(Crux/InfoCatólica) El primer ministro británico, Andy Burnham, ha asestado un revés considerable a la ofensiva por la legalización del suicidio asistido en el Reino Unido al declarar que el debate debe posponerse hasta que el país financie adecuadamente los cuidados paliativos y la atención social.
«Hay algo que debe ocurrir primero»
Burnham realizó estas declaraciones a los periodistas durante una visita, el miércoles 29 de julio, a una residencia asistida del norte de Londres. «Sostengo que ese debate... personalmente, creo que hay algo que debe ocurrir primero», afirmó el jefe del Gobierno.
Y precisó de inmediato en qué consiste esa prioridad: «Eso es arreglar la financiación de los cuidados paliativos y la atención social». El primer ministro calificó el fracaso del Gobierno en la resolución de los problemas estructurales del sistema asistencial como una grave dejación del deber público.
Burnham insistió en la incoherencia de plantear la cuestión en el contexto actual: «Creo que es muy difícil introducir ese debate más amplio en un contexto en el que la gente no recibe esa atención». Y zanjó: «Esa es la posición a la que me voy a atener».
Un giro respecto a 2024
La postura actual del primer ministro contrasta con la que él mismo defendía en 2024, cuando declaró a la BBC de Mánchester que probablemente votaría a favor de la proposición de ley impulsada por Kim Leadbeater.
Aquel texto llegó a superar el trámite en la Cámara de los Comunes, pero decayó al agotarse el tiempo parlamentario en la Cámara de los Lores. La diputada laborista Lauren Edwards ha vuelto a presentar recientemente una proposición prácticamente idéntica en su redacción a la de Leadbeater, cuya segunda lectura está fijada para el 11 de septiembre.
La réplica de la promotora
Edwards ha respondido al primer ministro sosteniendo que la mejora de los cuidados paliativos y la legalización del suicidio asistido «pueden y deben ir de la mano». La diputada ha recordado que su texto incorpora un periodo de aplicación de cuatro años y ha argumentado que, si su proposición se convirtiera en ley el año próximo, se dispondría hasta 2031 para corregir la situación actual del sistema asistencial.
El argumento revela precisamente el peligro que la Iglesia viene denunciando: se pide aprobar primero la muerte y arreglar después la atención a los enfermos. Es decir, se ofrece la eutanasia como salida a un sistema que el propio Estado reconoce incapaz de cuidar dignamente a los más frágiles.
La Iglesia acoge con satisfacción el anuncio
El arzobispo de Liverpool, Mons. John Sherrington, que encabeza la acción provida de los obispos católicos de Inglaterra y Gales, ha acogido con satisfacción las palabras del primer ministro. «Es altamente significativo que el Primer Ministro haya confirmado su posición sobre la necesidad de unos cuidados paliativos y sociales adecuados», declaró el prelado.
Mons. Sherrington reiteró la oposición de la Iglesia Católica al suicidio asistido y recordó cuál es la respuesta verdaderamente humana ante el final de la vida: «Las personas que están muriendo son vulnerables y necesitan cuidados compasivos y acompañamiento espiritual hasta su último aliento».
El arzobispo ha calificado la legislación propuesta de radicalmente defectuosa y ha advertido de que se trata de una norma peligrosa.
Una batalla que continúa
El anuncio del primer ministro no cierra la cuestión, pero altera de forma sustancial el terreno de juego a menos de seis semanas de la segunda lectura. Los promotores de la eutanasia han perdido el respaldo tácito del jefe del Gobierno y se ven obligados a defender su proposición precisamente en el punto más débil de su argumentario: por qué habría que legalizar la muerte administrada en un país que aún no es capaz de garantizar a sus enfermos terminales unos cuidados paliativos dignos.







