(Vatican.va/InfoCatólica) El 6 de enero de 2026, en la celebración de la Solemnidad de la Epifanía del Señor, cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro y conclusión del Jubileo Ordinario de 2025, el Papa León XIV usó una nueva férula (es decir, un bastón en forma de cruz).
El báculo, como insignia episcopal, nunca formó parte de las insignias propias del Romano Pontífice. Desde la Alta Edad Media, los Papas usaron la férula (ferula pontificalis) como símbolo de su poder espiritual y gubernamental. Aunque la forma de la férula medieval no está clara, probablemente se trataba de un bastón con una cruz sencilla en su extremo. Los Papas recibían esta insignia tras su elección, al tomar posesión de su Cátedra en la Basílica de San Juan de Letrán.
Sin embargo, tradicionalmente el uso de la férula no se utilizaba en la liturgia papal, salvo en ciertas ocasiones especiales, como la apertura de la Puerta Santa para llamar tres veces a las puertas, o en la consagración de las iglesias, para dibujar los alfabetos latino y griego en el suelo, según lo exigía el rito.
Fue el Papa San Pablo VI quien, el 8 de diciembre de 1965, en la clausura del Concilio Vaticano II, utilizó un «báculo» de plata rematado por un crucifijo o férula moderna. El escultor Lello Scorzelli, encargado de su creación, quiso expresar así la vocación del apóstol Pablo, cuyo nombre el Papa eligió llevar: la de ser testigo y heraldo de Cristo crucificado (cf. 1 Cor 2,2). San Pablo VI comenzó a emplear esta férula cada vez con mayor frecuencia en las celebraciones litúrgicas, al igual que han hecho sus sucesores.
Es memorable el gesto de San Juan Pablo II, que, al inicio de su ministerio como Papa, quiso alzar la férula para señalar el centro de su enseñanza, como ya había anunciado en su homilía: «Abrid las puertas a Cristo».
El Papa Benedicto XVI usaba una férula de oro, utilizada ya por el Beato Pío IX, y, posteriormente, otra que le fue donada, con el símbolo del Cordero pascual y el monograma de Cristo en el centro, representando la unidad del misterio de la Cruz y la Resurrección, núcleo del kerigma apostólico.
La nueva férula utilizado por el Papa León XIV representa una continuación de las utilizadas por sus predecesores, uniendo la misión de proclamar el misterio de amor expresado por Cristo en la Cruz con su gloriosa manifestación en la Resurrección. El Misterio Pascual, centro gravitacional del mensaje apostólico, se convierte así en motivo de esperanza para la humanidad, porque la muerte ya no tiene poder sobre la humanidad, pues lo que Cristo asumió también nos ha redimido.
La férula de León XIV, que evoca el estilo scorzeliano, presenta a Cristo ya no atado por los clavos de la Pasión, sino con su cuerpo glorificado en el acto de ascender al Padre. Como en las apariciones de Cristo Resucitado, presenta las llagas de la cruz a sus seguidores como signos luminosos de victoria que, sin borrar el dolor humano, lo transfiguran en un amanecer de vida divina.
Si el báculo episcopal representa el cayado del Buen Pastor, que señala el camino al rebaño y anima a las ovejas perezosas, y en el que el propio obispo se apoya para avanzar, en la práctica de los Papas tras el Concilio Vaticano II, la férula papal se convierte en un testimonio del ministerio petrino de confirmar a sus hermanos en el kerigma pascual.
Es significativo que el Papa León usara esta nueva férula por primera vez con motivo del cierre de la Puerta Santa al final del «Jubileo de la Esperanza», como para afirmar simbólicamente que no hay otro fundamento que Cristo crucificado y resucitado, que, en su ascensión a la diestra del Padre, revestido de nuestra humanidad glorificada, completó el itinerario de la Encarnación.
Con este signo en sus manos, el Papa recordó simbólicamente que la naturaleza humana, en Cristo, ya está sentada a la diestra del Padre, en la relación amorosa de la Trinidad, y que la oscuridad del mundo no puede vencer la luz de la victoria de la vida sobre la muerte. Combinando este mensaje simbólico con el lema elegido por el Papa León y grabado en el báculo, «In illo uno unum» (en el Uno, somos uno), podemos comprender la dimensión teológica de su enseñanza, fundada en la unidad y la comunión que nos hace Iglesia y que se realiza cada vez que comulgamos con el único Cuerpo de Cristo.
En conclusión, aunque esta insignia no solía formar parte de la liturgia del Romano Pontífice, la decisión de San Pablo VI de utilizar la férula contiene un profundo significado simbólico: al diferenciarse del báculo episcopal, expresa la misión propia del Sucesor de Pedro de confirmar a los hermanos en la fe y presidir la Iglesia en la caridad.








