez, quien abrió el camino a los belenistas posteriores, ya que en su taller de Murcia, en la actual Calle Torre de Romo del conocido Barrio del Carmen, se formaron los hermanos Griñán que después inundaron la ciudad de Murcia, especialmente la pedanía de Puente Tocinos, y abrieron la artesanía belenística a la exportación a todo el mundo.

Otros artesanos, ya fuera de Murcia, hicieron hermosas figuras, de las que varias piezas únicas figuran en la colección Miguel Romá Pascual.

Dada la diversidad de países de origen, de prácticamente todos los continentes, que figuran en la colección, vale decir aquello de que las comparaciones son odiosas, porque están representados todos los diseños y estilos imaginables.

Puedo señalar un par de ellos por el impacto que me produjeron la primera vez que los vi. Uno, en el taller de Eloy Moreno Navarro en Albarracín (Teruel), que el artesano estaba trabajando en ese momento y yo adquirí conforme estaba, en bruto, en puro barro de Alcañiz, sin dar al artesano la posibilidad de terminarlo, y así sigue en la colección.

Otra fascinación similar me ocurrió en Laguardia (Rioja Alavesa), con la bella obra de Isabel Fenoll, una obra única, por supuesto.

Por contra, también encuentro meritoria la obra de la familia peruana de nombre Estevil según creo recordar; autores de una obra tan acertada como ingente, pues sus variados nacimientos se encuentran por todos los pueblos y ciudades de la cordillera andina.

¿Esperaba llegar a 365 belenes, realmente uno para cada día del año?

Bueno, ya he comentado que heredé 105 belenes, por lo que desde ese momento me propuse aumentar la colección hasta al menos 106. Bromas aparte, los amigos no me dejaron dudas de que aquello iba a crecer, porque rápidamente comenzaron a llegar nacimientos de todo el mundo. Más bien tuve que pedirles que por favor no trajeran belenes grandes o pronto tendría que abandonar mi casa y cederle el sitio al Niño Jesús y sus padres…

En parte me hicieron caso, pero hubo de todo. Algunos no pudieron prescindir de la mula y el buey como estufas del portal, o de los distintos animales que los sustituían según la zona de procedencia, por ejemplo, una llama o un guanaco en los belenes sudamericanos o la adición de vistosos pájaros tropicales.

Pero no creí nunca que se multiplicase tanto. Y es lógico ahora que me sienta orgulloso de mi familia, sin olvidar a los peques, los nietos que con sus pequeñas manos hicieron piezas que aportan ese cariño, esa ternura navideña que de ese modo permanece todo el año. A ellos y a tantos amigos que construyeron esta obra, que Dios los bendiga.

¿Por qué quiere donar la colección y qué requisitos pide al que acepte la donación?

En realidad esto encierra dos preguntas: ¿Por qué pienso desprenderme de ella y por qué pienso hacerlo por donación y no por venta?

Me desprendo de ella para que permanezca cuando yo ya no esté en este mundo. Y es hora ya de tomar esta decisión porque ya he alcanzado una edad provecta. Tampoco es para asustarme, que eso es solo la edad madura…

Y la dono, no la vendo, porque con el cariño que le tengo, para mí sería difícil hallar un comprador que la valorara tan alta como yo lo hago. Prefiero que se haga cargo de ella, de su permanencia y cuidados, con todo el cariño posible. Por eso espero encontrar a alguna persona, sea física o sea una asociación ya existente, que me garantice ese extremo fundamental, y que permita su exposición gratuita al público en un local adecuado, evitando frecuentes traslados y recordando siempre que la colección de piezas de todas las latitudes es una unidad en su diversidad y no puede trocearse.

¿Por qué los belenes pueden ser una magnífica forma de evangelizar?

Cuando veo a uno de mis nietos mirando los belenes y observo su sonrisa, me parece dulcemente ingenua. Pero cuando más tarde miro algún belén hecho por ese mismo niño, con plastilina o similar, ya no pienso en su ingenuidad, sino en que, en su humildad, ha creado una obra que no será un portento de arte, pero que refleja sencilla y muy dignamente el Nacimiento de Cristo. Si la incluyo en mi colección, no aumentará el valor artístico de ésta, pero agrega el tributo de una personita más que nos cuenta la venida al mundo del Redentor. Y no puedo más que recordar las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de Mateo: “Si no os volvéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Todo eso es evangelizar.

¿Qué gracias ha obtenido usted meditando ante un belén?

En una época marcada en todo el mundo por las guerras, el orgullo y la falta de solidaridad, a veces sin ser plenamente consciente, me encuentro contemplando tranquilamente un belén. Me ayuda a revivir el espíritu original de la Navidad, a no olvidar lo esencial, a seguir creyendo que el mundo recuperará los valores, y creo que salgo reforzado a enfrentar los obstáculos del día.

¿Sigue habiendo en España una gran tradición de belenes o se va perdiendo con los años?

Hasta ahora he contestado con mis opiniones puramente personales, subjetivas. Pero para esta última cuestión necesitaría puros datos, estadísticas y demás que escapan a mi conocimiento.

Pero en lo que sí me gustaría incidir al final, como coleccionista de nacimientos de todo el mundo, es en cuánto me gusta observar los detalles que diferencian unos de otros. Ya comenté sobre los animales del portal o la cueva, cómo son personalizados según el lugar de confección del belén, y similarmente los caracteres físicos de las santas figuras son reproducidos a imagen de la población del lugar: hay figuras negras en África, criollas en Hispanoamérica… También la materia empleada en su confección se ajusta a lo que se produce en la zona: maderas de olivo en el Próximo Oriente, mezclas de maderas de diversos colores en el Mato Grosso brasileño, cristal en el Murano veneciano, piedra huamanga y rodocrosita en Sudamérica, feldespato en África central y tantos otros…

Esas diferencias en lo accidental engrandecen la visión de la unidad en lo principal: el nacimiento de Jesús en nuestro mundo, en la tierra de todos.

Las personas interesadas en recibir la donación pueden escribir al correo:

[email protected]

Por Javier Navascués

4 comentarios

  
Josep
a una Fundación religiosa.
06/01/26 3:36 PM
  
Ángeles Vidal Romero
Hace poco estuvimos en Burgos en un viaje familiar , y en la iglesia de San Nicolás de Bari , estaban preparando la exposición de una pequeña colección de belenes que poseen . Quizás le interesaría a ellos ampliarla con los suyos . Hermosa tradición . Un saludo .
06/01/26 4:57 PM
  
Hugo
Si lo más destacable son figuras de Ortigas que son de molde, a nivel económico es una colección que en absoluto es valiosa como dice el titular. Lo que en el belenismo es valioso económicamente son las figuras de palillo, es decir, hechas a mano sin molde. Dudo nadie quiera coger esa obligación de exponer de forma gratuita. Lo que se me ocurre que en la Universidad de la Mística (Ávila) ya hay una colección similar de belenes del mundo y si está abierta al público de forma gratuita, yo contactaría con ellos.
06/01/26 10:39 PM
  
María Hernández
Las clarisas de Carrión de los Condes(Palencia) están organizando un museo sobre Belenes de todo el mundo. Contactad con ellas.
07/01/26 12:45 AM

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