Vivir en el asombro, el nuevo libro de Rod Dreher

Hay autores que tienen una habilidad especial para abordar los asuntos que conforman la actualidad en cada momento. Luego uno puede estar de acuerdo con ellos o discrepar completamente. Francis Fukuyama es uno de ellos: estoy en desacuerdo con casi todo lo que dice, pero tiene la habilidad de detectar la cuestión disputada del día. Algo similar le ocurre a Rod Dreher: con La opción benedictina abordaba las alternativas que tenían ante sí los cristianos ante un mundo cada vez más hostil, en Vivir sin mentiras, reflexionaba sobre cómo afrontar el «totalitarismo blando» que se cierne sobre nuestras sociedades, y ahora, con Vivir en el asombro. Descubrir el misterio y el sentido en una era secular, se fija en lo que él llama «encantamiento», que sería recuperar una mirada sobrenatural sobre el mundo. Tras décadas (si no siglos) de desencantamiento, de una mirada materialista cerrada a toda dimensión sobrenatural, son cada vez más quienes buscan volver a encantar el mundo, recuperar la certeza de que hay mucho más de lo que ven nuestros ojos. En un momento en que se habla tanto del regreso de los jóvenes a la religión, de necesidad de redescubrir lo espiritual, de récords de bautismos de adultos, incluso de «moda católica», Dreher ha sabido, una vez más, dar con la tecla de la actualidad.



Que la ideología de género es un sinsentido contrario a la más elemental realidad es algo bien sabido. Que además es un timo que algunos aprovechan para sus propios intereses es algo cada vez más evidente.
Aunque ya se sabe que hay que ir con mucho cuidado con eso de las generalizaciones, creo que se puede afirmar que la Iglesia católica, en el último medio siglo, se ha «feminizado», haciendo, por ejemplo, más hincapié en lo emocional y arrumbando algunos aspectos clave que hasta no hace mucho eran profusamente cultivados. Uno de los resultados de este proceso ha sido que una parte muy significativa de los varones jóvenes se alejan de una Iglesia donde les cuesta encontrar su lugar.





