El Arzobispo de Oviedo defiende una acogida «en la medida de nuestras posibilidades» y vinculada a la integración
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«No hago partido, hago política»

El Arzobispo de Oviedo defiende una acogida «en la medida de nuestras posibilidades» y vinculada a la integración

¿Puede un buen cristiano votar a cualquiera? Jesús Sanz Montes lo liga a votar la verdad, la paz, la vida y la libertad, y precisa que a los pastores no les toca el juicio político, sino el moral.

(InfoCatólica) «Una invasión es un forzamiento de una realidad». Con esa definición explica el Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, por qué entiende que quienes entraron indebidamente en Ceuta deberían regresar a sus lugares de procedencia. Lo hace en una entrevista publicada por La Nueva España el 1 de noviembre, en la que repasa sus casi diecisiete años al frente de la Iglesia asturiana y en la que, además de la inmigración, aborda el papel público de la Iglesia, el voto de los católicos ante las próximas elecciones, la relación con los dirigentes políticos asturianos, las vocaciones y el pontificado de León XIV.

El prelado comienza enumerando lo que más le inquieta de Asturias, que define como lo mismo que preocupa «a cualquier ciudadano», desde el desempleo y las listas de espera sanitarias hasta el futuro de los jóvenes y la estabilidad de los mayores. Señala también la enseñanza cuando, en lugar de entenderse como acompañamiento educativo, «se convierte en un arma arrojadiza desde cualquier ideología». Frente a ello, dice encontrar motivos de esperanza en quienes «no han tirado la toalla».

Acoger «en la medida de nuestras posibilidades»

Preguntado por la vivienda y la acogida, Sanz Montes parte de la relación entre caridad y solidaridad: «La caridad, si no es solidaria, no es caridad. Y la solidaridad, si no tiene caridad, puede terminar convirtiéndose en una ideología». Recuerda que las palabras del Evangelio sobre la acogida al extranjero «comprometen a los cristianos» y mantienen su vigencia, pero matiza que abrir la casa no significa que todos quepan en ella, porque los espacios son limitados.

Distingue además entre quienes llegan. Si huyen de hambrunas, injusticias, dictaduras o riesgos para su vida, «habrá que ensancharse para dar cabida a esas personas». En cambio, añade, «si vienen con delitos de sangre a sus espaldas, con violaciones o con pretensiones radicales que pueden ser incluso terroristas, es mejor que no entren». La acogida, a su juicio, no consiste solo en abrir las puertas, sino en ofrecer trabajo, vivienda y escolarización, «siempre que exista una integración en nuestra sociedad».

Sobre la petición de León XIV de prestar especial atención a los menores migrantes, el Arzobispo recuerda que estaba en Canarias cuando el Papa se dirigió a quienes llegaban en cayucos, un gesto que, según explica, ya había querido hacer Francisco sin poder llevarlo a cabo por sus problemas de salud. Resume el mensaje papal como una acogida que exige reciprocidad, y extrae su propia conclusión: «Hay que abrir nuestras puertas en la medida de nuestras posibilidades y ellos también tienen que saber integrarse. De lo contrario, no estamos hablando de una razonable acogida cristiana, sino de una invasión que estamos sufriendo».

Aplicado a Ceuta, Sanz Montes subraya que la ciudad tiene unos 80.000 habitantes y que la entrada repentina de una cifra equivalente de personas «rompería las costuras» de la ciudad. Recurre de nuevo a la imagen de la casa: «Cuando alguien llama a tu puerta y te explica que tiene un problema y necesita ayuda, lo escuchas, lo acoges y, si puedes, lo ayudas. Pero es muy distinto que alguien dé una patada a tu puerta, se instale en tu casa y, además, en ocasiones, cometa fechorías». A esas personas, concluye, «hay que invitarlas, de la mejor manera posible, a que salgan por donde entraron». Recuerda asimismo que Ceuta ha sido históricamente un ejemplo de convivencia entre culturas y religiones.

