Fallece Donna Steichen, la periodista que destapó la infiltración del feminismo radical en la Iglesia

Muere a los 97 años la autora de Ungodly Rage

Fallece Donna Steichen, la periodista que destapó la infiltración del feminismo radical en la Iglesia

Madre de cuatro hijos y militante provida en Minnesota, dedicó doce años a investigar el movimiento de espiritualidad feminista dentro del catolicismo. Asistió con su grabadora a rituales wiccanos en los que participaban religiosas y documentó sus vínculos con el marxismo.

(Catholic World Report/InfoCatólica) La escritora estadounidense Donna Steichen, autora de «Ungodly Rage: The Hidden Face of Catholic Feminism», el libro que puso al descubierto la infiltración del feminismo radical en la Iglesia católica de Estados Unidos, falleció el pasado 21 de octubre a los 97 años.

La obra, publicada por Ignatius Press en 1991, fue fruto de más de una década de investigación sobre la participación de católicos, y en especial de religiosas, en el movimiento de espiritualidad feminista. Un episodio ocurrido en 1985 resume el espíritu con el que Steichen afrontó aquel trabajo.

Una grabadora ante el caldero

Aquel año, Steichen asistió a un congreso celebrado en Mankato, en el estado de Minnesota, en el que un grupo de mujeres se reunió en círculo en torno a un caldero humeante. Muchas de las participantes eran religiosas católicas en activo o antiguas religiosas. Habían pasado el fin de semana debatiendo sobre la mujer y la espiritualidad, y aquel servicio «en la tradición wiccana diánica» era uno de los momentos culminantes del encuentro.

Poco importaba que el humo que salía del caldero fuera hielo seco: las mujeres se tomaban muy en serio la invocación de los cuatro puntos cardinales para enviar pensamientos malévolos hacia Washington. Su objetivo era hacer fracasar un proyecto de ley que se tramitaba en el Congreso.

«Mamá estaba sentada a un lado con su grabadora y su cuaderno, apuntando todo lo que observaba y escuchaba», recuerda su hija, Laura Berquist. «A la facilitadora del taller no le hizo ninguna gracia. Se acercó a mamá y le dijo que todo el mundo tenía la obligación de participar».

«Mi madre le sonrió y le dijo: No, estoy perfectamente a gusto sentada aquí mirando. Se quedó exactamente donde estaba, con la grabadora encendida, y siguió tomando notas. Mamá no era una persona que se dejara intimidar».

Ese incidente, según su hija, ilustra a la perfección el carácter combativo que convirtió a aquella mujer menuda y de modales exquisitos en una fuerza a tener en cuenta.

Desertar sin marcharse

Madre de cuatro hijos, Steichen había militado en el movimiento provida, en la educación religiosa católica y en otras causas antes de que una conferencia de la teóloga feminista católica Rosemary Radford Ruether la impulsara a investigar lo que Berquist llama «la herejía y la malevolencia» que había detrás de la postura radical de Ruether.

Artista de talento, Steichen comprendió pronto que, además de criar a sus hijos, solo podría hacer bien una de dos cosas: pintar o escribir. Decidió que podía servir mejor a la Iglesia escribiendo, y así lo hizo: publicó en el periódico de su diócesis y redactó folletos provida. Entre 1980 y 1986 fue vicepresidenta y después presidenta de la Liga Católica en Minnesota. Durante años condujo además un programa de televisión local que utilizó como tribuna para defender la vida y tratar cuestiones católicas.

Pero el discurso inaugural de Ruether en la reunión del Año Internacional de la Mujer celebrada en Minnesota en 1977, en el que identificó expresamente la teología feminista como una rama de la teología marxista de la liberación, marcó un nuevo rumbo. A partir de entonces, Steichen dedicó doce años a investigar y escribir sobre el feminismo y, en particular, sobre la implicación de católicos en el movimiento de espiritualidad feminista. En el camino descubrió sus vínculos con el marxismo, el aborto, el paganismo y el ocultismo.

