(InfoCatólica) Continúan los esfuerzos por intentar mantener vivo el Sínodo de la Sinodalidad. El escaso interés, la baja participación y las dudas generadas en su gestión y en los documentos están terminando de enterrarlo.
La Secretaría General del Sínodo ha publicado este 27 de julio el documento titulado «Hacer memoria», una guía práctica que marca el inicio de la fase de evaluación del proceso sinodal en todas las diócesis y eparquías del mundo. Cada Iglesia local deberá preparar y celebrar una Asamblea de Evaluación durante el primer semestre de 2027 y responder a una pregunta central: «¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en nuestra comunidad?»
El documento, disponible en varios idiomas en el sitio web synod.va, ofrece a los obispos y a los equipos sinodales criterios, orientaciones y preguntas para acompañar esta etapa. «Evaluar no es un ejercicio técnico, sino una experiencia de gratitud y verdad», según el Cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo. «Hacer memoria significa reconocer lo que el Señor ha realizado en el camino de nuestras comunidades y dejarnos guiar hacia los siguientes pasos. Así es como una Iglesia se vuelve cada vez más capaz de conversión».
Dado el proceso de gestación de los documentos iniciales es muy probable que esta «evaluación» siga el mismo camino, con la misma fiabilidad que tienen las estadísticas de la Iglesia en muchas partes del munco.
No se trata de repetir la consulta
El texto deja claro que no se pretende reabrir la amplia consulta realizada entre 2021 y 2024, sino releer con gratitud y sinceridad el camino recorrido durante la fase de implementación del Sínodo, reconocer los frutos madurados e identificar los pasos que quedan por dar. En las Escrituras, precisa el documento, «hacer memoria» no significa mirar hacia el pasado, sino reconocer la fidelidad de Dios en la historia para discernir el presente y abrirse al futuro.
El documento recoge unas palabras del Papa León XIV pronunciadas en la clausura del Consistorio Extraordinario del 27 de junio de 2026: «La sinodalidad no es un conjunto de reuniones ni un método de trabajo. Es un estilo espiritual. Nace del encuentro, crece en la escucha y madura en el discernimiento. La verdadera pregunta no es cuántas conversaciones sabremos organizar, sino qué calidad evangélica tendrán nuestros encuentros. Cuando nos escuchamos con humildad y libertad, dejando espacio al Espíritu, nuestras conversaciones no se quedan en un intercambio de ideas, sino que se convierten en un lugar de conversión, en el que crecemos juntos en la fidelidad al Señor».
Estructura del documento y tareas diocesanas
El texto se divide en dos partes. La primera acompaña la redacción de un Informe Narrativo (de seis a ocho páginas), en el que cada Iglesia local relatará el camino recorrido a través de una relectura espiritual en tres etapas: la recopilación de recuerdos, el reconocimiento y la escucha de los signos, y la comprensión de los procesos de transformación, interpretados mediante las tres conversiones señaladas en el Documento Final del Sínodo: la de las relaciones, la de los procesos eclesiales y la de los vínculos.
La segunda parte guía la preparación y la celebración de la Asamblea de Evaluación. El documento precisa que deberá ocupar al menos un día completo (o dos medias jornadas) y que su método de trabajo será la «conversación en el Espíritu»: una escucha compartida de la experiencia vivida en oración y a la luz de la Palabra de Dios. No se trata de un acto administrativo, subraya el texto, sino de una «experiencia profundamente espiritual» en la que la oración, el silencio, el trabajo en grupos y los momentos en plenaria se integran para que los participantes puedan escucharse mutuamente y abrirse a la acción del Espíritu Santo.
Cada obispo deberá apoyarse en su consejo presbiteral y su consejo pastoral y, si fuera necesario, constituir un equipo sinodal encargado de animar el proceso. La Asamblea culminará en la versión final del Informe Narrativo y en una Carta a las demás Iglesias de unas 1.000 palabras, inspirada en las litterae communionis de la Iglesia primitiva. El documento pide que esta carta se redacte con «un lenguaje simple, directo y comunicativo», dirigiéndose a una Iglesia hermana concreta y «evitando que adopte el tono de un informe».
Los ámbitos de examen
El documento ofrece una lista detallada de ámbitos que las diócesis deberán examinar para evaluar su crecimiento sinodal. Entre ellos figuran la espiritualidad y la liturgia en clave sinodal, el acceso de los fieles laicos a roles de liderazgo que no requieren del sacramento del Orden, la práctica del discernimiento eclesial y los procesos de toma de decisiones, el desarrollo de la transparencia y la rendición de cuentas, la renovación misionera de las parroquias, los vínculos entre diócesis vecinas, las relaciones ecuménicas e interreligiosas, la presencia organizada de la Iglesia en la sociedad (educación, cultura, promoción humana, hospitalidad, atención médica), la promoción de la paz, la justicia y el cuidado de la casa común, y la formación en sinodalidad. El texto precisa que la lista no es exhaustiva y que cada Iglesia local deberá prestar especial atención a los ámbitos más significativos en su contexto.
El camino hacia la Asamblea de 2028
Tanto el Informe Narrativo como la Carta deberán ser remitidos, una vez validados por el obispo, al equipo sinodal nacional o regional y a la Secretaría General del Sínodo antes del 30 de junio de 2027. A las asambleas diocesanas les seguirán, en la segunda mitad de 2027, las asambleas de las Conferencias Episcopales y de las estructuras jerárquicas de las Iglesias católicas orientales; en los primeros cuatro meses de 2028, las asambleas continentales; y finalmente, en octubre de 2028, la Asamblea Eclesial en el Vaticano, que concluirá el proceso de implementación del Sínodo 2021-2028.






