(InfoCatólica/National Catholic Register) Una de las formas más directas que tiene un Pontífice de influir en la marcha de la Iglesia es el nombramiento de cardenales. El colegio cardenalicio no solo asesora al Papa en sus decisiones, sino que además está encargado de elegir al siguiente Sucesor de Pedro, de manera que los cardenales nombrados en un pontificado en buena parte determinan el siguiente.
León XIV aún no ha nombrado cardenales, así que nadie sabe a ciencia cierta los criterios que utilizará para ello. Sin embargo, su estilo de gobierno se ha ido poniendo de manifiesto en el año y ciento diez días que han transcurrido desde su elección. Armado con esa información y encuadrándola en las normas de la Iglesia y las costumbres respetadas o incumplidas en pontificados anteriores, el vaticanista Andrea Gagliarducci ha analizado en el National Catholic Register la cuestión de quiénes serán probablemente los elegidos por el Papa para recibir el capelo cardenalicio.
Lo primero que conviene señalar es que, previsiblemente, los nombramientos se realizarán pronto. Hasta ahora no ha sido necesario, ya que el número de cardenales superaba el límite previsto en las normas de la Iglesia de 120 cardenales electores. De hecho, el propio León XIV fue elegido por 133 cardenales electores, un máximo histórico, porque, aunque la norma dice una cosa, los papas tienen poder para de exceder el límite prescrito.
Como señala Gagliarducci, «León XIV no parece propenso a hacer excepciones de las normas y tradiciones establecidas» y en los primeros meses de su pontificado no nombró más cardenales, que habrían superado de nuevo el número máximo. Ahora, sin embargo, ya solo hay 116 cardenales electores y, además, 12 de ellos cumplirán ochenta años durante 2027, edad a la que dejan de ser electores. Esto significa que el Papa podría nombrar hasta 16 cardenales, para cubrir las jubilaciones ya realizadas y próximas. Según Gagliarducci, podría celebrarse el consistorio para nombrar nuevos purpurados en febrero, pero esta fecha por el momento solo es un rumor, aunque «persistente».
¿Quiénes podrían recibir la púrpura?
El vaticanista señala que las decisiones recientes de León XIV apuntan hacia una distribución más racional y jerárquica del cardenalato que durante el pontificado de Francisco. En ese sentido, es muy posible que siga la costumbre de elegir cardenales a los ocupantes de las principales sedes episcopales del mundo y a los prefectos de la curia romana, una costumbre que el papa Francisco rechazó en buena parte para realizar nombramientos sorprendentes de prelados desconocidos e incluso obispos auxiliares, a veces sobre la base de sus encuentros personales y dejando a un lado a los pastores de las grandes diócesis del mundo.
Dentro de la curia, uno de los nombres con más posibilidades es el del arzobispo Mons. Filippo Iannone, prefecto del Dicasterio para los Obispos. También podría entrar en consideración el arzobispo Mons. Anthony Randazzo, prefecto del Dicasterio para los Textos Legislativos.
La cuestión de las grandes sedes episcopales también será reveladora. Milán, París y Venecia, tradicionalmente vinculadas al cardenalato, actualmente no tienen un cardenal al frente. En Milán, el arzobispo Mons. Mario Delpini ya ha cumplido 75 años, pero continúa en el cargo a petición de León XIV mientras se espera un sucesor. Es bastante posible que el futuro arzobispo de Milán reciba el birrete rojo.
En la archidiócesis parisina sucede algo parecido: Laurent Ulrich cumplirá 75 años en septiembre, por lo que podría ser el sucesor del actual arzobispo de París quien reciba la púrpura.
La incógnita americana
Despierta especial interés la decisión de León XIV respecto a Estados Unidos, ya que se trata de su propia patria y, por lo tanto, conoce mejor a los obispos.
El cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago —la diócesis de origen del Papa— se aproxima a los 80 años. Su sucesor en la archidiócesis de Chicago podría convertirse en cardenal, aunque no está claro si León XIV esperará a que se produzca ese relevo. El precedente de Toronto demuestra que Francisco no siempre respetó la antigua costumbre según la cual un nuevo arzobispo no recibía inmediatamente el cardenalato mientras su predecesor siguiera siendo elector. León XIV podría conservar esa flexibilidad o regresar a una aplicación más estricta de la costumbre anterior.
Otro nombre señalado es el de Mons. Ronald Hicks, arzobispo de Nueva York, que podría aspirar igualmente al birrete.
¿Geografía u orientación doctrinal?
En cuanto al resto del mundo, León XIV podría limitarse a reparar los desequilibrios geográficos del Colegio Cardenalicio, devolviendo la púrpura a grandes sedes que actualmente carecen de ella después del pontificado anterior. Por ejemplo, no son cardenales ni el patriarca de Venecia, ni el arzobispo de Toledo, ni el jovencísimo arzobispo de Malinas-Bruselas, ni muchos otros ocupantes de sedes tradicionalmente cardenalicias.
También podría, sin embargo, utilizar sus nombramientos para expresar su visión eclesial, quizá basada en la unidad, que parece ser la clave del pontificado leonino. En ese sentido, Gagliarducci señala los grandes debates que siguen abiertos en la Iglesia sobre la sinodalidad, la liturgia, la relación con el mundo tradicional, la doctrina social, los inmigrantes y otros asuntos que en ocasiones han adquirido una fuerte carga ideológica. En ese contexto, «la entrada de nuevos miembros en el colegio cardenalicio podría revitalizar el debate o, al menos, cambiar la perspectiva».
El pontificado de León XIV ha estado marcado hasta ahora por la prudencia y una notable continuidad con Francisco. Llegará un momento, sin embargo, en que León XIV tendrá que marcar con mayor claridad su propio rumbo. Ese momento podría ser el primer consistorio para la creación de nuevos cardenales.








