(InfoCatólica) Hace unos días, León XIV inaguraba el Año Jubilar Franciscano por los 800 años de la muerte de San Francisco y la Santa Sede anunciaba que, del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026, el cuerpo del santo será trasladado excepcionalmente de su cripta para facilitar la veneración de los fieles durante este centenario.
El Año Jubilar extraordinario dedicado a San Francisco de Asís, se celebrará del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027.
Es un buen momento que San Francisco no fue buenista, ni pacifista, ni estuvo en contra de las Cruzadas, o era «ecumenista» o ecologista o vegetariano, y sí, era un decidido partidario de las «riquezas de la Iglesia» en todo lo que tocaba al trato con el Señor.
La Penitenciaría Apostólica ha publicado hoy, 16 de enero, el decreto que regula esta celebración y establece la concesión de indulgencias plenarias bajo condiciones accesibles para todos los fieles. El documento, firmado por el cardenal Angelo De Donatis, penitenciario mayor, y monseñor Krzysztof Józef Nykiel, regente, proclama que cada fiel cristiano debe convertirse, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, en «modelo de santidad de vida y testigo constante de paz».
Un jubileo que continúa el Año Santo de la Esperanza
La Penitenciaría Apostólica subraya que este Año Jubilar se suma como «continuación ideal» al Jubileo Ordinario de 2025, que tuvo como lema la esperanza. Mientras aún permanecen actuales los frutos de gracia de aquel Año Santo, esta nueva celebración supone una ocasión de júbilo y santificación centrada en la figura del Seráfico Patriarca. El 3 de octubre de 2026 se cumplirá el octavo centenario del feliz tránsito de Francisco de la vida terrenal a la patria celestial.
En los últimos años, diversos jubileos han recordado momentos capitales de la vida del santo: en 2023, el octavo centenario de la creación del primer pesebre en Greccio, origen de los tradicionales belenes; en 2024, la impresión de las Sagradas Llagas de la Pasión que portó en el monte de La Verna; y en 2025, la composición del Cántico de las Criaturas, himno a la belleza santa de la creación. El año 2026 marca, según el decreto, «la culminación y la realización de todas las celebraciones anteriores».
Condiciones para obtener la indulgencia plenaria
La indulgencia plenaria se concederá en las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre. Además, podrá aplicarse en forma de sufragio por las almas del Purgatorio.
Los destinatarios de esta gracia son, en primer lugar, los miembros de las Familias Franciscanas de la Primera, Segunda y Tercera Orden Regular y Secular, así como los miembros de los institutos de vida consagrada, sociedades de vida apostólica y asociaciones públicas o privadas de fieles, masculinas y femeninas, que observen la Regla de San Francisco o se inspiren en su espiritualidad o perpetúen su carisma de cualquier forma.
Sin embargo, el decreto aclara que la indulgencia se extiende a todos los fieles indistintamente. Para obtenerla, deberán participar en el Año de San Francisco «con el alma desprendida del pecado», visitando en forma de peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto en cualquier parte del mundo dedicado a San Francisco o relacionado con él por cualquier motivo. Allí deberán seguir devotamente los ritos jubilares o pasar al menos un tiempo en piadosas meditaciones, elevando a Dios oraciones para que, siguiendo el ejemplo de Francisco, broten en los corazones sentimientos de caridad cristiana hacia el prójimo y auténticos votos de concordia y paz entre los pueblos. La jornada debe concluir con el Padrenuestro, el Credo e invocaciones a la Santísima Virgen María, a San Francisco de Asís, a Santa Clara y a todos los santos de la familia franciscana.
Disposiciones especiales para ancianos y enfermos
El documento contempla una disposición especial para quienes no puedan desplazarse. Los ancianos, los enfermos y quienes los cuidan, así como todos aquellos que por motivos graves no puedan salir de casa, podrán igualmente obtener la indulgencia plenaria. Para ello deberán desprenderse de cualquier pecado y tener la intención de cumplir lo antes posible las tres condiciones habituales, uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares del Año de San Francisco y ofreciendo al Dios Misericordioso sus oraciones, los dolores o los sufrimientos de su vida.
La Penitenciaría Apostólica pide con firmeza a todos los sacerdotes, regulares y seculares, dotados de las facultades oportunas, que se pongan a disposición «con espíritu dispuesto, generoso y misericordioso» para la celebración del sacramento de la reconciliación, de modo que esta oportunidad de obtener la gracia divina a través del poder de las llaves de la Iglesia se haga realidad más fácilmente.
Francisco, «alter Christus» para tiempos difíciles
El decreto recuerda que Francisco, hijo de un rico mercader, «se hizo pobre y humilde, verdadero alter Christus en la tierra, proporcionando al mundo ejemplos tangibles de vida evangélica y una imagen real de perfección cristiana». El documento traza un paralelismo entre la época del santo y nuestros días: «Nuestra época no es muy diferente de aquella en la que vivió Francisco, y precisamente por eso su enseñanza es quizás hoy aún más válida y comprensible».
Cuando la caridad cristiana languidece, la ignorancia se extiende como mala costumbre y quienes exaltan la concordia entre los pueblos lo hacen más por egoísmo que por sincero espíritu cristiano; cuando lo virtual prevalece sobre lo real, las disputas y la violencia social forman parte de la vida cotidiana y la paz se vuelve cada día más insegura y lejana, este Año de San Francisco debe impulsar a todos, cada uno según sus posibilidades, a imitar al Pobrecillo de Asís y a formarse en la medida de lo posible según el modelo de Cristo.
El decreto concluye con una exhortación: que este año especial sirva para «no hacer vanos los propósitos del Año Santo que acaba de pasar», transformando la esperanza que nos ha visto peregrinos en «celo y fervor de caridad activa». Esta indulgencia se inspira en el célebre Perdón de Asís o Indulgencia de la Porciúncula, que concedió el papa Honorio III directamente a Francisco para quienes visitaran el 2 de agosto la antigua iglesia de Asís.