El libro fue «pionero», explica Berquist, «porque dejó al descubierto la intención del movimiento feminista de desertar sin marcharse». «Mamá asistía a los congresos del Año Internacional de la Mujer y se quedaba atónita al oír a aquellas señoras decir abiertamente que se oponían a la Iglesia y a su doctrina, pero que no la abandonarían. Al contrario, intentarían desmantelarla desde dentro».

Steichen observó que las feministas seculares se habían vuelto en gran medida menos estridentes en los años ochenta, pero que las feministas religiosas, a menudo bien financiadas por sus propias órdenes, eran el último bastión. Se veían a sí mismas como «agentes de cambio», embarcadas en una «larga marcha a través de las instituciones» que transformaría la Iglesia para adaptarla a su nueva visión, escribió.

Peluca y apellido de soltera

Steichen tenía un cuidado extremo en citar las palabras exactas y en respaldarlas con documentación escrita que dijera lo mismo. Las feministas radicales a las que investigaba «la odiaban», recuerda Berquist, pero «no podían hacer nada al respecto, porque era muy cuidadosa en ceñirse a los hechos observados y a la palabra escrita». Cuando le negaban la entrada a los congresos que cubría, se ponía una peluca y usaba su apellido de soltera en la acreditación de prensa.

Desde el congreso de Mankato informó de que había camisetas y pegatinas con lemas de amor a la Diosa y juegos de palabras en honor de Isis, y chapas publicitarias que bromeaban con el aquelarre. Y, «pese a la negación unánime de cualquier relación entre la brujería y el satanismo, un anuncio de una serie de cinco carteles para altar incluía dos que representaban al Dios, una figura masculina con cuernos y barba indistinguible de las imágenes tradicionales de Satanás».

Un incendio salido del infierno

Aunque salpicaba sus crónicas de humor, Steichen tenía muy claros los males que denunciaba y sus consecuencias. «El feminismo católico se está extendiendo por la Iglesia católica estadounidense como un incendio forestal salido del infierno», escribió.

Ya había visto el daño social causado por un movimiento que tenía como fin «derribar la estructura de la familia y de la sociedad», según explicó a Catholic World Report. «La mayoría de la gente entiende que significa que estás a favor de las mujeres, o que crees que las mujeres tienen derecho a recibir una educación o que son tan inteligentes como los hombres», dijo. «Pero no se trata de eso en absoluto». Marx y Engels, explicaba, «vieron que la familia chocaba con su visión de la sociedad… no se puede cambiar la sociedad sin deshacerse de la familia». Y qué mejor forma de acabar con la familia que sacar a las madres del hogar.

Steichen veía una larga lista de males que acompañaban y seguían al feminismo radical: el aborto, la anticoncepción, el divorcio, la pobreza, el abandono, la homosexualidad y el daño a las instituciones sociales y religiosas. En el centro de todo estaba la ira impía que daba título a su libro, y que ahora campaba a sus anchas dentro de la Iglesia. «Las feministas religiosas, e incluso las seculares, quieren derrocar a Dios», afirmó.

Como agentes de cambio, las feministas católicas tuvieron un éxito notable en la subversión de parroquias, liturgias y escuelas parroquiales. «Contemplar toda la devastación de una vez resulta casi abrumador», escribió en su libro. «¿Dónde, nos preguntamos, están nuestros pastores? ¿Cómo pudo Dios permitir que esto ocurriera?».

Ella misma respondió a su pregunta con la franqueza que la caracterizaba: «Los desórdenes inmediatos no son obra de Dios. Se derivan del encuentro entre revolucionarios religiosos que rechazan la autoridad y responsables eclesiásticos que renuncian a ejercerla. […] Porque aquellos que tienen el encargo de custodiar la verdad han permitido que el error se extienda sin control, este ha crecido y ha hecho metástasis hasta alcanzar sus actuales proporciones catastróficas».

