Envejecimiento de las religiosas obliga a nombrar comisarios externos

Muchas congregaciones ya no pueden gobernarse

Envejecimiento de las religiosas obliga a nombrar comisarios externos

La crisis de vocaciones deja a multitud de congregaciones en Estados Unidos sin las religiosas necesarias para cubrir los puestos más básicos, incluidos los de superioras. Los intentos de solución que no van a la raíz del problema son solo arreglos temporales.

(InfoCatólica) La profunda crisis demográfica de numerosas congregaciones femeninas en Estados Unidos está llevando a muchas de ellas a situaciones límite. Cada vez con más frecuencia, las comunidades ya no cuentan con suficientes religiosas para elegir un gobierno propio, por lo que deben solicitar a la Santa Sede o al obispo el nombramiento de un comisario pontificio o de otra forma de dirección externa que garantice su continuidad canónica.

Como informa Global Sisters Report, el vertiginoso (y en ocasiones terminal) envejecimiento de las comunidades ha hecho que la Leadership Conference of Women Religious (LCWR) tenga que tomar cartas en el asunto. Esta asociación de superioras, de carácter marcadamente progresista, ha dedicado sesiones específicas a preparar a antiguas superioras para asumir estas tareas en otras congregaciones que ya no pueden sostener por sí mismas sus estructuras de gobierno.

Según los responsables de la LCWR, «el ritmo del cambio se está acelerando». En efecto, cuando las congregaciones ya no pueden asegurar siquiera las funciones básicas de una congregación religiosa, también resulta prácticamente imposible que consigan vocaciones y su caída se acelera irremediablemente.

Ante esta realidad, algunas familias religiosas han optado por asociarse entre sí para preservar su carisma y su misión. Por ejemplo, varias congregaciones dominicas del noreste de Estados Unidos han unido esfuerzos bajo una asociación reconocida por la Santa Sede. Estas iniciativas pueden dar un respiro a las congregaciones amenazadas por la extinción, pero no van a la raíz del problema, de modo que las nuevas agrupaciones creadas siguen descendiendo imparablemente.

El acusado descenso de vocaciones y el progresivo envejecimiento de buena parte de la vida religiosa femenina en Estados Unidos, Europa y otras zonas del mundo manifiesta un gran problema interno de crisis de identidad. Sus congregaciones ya no atraen porque claramente no se entienden a sí mismas. A medida que han ido llevando una vida más cómoda, menos diferente de la de los laicos y más centrada en cuestiones sociales, han perdido la capacidad de suscitar el entusiasmo de las nuevas generaciones.

Sin duda es necesario tomar medidas de emergencia para velar por el bienestar de las hermanas ancianas y salvaguardar las obras apostólicas y el patrimonio económico de estas congregaciones moribundas. Sin embargo, en muchos casos son medidas que no parecen conseguir más que organizar un poco mejor la inevitable extinción.

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