(AIN/InfoCatólica) La casa en la que San Carlos de Foucauld quiso ser testigo de Cristo en pleno Sáhara está preparada para acoger de nuevo una comunidad religiosa, pero quienes desean habitarla no consiguen llegar. Diego Sarrió Cucarella, obispo de Laghouat, asegura que no faltan religiosas dispuestas a instalarse en Tamanrasset y que el obstáculo es solo administrativo, porque no logran obtener los visados. Confía en que la reciente visita del Papa León XIV a Argelia ayude a resolverlo.
Desde los primeros monjes de Egipto, hombres y mujeres han dejado las comodidades de la ciudad para buscar a Dios en el desierto. Ese mismo espíritu llevó a San Carlos de Foucauld a abandonar su Francia natal y establecerse en Tamanrasset, donde vivió como testigo de Cristo entre los bereberes y cultivó buenas relaciones con la población musulmana local.
La casa de las Hermanitas del Sagrado Corazón de Charles de Foucauld en esa localidad sahariana ha sido restaurada con el apoyo de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN-ACN). Actualmente solo vive en ella una religiosa.
«La llamada a una presencia de religiosas en Tamanrasset sigue muy viva. La casa, reconstruida con el apoyo de ACN, está preparada y espera a las religiosas que deseen habitarla con una presencia fiel, humilde y abierta al encuentro en el corazón del desierto. Está lista para convertirse en un lugar de vida fraterna, sencilla y centrada en el Evangelio, al servicio de la comunión», afirma el obispo.
Vocaciones frenadas por los visados
Podría pensarse que pocas personas estarían dispuestas a dejarlo todo para vivir casi aisladas en el Sáhara, en un país de mayoría musulmana. El obispo sostiene lo contrario. Hay religiosas que han manifestado su deseo de ir, pero no han podido conseguir los visados necesarios.
«Ver surgir deseos sinceros de venir a compartir nuestra vida en el Sáhara y constatar después que no pueden hacerse realidad por razones administrativas nos causa un verdadero sufrimiento. En un contexto como el nuestro, marcado por equilibrios a veces delicados, aprendemos a vivir estas limitaciones con paciencia y confianza, sin dejar de mantener la esperanza», explica.
Sarrió recuerda que Argelia ha recibido hace poco la visita del Papa y expresa su deseo de que ese viaje contribuya «de una manera u otra, a desbloquear estas situaciones y a abrir caminos que hoy nos parecen intransitables».
Foucauld, en el discurso del Papa
Más allá de los trámites, el obispo espera sobre todo que la visita despierte en otros el deseo de vivir su vocación cristiana en Argelia. «La visita del Papa ha reavivado una esperanza genuina. En este sentido, confiamos en que la atención mediática que ha generado permita a algunos descubrir de manera más concreta la realidad de la Iglesia en nuestro país, que a menudo es poco conocida. Quizá esto despierte en muchos, religiosos o laicos, el deseo de venir a compartir esta vida».
El prelado destaca también que el Pontífice mencionara al santo francés en la Basílica de Nuestra Señora de África de Argel. «La visita del Papa ha reafirmado la vocación singular de Tamanrasset, que se alinea con la de toda nuestra diócesis. El hecho de que el Santo Padre citara a San Carlos de Foucauld en su discurso en la Basílica de Nuestra Señora de África tiene un significado especial. De hecho, el Pontífice recordó hasta qué punto Foucauld comprendió que su vocación era, ante todo, la de una presencia orante en medio de los demás».
Pequeñas comunidades en la Iglesia universal
La población cristiana de Argelia es muy reducida. La forman sobre todo estudiantes africanos extranjeros, migrantes y trabajadores de la industria petrolera. En su diócesis, el obispo cuenta con 14 sacerdotes, 19 religiosas y cinco hermanos para atender a esta comunidad tan diversa.
Según Sarrió, la visita papal también ha dado fruto entre estos fieles. «Aquí, los frutos a menudo tardan en aparecer, y lo hacen de manera discreta. Dicho esto, ya podemos percibir algo muy real. En nuestro contexto, inmersos en el corazón de una población predominantemente musulmana, esta visita ha reavivado dentro de estas pequeñas comunidades, a menudo muy separadas unas de otra, la conciencia de pertenecer plenamente a la Iglesia universal, que nos sostiene en la oración y la comunión».
El obispo concluye que el viaje confirma la misión de la Iglesia en el país: «Esta visita también confirma profundamente nuestra misión: estar presentes siguiendo una lógica evangélica de relación, servicio y cercanía. Como recordó el Papa durante su encuentro con la Iglesia en la Basílica de Nuestra Señora de África de Argel: "La fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca, sin uniformar, y fomenta una verdadera fraternidad"».








