(InfoCatólica) Mientras la vieja Europa ve languidecer sus monasterios, una abadía francesa renace por obra de quienes nunca claudicaron ante el espíritu de los tiempos. Doce monjes benedictinos del Barroux, herederos de una tradición litúrgica que se negaron a abandonar, tomarán el relevo en la histórica abadía de Bellefontaine el próximo verano.
Son hombres de oración que ofrecen a una Iglesia en crisis aquello que esta parece haber olvidado: la belleza insuperable de lo eterno, la fuerza silenciosa de la clausura y la certeza de que, cuando la naturaleza aborrece el vacío, Dios siempre provee.
Dom Louis-Marie, padre abad de la abadía Sainte-Madeleine del Barroux (Vaucluse), ha confirmado a RCF Anjou que doce monjes de su comunidad se trasladarán a la abadía de Bellefontaine (Maine-et-Loire), cerca de Cholet, en el verano de 2026. Esta fundación responde a la retirada de la comunidad cisterciense actual, cuyos miembros han alcanzado una edad avanzada que les impide continuar. La llegada de estos benedictinos, conocidos por su apego a la liturgia tradicional, supone un relevo en la vida monástica de este histórico enclave angevino.
Un discernimiento espiritual ante el exceso de vocaciones
La decisión de establecer esta nueva fundación obedece, según explica Dom Louis-Marie, a un «discernimiento espiritual» iniciado hace poco más de un año, cuando la comunidad del Barroux conoció el cierre inminente de Bellefontaine. «Desde el comienzo se trata de seguir los signos del cielo y los signos del Señor», señala el padre abad en declaraciones recogidas por Thomas Cauchebrais para RCF Anjou.
La abadía de Sainte-Madeleine del Barroux afronta una situación inusual en el panorama monástico contemporáneo: alberga más de 60 religiosos en un edificio diseñado originalmente para 40. «El voto de la comunidad ha sido ampliamente positivo», subraya Dom Louis-Marie, confirmando así la legitimidad canónica de esta expansión.
El padre abad destaca la continuidad espiritual entre ambas comunidades: «Los trapenses son benedictinos. Nosotros también somos benedictinos». Recuerda además que el Padre Muard, fundador de su familia monástica, se formó precisamente con los trapenses, lo que refuerza los lazos históricos entre ambas tradiciones.
Una comunidad nacida del rechazo a los cambios posconciliares
La abadía del Barroux tiene una historia singular en el monacato francés. Fue fundada en 1970 por Dom Gérard, un monje procedente de la abadía de Tournay que deseaba «proseguir de otro modo aquello para lo que había venido», en respuesta a los cambios litúrgicos posteriores al Concilio Vaticano II. Establecido inicialmente en un pequeño priorato en Bédoin, al pie del monte Ventoux, acogió «una treintena de jóvenes» durante las décadas de 1970 y 1980, lo que hizo necesaria la construcción de un nuevo monasterio.
La comunidad mantuvo durante años vínculos con monseñor Lefebvre para las ordenaciones y confirmaciones. Sin embargo, en 1988 optó por no seguirle en las consagraciones episcopales no autorizadas por Roma. «La Santa Sede reconoció nuestra comunidad», recuerda Dom Louis-Marie, quien ingresó en el Barroux en 1991 con «dos ejes muy importantes: tener la misa tradicional, pero también estar unidos a la Santa Sede. Y para mí eso no era negociable».
El atractivo de la liturgia tradicional entre los jóvenes
El arraigo en la tradición litúrgica responde, según el padre abad, a una voluntad de enraizamiento frente a «un espíritu algo revolucionario» percibido tras el Vaticano II. Dom Gérard, formado por André Charlier, estableció tres pilares para su comunidad: la filosofía realista, la observancia monástica heredada de los antiguos y «ese amor por la liturgia llamada tradicional, con todo su carácter sagrado, hierático, inmutable».
«Los jóvenes que se acercan al Señor por los medios pedagógicos de la tradición buscan cosas claras, verdaderamente cosas claras, una identidad», analiza Dom Louis-Marie. También evoca «la noción de lo bello»: «Siempre me asombra la belleza de la liturgia tradicional. Una belleza hecha realmente de simplicidad, pero una belleza profunda y, en mi opinión, insuperable, de la que nunca uno se cansa».
Un cambio en la percepción eclesial
Dom Louis-Marie constata una evolución en la manera en que se percibe a su comunidad dentro de la Iglesia: «Quizá antes se nos veía primero como tradicionalistas, luego como benedictinos y finalmente como católicos. Ahora, con todos los contactos que hemos tenido, la percepción se ha invertido».
Esta transformación se explica, según el abad, por los «contactos humanos» y por la escasez de vocaciones en la Iglesia. «Algunos obispados no han conocido ninguna ordenación desde hace mucho tiempo. Por tanto, como es natural, la naturaleza aborrece el vacío», observa con pragmatismo.
El obispo de Angers, monseñor Delmas, realizó una investigación previa antes de aceptar esta instalación y quedó tranquilizado al comprobar que los monjes rezan «a partir de las 3:30 de la madrugada» y regresan «siete veces a la iglesia para recitar los oficios».
Críticas al motu proprio Traditionis Custodes
Sobre el documento del papa Francisco que restringe la liturgia tradicional, Dom Louis-Marie se muestra crítico: «Lo he visto como un acto legítimo, pero muy imprudente». Lamenta que las promesas hechas al Barroux en 1988 parezcan haberse puesto en entredicho, aunque reconoce que la aplicación local «era del todo justa».
El padre abad considera que las motivaciones fueron «más bien ideológicas» y estima que «el balance era muy positivo» antes de Traditionis Custodes. Con el papa León XIV (sic), espera una aplicación «más justa y más amplia» del documento.
«Somos hombres de oración, no guerreros ni influencers»
Ante las posibles inquietudes que pueda suscitar su llegada a Anjou, Dom Louis-Marie recuerda lo esencial: «Somos hombres de oración y ese es nuestro oficio principal. No somos guerreros, no somos políticos, no somos influencers. Vivimos en clausura con la irradiación natural de una abadía que reza».
«Invito sencillamente a la gente a que venga a vernos», concluye el abad, confiado en el futuro: «En el Barroux las cosas van muy bien. En Sainte-Marie-de-la-Garde (segunda fundación del Barroux cerca de Agen en 2002) las cosas van muy bien. Así que no hay ninguna razón para que vayan mal aquí».
La instalación definitiva de la comunidad está prevista para el verano de 2026.








