El juicio de Bernanos sobre Lutero
Los 500 años del inicio del protestantismo han dado lugar a numerosas y dispares publicaciones. Lógico. He podido leer, y aprender, con algunas de ellas, como en los libros de Danilo Castellano o de Angela Pellicciari. Hoy quiero llamar la atención sobre un texto que cayó en mis manos por casualidad.
Se trata de un librito, casi folleto, editado por Nuevo Inicio en su colección Perlas y que recoge dos escritos de Bernanos. El primero de ellos, escrito en 1943, se titula Un fragmento sobre Martín Lutero, fue escrito en Brasil y no se publicó hasta que apareció en 1951, tres años después de la muerte del escritor francés, en la revista Esprit.
Dejaré de lado algunos juicios o imprecisiones del resto del librito para centrarme en ese texto que me parece que, tal y como promete el título de la colección, es realmente una pequeña joya. Porque Bernanos consigue algo muy meritorio: penetrar en la psicología de Lutero y, al mismo tiempo, mostrarnos que la tentación a la que el monje alemán sucumbió no es algo que sólo le haya amenazado a él, sino que nos asalta a cada uno de nosotros.
Citaré brevemente a Bernanos en una frase digna de ser enmarcada:
“Lutero y los suyos han desesperado de la Iglesia y quien desespera de la Iglesia, es curioso, termina antes o después por desesperar del hombre”.

Los cristianos perseguidos, por desgracia, han acaparado portadas en los últimos años. Desde los mártires a manos del Estado Islámico hasta los casos derivados por las leyes anti blasfemia en Paquistán, pasando por los atentados terroristas de Boko Haram en Nigeria, lo cierto es que los cristianos hemos sido muy conscientes de los sufrimientos de nuestros hermanos a lo largo y ancho del mundo. Quizás los últimos tiempos hayan visto un cierto alivio, especialmente por las derrotas militares que ha sufrido el Estado Islámico, pero haríamos mal si nos olvidamos de ellos y nos miramos al ombligo de nuestra comodidad.

Si algo está marcando la vida de la Iglesia en estos tiempos son las polémicas doctrinales y en estos debates un punto recurrente es el de la continuidad en el Magisterio y la Tradición de la Iglesia. Quienes defienden ciertas innovaciones juran y perjuran que sus propuestas están en la línea de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia (en el fondo seguimos a Santo Tomás), mientras que sus detractores sostienen que las quiebran. El propio Papa Francisco, para justificar su afirmación de que la pena capital es intrínsecamente mala, ha explicado que




