(InfoCatólica) El Cardenal Gerhard Ludwig Müller no ve en el Camino Sinodal alemán nada que reformar, sino algo que detener. El que fuera prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe sostiene que los documentos aprobados en Alemania carecen de valor para el Magisterio, que la Iglesia no es un sínodo permanente y que «no hay lugar para las banderas arcoíris en la Iglesia».
Las declaraciones forman parte de una entrevista difundida el 21 de octubre dentro de Dispatches, la serie de conversaciones del James Cardinal Gibbons Institute for Human Ecology, conducida por Jan Bentz. En ella, el antiguo obispo de Ratisbona se refiere también al pontificado de León XIV, a la herencia de Francisco y a la reciente consagración de obispos sin mandato pontificio por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
«La Iglesia, en cuanto Iglesia, no es un sínodo permanente»
Preguntado por si el Camino Sinodal se ha convertido en un método para transferir autoridad del clero a los laicos, el Cardenal Müller rechaza la premisa misma del proceso. «La sinodalidad es solo una ficción desarrollada en los últimos tiempos», afirma. Y prosigue: «Hay una Iglesia, la Iglesia católica instituida por Jesucristo, la "Iglesia una, santa, católica y apostólica", y hay sínodos, hay concilios. Pero la Iglesia en cuanto Iglesia no es un sínodo permanente».
El Cardenal atribuye a Hans Küng la idea de una Iglesia entendida como concilio permanente y recuerda que concilios y sínodos son acontecimientos especiales, convocados para situaciones especiales. «La vida normal de la Iglesia está en la predicación del Evangelio, en vivir según el camino de Jesucristo, en vivir como cristiano en la familia, en tu profesión, en los santos sacramentos y en la liturgia. Eso es la Iglesia, y no necesitamos un concilio permanente para hablar de ello».
Para el estudio de la teología, añade, están las facultades de Teología. Y frente a quienes invocan la asistencia divina para respaldar el proceso, advierte que «el Espíritu Santo no es la garantía de ideas extrañas desarrolladas por personas para introducir la ideología LGBT en Alemania».
El cuerpo, «un don de Dios»
Müller defiende la unicidad del matrimonio entre un hombre y una mujer y niega que la sexualidad pueda cambiarse. «Cambiar la sexualidad no es posible; solo daña tu cuerpo. Tu cuerpo te ha sido dado: un cuerpo masculino o femenino es un don de Dios para ti. Pertenece a tu propia persona». Frente al dualismo de Descartes, el purpurado sostiene que el ser humano existe en su espíritu y en su cuerpo, en una unión sustancial que no admite separación.
Su reproche principal al proceso alemán es la ausencia de Dios en los debates. «En este camino sinodal en Alemania, y no es solo mi observación, sino la de personas que estuvieron presentes, no se habló de Dios, de la revelación, de Jesucristo, el único Salvador», afirma. «Hablaron solo de esta moderna, moderna ideología del wokismo».
El Cardenal enumera lo que, a su juicio, el Camino Sinodal no puede negar, como la Trinidad, que Dios es amor y único Salvador, la esperanza más allá de la muerte y la gracia para vivir la vocación sacerdotal, religiosa o matrimonial. Y concluye: «Y por tanto hay que detenerlos».
Sin valor para el Magisterio
Sobre los textos aprobados, el juicio del Cardenal Müller es tajante. «Estos documentos que han publicado no tienen sentido; no hay en ellos ningún valor para el Magisterio. Son solo una colección de algunas ideas que se pueden leer en cualquier periódico, y nada está fundado en la Biblia, en la antigua tradición, en los grandes autores de la tradición católica».
Como referentes, el purpurado cita a San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Buenaventura, Duns Escoto y San John Henry Newman, junto a Santa Teresa de Calcuta y a quienes dieron la vida frente a las dictaduras ateas totalitarias de Rusia, la Alemania nazi y China. «Estos son los santos, los mártires y los doctores de la Iglesia; ellos deben ser nuestros guías». Frente a ellos sitúa a Judith Butler y a «toda esta ideología LGBT y woke, que es básicamente una comprensión atea».
De ahí la frase que ha recogido buena parte de la atención: «Y no hay lugar para las banderas arcoíris en la Iglesia. Adoramos solo a Jesucristo en la Cruz, der Gekreuzigte, y no los símbolos del ateísmo, la bandera de la cruz gamada negra o la bandera roja de la Unión Soviética. Esas no son nuestras banderas. Nuestra bandera es la Cruz de Jesucristo, el único Salvador del mundo».
León XIV, sucesor de Pedro
Bentz le plantea si el pontificado de León XIV, que hasta ahora describe como prudente y conciliador, supone una corrección de los anteriores o una continuidad. El Cardenal responde desde la naturaleza del ministerio petrino. «El Papa actual no es el sucesor del Papa anterior, sino sucesor de San Pedro. Es solo cronológicamente el sucesor del Papa que le precedió, y eso no tiene importancia teológica».
La misión del Pontífice, explica, se define por las palabras de Cristo a Pedro, «Tú eres la roca; sobre esta roca edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18), y por el encargo de confirmar a los hermanos (Lc 22,32) en la fe de que Jesucristo es «el Mesías, el Cristo, el mediador, el único mediador entre Dios y todos los seres humanos».
Francisco y la clave de la continuidad
El Cardenal reconoce que en algunos documentos del pontificado anterior hubo «mucha incomprensión», porque Francisco se presentaba como un hombre práctico y de símbolos, mientras que Benedicto XVI era «un hombre de buena doctrina». Las dudas, precisa, se referían a cuestiones prácticas, como la bendición de personas fuera del matrimonio o el acceso a la comunión de quien no está en estado de gracia santificante, y no se plantearon en documentos de nivel definitorio. «Pero no hay ninguna afirmación de que esto sea posible en contra de la doctrina de la Iglesia».
Como criterio de interpretación, Müller invoca las palabras del propio Francisco. «El Papa Francisco decía siempre: "No cambiaré; no puedo cambiar la doctrina, el dogma de la Iglesia". Y por tanto se nos permite interpretarlo en el sentido y la unidad de la Tradición plena y de la Sagrada Escritura».
La Conferencia Sinodal, pendiente de Roma
Las palabras del Cardenal llegan con el proceso alemán a la espera del Vaticano. El Camino Sinodal celebró su sexta y última asamblea plenaria en Stuttgart a finales de enero de 2026, donde se aprobaron los estatutos de una «Conferencia Sinodal» permanente de obispos y laicos, destinada a seguir aplicando las resoluciones sobre bendiciones a parejas del mismo sexo, el papel de la mujer y el gobierno de la Iglesia.
Los estatutos se remitieron a Roma a finales de marzo y siguen en estudio en varios dicasterios, sin aprobación. La primera reunión de la Conferencia, prevista para el 6 y 7 de noviembre en Stuttgart, se ha aplazado, y el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el Obispo Heiner Wilmer, ha indicado que hará falta más tiempo. Algunas diócesis alemanas ya han publicado orientaciones que aplican textos sinodales, también sobre bendiciones, mientras otras se han negado, y la Santa Sede ha mantenido que ningún órgano nacional permanente puede situar la toma de decisiones conjunta de laicos y clérigos por encima de la conferencia episcopal ni en pie de igualdad con ella.
En la misma entrevista, el Cardenal Müller se refiere a las consagraciones episcopales de la Fraternidad San Pío X. «La ordenación de un obispo contra el Papa es un cisma. No hay duda al respecto», afirma, aunque considera posible la reconciliación si sus miembros vuelven a la Iglesia y aceptan «la autoridad del Papa, el Papa León XIV».








