(kath.net/InfoCatólica) El aumento del número de adultos que piden el bautismo en las ciudades del este de Alemania ha sido recibido con escaso entusiasmo por los responsables de la pastoral de la Conferencia Episcopal Alemana. «Todavía no se ha tocado fondo. Experto pastoral: más bautismos de adultos no suponen un cambio de tendencia», tituló el portal katholisch.de, al que la periodista Petra Lorleberg llama con ironía el portal oficialmente no oficial de la Iglesia católica en Alemania.
El artículo de katholisch.de resumía una amplia colaboración del experto en pastoral Hubertus Schönemann, director de la Oficina Católica de Pastoral Misionera (KAMP) de la Conferencia Episcopal Alemana, publicada en el portal Feinschwarz.net.
Catecúmenos que no se dejan integrar
«Las nuevas incorporaciones no pueden compensar la ruptura causada por las salidas de la Iglesia, la demografía y los bautismos que no se celebran», escribe Schönemann, que además anota: «Los catecúmenos recorren en su mayoría de forma intensa su camino de fe individual. Apenas se dejan integrar en una comunidad litúrgica clásica». Esa idea quedó recogida también en el texto de katholisch.de.
El artículo del portal concluía así: «A la vista de la tensa situación financiera de las diócesis del este de Alemania y de la previsible escasez de personal a tiempo completo, Schönemann exhorta en su colaboración a buscar soluciones sostenibles que cambien la práctica eclesial». Como ejemplo, citaba la diócesis de Magdeburgo, que con formas alternativas de dirección de las parroquias habría «avanzado ya de manera experimental» hacia una Iglesia de participación de otro tipo.
En su comentario, Lorleberg responde a esa conclusión con un dicho alemán equivalente a decir que se ve venir lo que se pretende: «Ruiseñor, te oigo venir».
La comisión de festejos llena, el círculo bíblico vacío
En la página de Facebook de katholisch.de aparecieron críticas que merecen atención. Uno de los usuarios escribió que no se puede «compensar de la noche a la mañana la renuncia, durante décadas, a la transmisión de la fe», porque «todo» había estado mal visto: «la información sobre la fe, la evangelización, la presencia misionera, la liturgia, etc. A nivel parroquial, la comisión de festejos llena, el círculo bíblico vacío. Durante un tiempo el folclore sobrevivió, hasta que también ahí se hizo patente la ruptura de la tradición (que Roma, al menos, también ha diagnosticado)».
Otro usuario sugería que quizá habría que plantear las cosas de modo que también las personas que recorren intensamente su camino de fe encuentren un lugar en las parroquias.
Lo que ya dijo el obispo de Passau
Lorleberg recuerda que el obispo de Passau, Mons. Stefan Oster, ya había señalado en primavera, en una entrada de su blog, signos de renovación más allá del Camino Sinodal. Entre ellos enumeraba «los numerosos bautismos de jóvenes adultos en Francia, en Bélgica, en la Suiza occidental; el significativo descubrimiento o redescubrimiento de la fe católica, mayoritariamente por parte de varones jóvenes, en Inglaterra y en Estados Unidos; la búsqueda de una identidad de fe por parte de los jóvenes también entre nosotros».
Oster resumía después, con desencanto, que ese «creciente interés también existe entre nosotros», pero que, «a diferencia de otros países, el establishment católico de aquí se pregunta: ¿de verdad queremos tenerlos? Porque en su mayoría no son interesados que se dejen mover por los temas del camino sinodal, sino evidentemente, con mucha más frecuencia, personas que buscan profundidad, una espiritualidad auténtica y existencial, la belleza de la liturgia, la confrontación intelectual con la gran tradición. Es decir, por utilizar la palabra incriminada, más bien conservadores».
La periodista cierra su texto con una sola expresión latina: quod erat demonstrandum.
Los conversos arden por Jesucristo
Uno de los lectores que comentaron el texto, que asiste a una catedral del este de Alemania, cuenta que en su templo aparece casi cada semana alguien interesado en hacerse católico, casi siempre jóvenes de un entorno completamente alejado de la Iglesia, atraídos por una Misa católica celebrada como es debido. A su juicio, la persona típica que llega a la Iglesia en los últimos años arde por Jesucristo y por la Iglesia, tiene entre 15 y 25 años, siente un anhelo por la Eucaristía y busca la comunión con otros creyentes. Si, como escribe Schönemann, apenas se integran en las comunidades litúrgicas clásicas, concluye, es porque esas comunidades funcionan a menudo como una asociación mundana, mientras que en una comunidad reunida en torno a la oración, los sacramentos y la fraternidad se integran con mucho gusto.