Más libros y la causa de la vida

El libro se convirtió en un éxito inesperado, y durante los 35 años siguientes Steichen fue una conferenciante muy solicitada en el circuito internacional. Colaboró con numerosas publicaciones, entre ellas Catholic World Report y Latin Mass.

Escribió y editó otros dos libros, ambos publicados por Ignatius Press. «Prodigal Daughters: Catholic Women Come Home to the Church», de 1999, fue una continuación esperanzada de su primera obra, con los retratos de diecisiete mujeres de la generación del baby boom que abandonaron la Iglesia y regresaron a ella. «Chosen: How Christ Sent Twenty-Three Surprised Converts to Replant His Vineyard», de 2009, incluía los perfiles de conversos como Elizabeth Fox-Genovese, Steven Mosher y Joseph Pearce, entre otros.

La defensa de la vida siguió siendo siempre una prioridad para ella. «A lo largo de su vida, Donna fue una defensora incansable de la reforma social, especialmente en defensa de los indefensos», afirma su hija Peggy. «Utilizó sus dones como escritora y conferenciante para promover los derechos de los no nacidos, los discapacitados y los ancianos. Nunca reacia a señalar el error y siempre celosa de la verdad, Donna escribió con claridad y convicción sobre una amplia gama de cuestiones relacionadas con la vida humana, la teología católica, la catequesis, la educación y, sobre todo, las políticas provida».

Steichen siguió escribiendo y dando conferencias pasados los noventa años. El pasado mes de julio participó como invitada en el pódcast «Light of Faith» de su hija Laura, donde habló con la elocuencia de siempre sobre el papel de la mujer en el mundo actual, un papel que, según dijo, va mucho más allá de «vivir como un hombre sumamente exitoso».

El Rosario, la educación en casa y la enseñanza fiel

La última sección de «Ungodly Rage» se titula «Cómo podemos sobrevivir como católicos hasta que se restablezca el orden». La solución de Steichen era el Rosario, la educación en casa y una enseñanza católica fiel.

Ella y su marido, LeRoy, que falleció en 2022 a los 99 años, fueron de los primeros benefactores del Thomas Aquinas College de Santa Paula, en California, al que enviaron a su hija Laura cuando abrió sus puertas en el otoño de 1971. Con el tiempo enviarían allí a tres hijos y a quince nietos, y hoy estudian en esa institución dos bisnietos de la familia. Uno de sus yernos dirige actualmente el college.

«Creía firmemente que una educación que respete el significado de la verdad bajo la guía de la Iglesia católica era y será siempre el antídoto contra la decadencia moral e intelectual», asegura su hija Peggy. «Donna fue una de las primeras portavoces extraoficiales del Thomas Aquinas College. Con artículos, conferencias y de boca en boca, defendió su programa de artes liberales clásicas basado en los Grandes Libros. Siempre decía que le habría encantado estudiar allí si hubiera existido antes».

Steichen se convirtió también en una ferviente defensora de la educación en casa. «No dejaba de sugerirnos que educáramos a nuestros hijos en casa», escribió Berquist el año pasado. «Estaré eternamente agradecida a mi madre por orientarnos en esa dirección». Steichen escribió en 1994 la introducción del libro de su hija sobre cómo diseñar un plan de estudios clásico, y al año siguiente Berquist fundó Mother of Divine Grace, un programa de educación en casa de alcance nacional que hoy atiende a más de 2.500 familias. Esta y otras organizaciones similares acompañan a más de 3,4 millones de alumnos educados en casa en Estados Unidos.

Casi cuarenta años después de la publicación de su libro, la educación católica fiel, el antídoto de Steichen frente al incendio de la influencia feminista de inspiración marxista en la Iglesia, vive un auge, mientras sigue cayendo la matrícula en la escuela pública. Cientos de escuelas católicas clásicas forman hoy a sus alumnos en la verdad, y esos jóvenes llenan las universidades católicas, se casan y contribuyen a un renacimiento de la vida familiar católica. La vida católica fiel parece estar saliendo de las catacumbas, como decía la propia Steichen.