«Morito», Cáritas y la etimología

El Arzobispo responde también a la polémica por haber empleado el término «morito». Explica que tuvo que aclararlo incluso a algún compañero: «La palabra "moro" procede del griego "mauros", que significa oscuro. En su origen es descriptiva, no un apelativo despectivo o humillante. Decir "morito", como decir "asturianín" o "españolito", no tiene más intención ni significado». A su entender, lo ocurrido fue que se quiso «retorcer el significado» o se ignoró la etimología.

Ante la observación de que tres de cada cuatro hogares atendidos por Cáritas en Asturias están formados por personas migrantes, afirma que, cuando ha explicado sus palabras, algunos le han dicho que no lo sabían y que se les había contado algo distinto. Califica su relación con Cáritas de «excelente» y la describe como «la expresión más amable de la solicitud de la Iglesia», uno de los tres pilares de toda comunidad cristiana junto a la liturgia y la formación.

«No hago partido, hago política»

Sanz Montes se refiere a su reciente intervención en el Senado, donde afirmó que hace política siempre que puede. Precisa que el debate de fondo era si Dios puede estar presente en la sociedad «o si debe considerarse un intruso al que hay que expulsar», y que entonces añadió: «No hago partido, hago política». Apela a la raíz griega polis para explicar que, como ciudadano, se siente llamado a construir la ciudad, no desde un programa político, porque no milita en ningún partido, sino desde unos valores a los que dice no poder renunciar, «la paz, la convivencia, la verdad, la libertad, la vida y la familia».

Esos valores, señala, marcan «determinadas líneas rojas que no deberían traspasarse». Y advierte: «No podemos utilizar la historia de un pueblo como un arma para reabrir heridas que estaban cicatrizadas, sencillamente para jalear el ambiente y volver a enfrentar a una sociedad. En España tenemos experiencia de lo que eso puede significar».

Sobre la polarización, a la que define como «una mirada corta y mezquina», rechaza que él contribuya a ella y pide que se le explique en qué: «Si digo que creo en la verdad, en la paz, en la libertad y en la vida, y eso es polarización, pues lo siento». Niega igualmente que sus críticas a Pedro Sánchez supongan un posicionamiento a la derecha y asegura que cuida que el ambón no se convierta en tribuna política: «Yo jamás pongo nombres de personas ni siglas políticas. Son las personas que se sienten aludidas las que luego se retratan, no porque yo les haya hecho la fotografía». Si defiende la vida, añade, quienes propician la muerte de una persona no nacida o de un enfermo terminal «pueden sentirse aludidos».

El voto del buen cristiano

El Arzobispo, que el año pasado pidió en una homilía elecciones anticipadas, espera ahora que de los comicios convocados salga, «sin ningún tipo de zancadillas ni trampas», un gobierno capaz de afrontar los problemas de España. Distingue entre unas elecciones limpias y aquellas en las que puede haber «pucherazos, trampas y campañas» orientadas, dice, a «perpetuarse en la poltrona o a intentar ocuparla».

Preguntado directamente sobre si se puede ser buen cristiano y votar a Pedro Sánchez, responde: «Se puede ser buen cristiano si se vota la verdad, la convivencia, la paz, la vida y la libertad. Ese es el voto del buen cristiano. Si alguna persona o formación política transgrede o contradice esos valores, creo que un buen cristiano debería elegir a quienes estén más cerca de lo que es la moral cristiana». Y precisa el alcance de su intervención: «A nosotros, como pastores, no nos corresponde hacer un juicio político, sino un juicio moral». Anuncia además que la Conferencia Episcopal Española prepara una nota que espera que se publique antes de las elecciones.

Tampoco le inquieta que sus posicionamientos alejen a creyentes que piensan distinto. Si tuviera una visión electoralista, explica, haría «encaje de bolillos» para no perder a nadie, pero su intención es «educar, acompañar e iluminar» desde una tradición a la que pertenece. Si alguien se aleja o le afea expresiones, «lo acepto deportivamente. Pero nada más».

