(InfoCatólica) El Vaticano ha rechazado por segunda vez la solicitud de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) para que fieles laicos puedan predicar durante la celebración de la misa. La negativa llega en una carta del Cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, fechada el 17 de junio y dirigida al presidente de la DBK, el Obispo Heiner Wilmer, SCJ. El Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal ha examinado la respuesta romana en su reunión de hoy, 23 de junio, según ha comunicado el portavoz de la DBK, Matthias Kopp.
La decisión replica, tres años después, la respuesta que el propio Roche dio al entonces presidente de la Conferencia Episcopal, el Obispo Georg Bätzing, en una carta formal del 29 de marzo de 2023 (Prot. 747/22), en la que ya rechazó los mandatos aprobados por la V Asamblea Sinodal del Camino Sinodal alemán.Tras aquella negativa, un portavoz de la DBK anunció que los obispos «seguirían buscando el diálogo con Roma sobre estas cuestiones» , y efectivamente lo han hecho: Wilmer presentó formalmente una nueva petición el 30 de marzo de 2026.
Un indulto nacido del Camino Sinodal
La petición tiene su origen en uno de los acuerdos del Camino Sinodal alemán. La Quinta Asamblea Sinodal aprobó el 10 de marzo de 2023 la solicitud de un indulto que permitiese a hombres y mujeres con formación teológica adecuada predicar en la misa.
Un procedimiento muy similar al que se utilizó para la comunión en la mano, al principio no era más que un indulto.
En la asamblea plenaria de primavera celebrada en Würzburg en febrero de 2026, la Conferencia Episcopal aprobó un reglamento para el ministerio de la predicación que habilitaría a laicos «espiritualmente cualificados» y formalmente comisionados por el obispo diocesano a predicar en las celebraciones eucarísticas (ic1). Wilmer comunicó entonces que una de sus primeras medidas como presidente sería llevar personalmente la solicitud a la Santa Sede en su próxima visita a Roma.
En ese mismo viaje, el presidente de la DBK tenía previsto solicitar también la recognitio vaticana para los estatutos de la proyectada Conferencia Sinodal. Wilmer valoró como «señal fuerte» de vinculación entre sinodalidad universal y local la visita del Cardenal Mario Grech, prefecto de la Secretaría del Sínodo, al Katholikentag de Würzburg, previsto entonces para mayo.
La homilía, reservada al ministro ordenado
En su respuesta, Roche agradece la preocupación pastoral que motivó la solicitud, pero recuerda que, conforme al canon 767 §1 del Código de Derecho Canónico, «la homilía, como parte integral de la liturgia, está reservada a un sacerdote o diácono». Esta norma, subraya el prefecto, ha sido reafirmada de forma constante por el Magisterio, en particular por la instrucción Redemptionis Sacramentum (nn. 64-66), que excluye expresamente la posibilidad de que los laicos pronuncien la homilía durante la misa, incluso bajo otra denominación. Ya en 1997, la instrucción interdicasterial Ecclesiae de Mysterio, refrendada por ocho dicasterios vaticanos, había fundamentado la misma prohibición: la homilía no es una función delegable por razones de mejor capacidad oratoria o formación teológica, sino un acto estructuralmente unido a la acción sacramental que compete al ministro ordenado en virtud del sacramento del Orden.
El Cardenal insiste en que la reserva no es una simple cuestión disciplinar: «Esta norma refleja una realidad estrechamente vinculada a la naturaleza teológica y litúrgica de la homilía. Como acto propio de la Liturgia de la Palabra, es inseparable de la proclamación del Evangelio y de la presidencia de la celebración, y constituye un ejercicio específico del munus docendi confiado al ministro ordenado».
La carta sitúa esta responsabilidad en la naturaleza misma de la liturgia, «que no es simplemente una ocasión para la instrucción, sino el lugar privilegiado en el que los fieles son introducidos en el misterio de la redención». Roche cita a León XIV, quien en la audiencia general del 20 de mayo de 2026 afirmó: «La liturgia sostiene a los fieles sumergiéndolos una y otra vez en la Pascua del Señor; así, mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la oración común, son reconfortados, alentados y renovados en su celo de fe y en su misión».
La misma fundamentación tres años después
La argumentación de la carta de 2026 prolonga la línea establecida en 2023. En aquella primera respuesta al Obispo Bätzing, Roche ya había articulado una fundamentación de mayor calado que la mera invocación del impedimento canónico: «Palabra y Sacramento son realidades inseparables» que no pueden ser disociadas ni delegadas, puesto que su ejercicio es expresión de la sacra potestas conferida por el Orden (ic2). La exclusividad de la homilía, escribió entonces, «debe entenderse en un nivel sacramental y no meramente funcional»; hacer de ella una cuestión funcional «inevitablemente llevaría a que el ministerio ordenado pierda su especificidad» (ic2).
