(InfoCatólica) Franz-Josef Overbeck, obispo de Essen, ha advertido a sus feligreses de que la Iglesia católica en Alemania ha alcanzado límites críticos que muchos se niegan a reconocer.
En su mensaje de Año Nuevo, leído en las misas dominicales del pasado fin de semana, el prelado ha expuesto sin ambages la dramática situación que atraviesa su diócesis: apenas 638.000 católicos, de los cuales solo 33.000 (poco más del cinco por ciento) practican activamente su fe asistiendo a misa los domingos.
Las cifras reflejan un desplome brutal en apenas un cuarto de siglo. A comienzos del año 2001, la diócesis contaba con 988.000 católicos y una tasa de práctica dominical del 12,7 por ciento, unos 125.000 fieles. La pérdida de más de 350.000 miembros y el hundimiento de la participación litúrgica configuran un escenario que obliga, según Overbeck, a replantear la presencia institucional de la Iglesia en el territorio.
La culpa: del empedrado
Gran propulsor de las medidas del Camino sinodal y experimentos varios, es incapaz de ver que también causa de la situación son obispos como él y vincula la crisis eclesial con un fenómeno más amplio que afecta al conjunto de la sociedad alemana. «En todas partes de nuestra sociedad (en escuelas, instituciones sociales, municipios, servicios públicos esenciales) los responsables se enfrentan a la tarea de gestionar recursos cada vez más escasos y reordenar prioridades», ha señalado en su escrito pastoral.
Overbeck se esconde detrás de las estructuras y dice que desde principios de siglo la Iglesia ha tenido que acometer «gigantescas transformaciones estructurales», con el cierre de numerosos templos e instalaciones. Quiere agarrarse de que esos ajustes iban acompañados de la esperanza de que en algún momento las cosas volverían a estabilizarse y los cambios quedarían concluidos. «Pero la transformación en nuestro mundo prosigue de forma imparable», ha constatado.
A diferencia de otros prelados, al menos, tiene la honradez de reconocer que los próximos años traerán un agravamiento de estas tendencias. El número de fieles y los medios económicos de la diócesis ya han caído drásticamente, pero lo que viene será aún más difícil. «Muy pronto tendremos que enfrentarnos a una realidad que tal vez intuíamos que llegaría, pero que durante demasiado tiempo hemos ignorado», ha escrito. Según sus previsiones, serán necesarios nuevos recortes para evitar que la diócesis entre en desequilibrio financiero en los próximos años y décadas.
Gracias a Dios no ha dicho que estábamos en una 'primavera de la Iglesia' o que 'somos menos pero mejores', y sin quererlo se ha convertido en un 'profeta de calamidades'.
La renuncia al pasado como condición de supervivencia, o «las uvas estaban verdes»
A pesar de la dureza del diagnóstico, Overbeck cree que no se ha tocado fondo y decide profundizar un poco más: «Gracias a los numerosos procesos de las últimas décadas ya estamos entrenados en afrontar las realidades y en tomar y soportar decisiones difíciles conjuntamente en nuestra diócesis», ha valorado. Sin embargo, ha reconocido también el agotamiento generalizado: «Soy muy consciente de lo cansados que están muchos de nosotros y de cuánto desearían que, por una vez, todo pudiera quedarse como está».
El camino emprendido bajo el lema «Vivir en medio cristianamente» es, según el obispo, un intento de crear estructuras que permitan estrechar lazos en las ciudades y distritos. «Lo hacemos porque somos menos y porque nuestros recursos se reducen masivamente. Pero también lo hacemos porque queremos garantizar que en las próximas décadas todavía pueda haber vida cristiana en nuestra región, y precisamente en medio de ella», ha explicado.
Overbeck es claro sobre que lo que ellos han destruido no volverá: «No podremos asegurar que todas nuestras organizaciones, instalaciones y edificios de culto permanezcan tal como son». No obstante, confía en sentar las bases para que en el futuro sigan existiendo personas que vivan desde la fe cristiana y creen «espacios de vida cristiana diversos, distintos a los de hoy, pero muy vivos y convincentes».
Menos estructura, misma misión
El mensaje del obispo ha insistido en que, pese a la reducción de la Iglesia y la transformación de sus estructuras, la misión permanece intacta. Citando el Evangelio de Mateo (5, 13 a 16), ha recordado: «Jesús nos dice: «"Vosotros sois la sal de la tierra, [...] vosotros sois la luz del mundo"». Lo decisivo es nuestra propia confianza en esta promesa, no nuestro tamaño ni nuestras posibilidades económicas. Donde hacemos concreto nuestro fe, marcamos la convivencia, dejamos brillar la esperanza y señalamos más allá de nosotros mismos hacia Dios».
Overbeck es consciente de que será necesario abandonar ilusiones y sueños porque los medios y las fuerzas no alcanzarán para todo. «Se trata de manejar la realidad dada de forma responsable y aceptar lo que no se puede detener», ha subrayado. Solo siendo honestos y aceptando que la Iglesia camina hacia convertirse en una minoría en una sociedad plural, ha argumentado, será posible permanecer unidos y concentrarse en lo esencial del cristianismo, aquello que puede vivirse y transmitirse también como comunidad reducida.