Sobre la ausencia, un año más, de Adrián Barbón y Adriana Lastra en la misa de Covadonga, describe la relación como «institucionalmente correcta» y considera que «sería bueno» que acudieran. Recuerda que él asiste a los actos de la judicatura, del Parlamento asturiano o de cualquier ayuntamiento, y que a quienes entran en la Catedral o en la basílica de Covadonga no se les pide «que reciten el credo ni les hacemos un examen de catequesis». Si no van, concluye, «que expliquen ellos por qué no quieren ir».

Parroquias, laicos y la complementariedad

Con 934 parroquias y un número muy inferior de sacerdotes, la diócesis se organiza en unidades pastorales, un modelo que, según el Arzobispo, también existe en otras diócesis españolas y europeas. «Hasta hace no tantos años, el cura lo era todo», reconoce, pero la realidad ha enseñado que «lo verdaderamente importante es el pueblo de Dios», con sus tres vocaciones de pastores, religiosos y laicos. Las parroquias se agrupan sin disolver ninguna y se atienden mediante unidades presididas por un sacerdote o un diácono, con la participación de religiosas y laicos.

Preguntado por el papel de la mujer, afirma que el machismo «ha hecho mucho daño a la Iglesia y a la sociedad entera», pero añade que «no se cura con el feminismo, porque en el fondo es pretender gestionar la misma injusticia desde la parte contraria». Frente a ello propone «una convivencia complementaria» en la que hombre y mujer, siendo diferentes, aporten «cada uno su genialidad».

De ocho a 36 seminaristas

Sanz Montes percibe un retorno de los jóvenes a la Iglesia, visible a su juicio en los encuentros con el Santo Padre. Describe una generación sin los prejuicios de las anteriores, que «muchas veces no sabían absolutamente nada de Dios» y que, al conocer el Evangelio y la tradición de los santos, decide quedarse: «Estamos viendo adhesiones de jóvenes que no solamente regresan a la Iglesia, sino que entran en ella por primera vez».

El dato que aporta es el del seminario. Cuando llegó a Asturias había ocho seminaristas; hoy son 36, y en estos años ha ordenado a 54 sacerdotes. Como antiguo profesor universitario, imparte además clase a los alumnos del último curso.

Sobre León XIV, con quien comparte año de nacimiento, sostiene que pone acentos distintos a los de Francisco, como este los tenía respecto a Benedicto XVI o San Juan Pablo II, pero rechaza que se trate de una rectificación: «Diferir no significa contradecir». Ninguno de ellos, afirma, dice cosas que contradigan el Evangelio y la tradición.

En cuanto a la puesta en venta de propiedades en la zona rural de Gijón por valor de 1,5 millones de euros, explica que los recursos permitirán invertir en otras necesidades, entre ellas una nueva misión de la Iglesia asturiana en el Tercer Mundo. Las operaciones, precisa, se estudian en el Consejo de Asuntos Económicos de la diócesis, que preside y del que forman parte catedráticos, empresarios, juristas, arquitectos y especialistas en fiscalidad.

«Me equivoco con mucha frecuencia»

La entrevista se cierra con autocrítica. Preguntado por si se equivocó en el tono de alguna polémica, admite: «Yo me equivoco con mucha frecuencia, como cualquier otro mortal». Reconoce que a veces publica un mensaje en X y después piensa que habría evitado alguna palabra «a la vista de lo que ha provocado», y lo enmarca en el acto penitencial de la misa, en el que los cristianos piden perdón por pensamientos, palabras, acciones y omisiones.

En plenas celebraciones de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, dice que le gustaría ser recordado como él recuerda a quienes le hicieron el bien, por palabras y ejemplos que ayudaron a mejorar. Como asunto pendiente señala disponer de más recursos, «personales y de humanidad cristiana», para estar a la altura de quienes llaman a su puerta en busca de ayuda.

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