El prefecto reconocía ya en 2023 las limitaciones reales de muchas homilías sacerdotales, pero concluía que la respuesta no puede ser la sustitución del ministro ordenado por un laico más elocuente o mejor formado, sino la mejora de la formación homilética del clero. La carta de 2026 reitera esta posición casi al pie de la letra: criterios como una mejor preparación teológica o mejores habilidades comunicativas de los laicos, «por valiosos que sean en sí mismos», no justifican transferirles la homilía.
En la carta de 2023, Roche también rechazó la disposición para que los laicos administren regularmente los bautismos, una práctica que ya se realizaba en algunas diócesis alemanas. El Cardenal advirtió entonces de que los laicos «solo pueden bautizar válidamente en circunstancias excepcionales, como en peligro de muerte o en situaciones dolorosas de persecución, pero también en zonas de misión y en otros casos de especial necesidad».
Ni dispensa ni distinción entre «homilía» y «predicación»
La carta de 2026 cierra también la posibilidad de conceder dispensa por indulto, «dado que la reserva de la homilía al ministro ordenado pertenece a la estructura sacramental y litúrgica de la propia celebración eucarística». Ni siquiera la existencia de razones pastorales graves, como las alegadas por Wilmer, permite exceptuar la norma del canon 767 §1.
Roche descarta igualmente el intento de distinguir entre una «homilía», reservada al ordenado, y una «predicación» que podría confiarse a un laico. Esta diferenciación «no es admisible, ya que el lugar propuesto (inmediatamente después del Evangelio) y la función ejercida coinciden esencialmente con los de la propia homilía».
El prefecto añade que la presencia de un sacerdote para celebrar la Eucaristía implica su disponibilidad para ejercer el ministerio de la homilía, que le corresponde en virtud de su ordenación. Las situaciones en las que el celebrante esté impedido, por ejemplo por una limitación física temporal, constituyen circunstancias ocasionales que no pueden servir de fundamento para una necesidad pastoral permanente.
La puerta de la predicación fuera de la misa
No obstante, la carta reconoce que el ordenamiento vigente ya prevé «formas de proclamación de la Palabra que pueden confiarse a los fieles laicos fuera de la homilía y de la celebración eucarística» (cf. can. 766 CIC), y que estas pueden promoverse «según las necesidades de las Iglesias particulares».
Roche enumera un amplio abanico de posibilidades ya existentes: la catequesis (cf. can. 774 §1), la enseñanza religiosa, conferencias espirituales o teológicas, jornadas de retiro y ejercicios espirituales, testimonios y diversas reuniones pastorales. También señala que las reflexiones, exhortaciones o instrucciones catequéticas impartidas en celebraciones compuestas exclusivamente por la Liturgia de la Palabra no constituyen una excepción a la disciplina de la homilía, sino una aplicación de las disposiciones canónicas más amplias sobre la predicación. En la misma línea, ya en 2023 Roche había señalado que los laicos bien formados deberían contribuir como catequistas o dirigiendo estudios y charlas sobre la Sagrada Escritura.
En este marco, el obispo diocesano puede determinar las circunstancias adecuadas para estas formas de predicación, conforme al canon 772 §1, pero no puede dispensar de la norma que reserva la homilía a los ministros ordenados.
A la espera del «nihil obstat» y con el precedente de 2019
La negativa llega en un momento delicado para la relación entre Roma y la Iglesia en Alemania. Ya en 2019, el Papa Francisco envió una carta a los obispos alemanes sobre la orientación del Camino Sinodal en la que advertía: «La Iglesia universal vive en y de las Iglesias particulares, así como las Iglesias particulares viven y florecen en y de la Iglesia universal; si estuvieran separadas de la Iglesia universal, se debilitarían, decaerían y morirían» (ic2). Roche invocó expresamente este pasaje en su carta de 2023 al Obispo Bätzing (ic2).
A la Conferencia Sinodal, la nueva estructura en la que obispos y laicos deliberarán y decidirán conjuntamente sobre asuntos de alcance nacional, le restan menos de cinco meses para recibir, o no, el nihil obstat vaticano a sus estatutos. La primera cumbre de este organismo está convocada para el 6 y 7 de noviembre.