Más actual que nunca

La filósofa y escritora católica Carrie Gress leyó el libro en los años noventa. «Me abrió los ojos», afirma, «y me ayudó a entender las terribles tendencias que había en la Iglesia en aquel momento». Gress, que ha escrito extensamente sobre el feminismo, al que ha calificado de «más dañino que el comunismo», volvió a leerlo en 2016: «Me sorprendió gratamente que todo aquello sobre lo que había escrito prácticamente hubiera desaparecido. El izquierdismo radical, las mujeres que querían ser sacerdotes, resultaba tan poco atractivo y tan estéril que simplemente había desaparecido del mapa en la mayoría de los lugares».

Sin embargo, apenas diez años después, Gress advierte de que «parte de ello está resurgiendo». Como prueba cita un extenso reportaje de más de 5.000 palabras publicado el 18 de octubre por el Chicago Tribune sobre mujeres que desafían a la jerarquía católica para hacerse sacerdotes. «Mucho de esto se debe a la confusión que existe hoy en la Iglesia sobre el feminismo», señala. «Sospecho que veremos más de esto con el tiempo si la Iglesia sigue titubeando en la cuestión del feminismo». Por eso, concluye, el libro de Steichen es más relevante que nunca: «Conocer lo que escribió Steichen es un excelente punto de partida para ayudar a las mujeres a no volver a caer en esta trampa».

Berquist coincide: «Con frecuencia me encuentro con jóvenes católicos, a menudo padres católicos jóvenes, que no sabían que la Iglesia tuviera una postura sobre la asistencia a la Misa dominical o sobre la anticoncepción. No se les enseñaron las doctrinas más fundamentales de la Iglesia en sus colegios católicos ni en sus programas de formación religiosa». Para ellos, el libro de su madre «explica cómo hemos llegado hasta aquí y muestra lo que tenemos que hacer en el futuro».

La consigna de Steichen era quedarse y luchar, en lugar de abandonar la Iglesia por desánimo. En julio aseguró que el consejo que había dado tres décadas antes seguía siendo válido. De hecho, advirtió, «la situación es aún peor, mucho peor», y citó el «grave peligro» que la ideología transgénero supone para la familia.

La mujer fuerte

En aquella última entrevista en el pódcast, la voz de Steichen sonaba firme pese a su salud deteriorada, y conservaba su ingenio al hablar de la maternidad, el aborto o la jueza Amy Coney Barrett. Su hija la presentó, con la voz quebrada, comparándola con la mujer fuerte de las Escrituras: «La mujer que teme al Señor merece alabanza. Dadle del fruto de sus manos, y que sus obras la alaben en las puertas» (Proverbios 31, 30-31).

«Vaya, no hay nadie con quien prefiera ser comparada antes que con la mujer fuerte de los Proverbios. Ahora quizá debería despedirme», bromeó Steichen. Cuando Donna Steichen se despidió definitivamente la semana pasada, la revista Regina lo resumió con sencillez: «Ha muerto una gran mujer».

2 comentarios

Juan Mariner
La infiltración en la Iglesia es a todos los niveles, por desgracia en los más altos. El poder "espiritual" de la Iglesia Católica, la única verdadera, es exorbitante y otros poderes tratan de controlarlo, pero no se pueden poner puertas al campo.
31/10/26 10:36 AM
Jordi
El EEUU, por influencia cultural inglesa, fue más de Wicca (brujería y Nueva Era), en España más de budismo zen y teología de la liberación, junto con nacionalismo.

Tiene razón con el renacimiento de esta herejía, pero el problema sólo es de León XIV, quien fue electo por el cónclave y el aceptó la posición como pontífice, con todas las consecuencias que ello implica.
31/10/26 3:33 PM

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