«¿Qué debo apreciar realmente en el pecador, en el atracador, el adúltero o el ladrón?». La pregunta la formula Mons. Marian Eleganti, obispo auxiliar emérito de Coira, en un texto publicado en su blog sobre la guía temática que prepara el encuentro del Papa León XIV con representantes de las Iglesias locales, previsto en el Vaticano del 7 al 14 de octubre. El prelado sostiene que en la pastoral de los divorciados vueltos a casar el lenguaje de la cercanía ha desplazado al de la verdad.
El texto, titulado «La pseudomesianidad de lo sentimental», contrapone la pastoral anterior a Amoris laetitia, que según el prelado buscaba la objetividad y la unión entre verdad y caridad, con el vocabulario «predominantemente sentimental» de la que denomina Iglesia sinodal. A su juicio, ese vocabulario apenas ayuda a esclarecer la situación de estos fieles con criterios de teología sacramental y de justicia canónica.
Amar al pecador, no apreciar el pecado
Eleganti advierte de que se insiste únicamente en la cercanía, el acompañamiento y el aprecio, «una palabra usada de forma inflacionaria», y no en la misión de conducir a estas parejas en la verdad. Se puede amar al pecador, deseándole la salvación, y condenar a la vez su pecado sin concesiones, explica. Para ilustrarlo recurre a la figura del juez, al que nadie pide que aprecie al delincuente que juzga. Reconoce que la comparación es imperfecta, pero la emplea para mostrar que el aprecio no es la categoría prioritaria cuando lo que se dirime es si existe o no un matrimonio válido.
La guía, titulada «En las dificultades de la vida: acompañar y sostener. Caminar con las familias en situaciones difíciles», propone que estas parejas recuperen la confianza, se reconozcan parte de la comunidad y experimenten la misericordia de Dios. El obispo pregunta si resulta indiferente que vivan o no en adulterio, y si transmitirles esa misericordia equivale a reconocer o tolerar la segunda unión aunque exista un vínculo indisoluble. Recuerda además que Jesús rechazó la práctica del divorcio de Moisés y endureció la prohibición «para disgusto de sus discípulos».
La verdad como espada
«Cuanto más sentimental se presenta el lenguaje, mayor es la sospecha de que se pretende vaporizar y reblandecer posiciones doctrinales inamovibles apelando a las lágrimas», escribe Eleganti. En su opinión, la palabra «misericordia» se ha utilizado muchas veces para nublar la vista del lector, y la dureza de la verdad, que hace libres (Jn 8,32), ya no se soporta. Por eso, ironiza, Familiaris consortio sería cosa de ayer y Amoris laetitia de hoy.
El prelado sostiene que el magisterio de la Iglesia sinodal arranca con Francisco como una nueva «hora cero». Como el tiempo, que identifica con el proceso, se considera superior al espacio, que identifica con las posiciones doctrinales, se invierte en el proceso, en el sentimiento y en la vida antes que en la verdad, que sin embargo permanece. Esa verdad es para Eleganti como una espada que la Iglesia sinodal prefiere envolver en algodón y guardar hasta que venga Aquel que la lleva en la boca, en referencia a la imagen de Cristo del Apocalipsis (Ap 1,16; 2,12; 2,16; 19,15; 19,21).








