¿Qué tiene que ver Simón el gran pontífice con las guerras macabeas y la apostasía?
Macabeos de Wojciech Stattler

¿Qué tiene que ver Simón el gran pontífice con las guerras macabeas y la apostasía?

La guerra macabea comienza por la defensa de la Santidad, frente a la apostasía del pueblo de Dios, y de los gentiles. Estas guerras dejaron paso Simón, caudillo y gran pontífice de Israel, trayendo la paz:

«El año ciento setenta quedó Israel libre del yugo de los gentiles, y comenzaron a encabezarse así los documentos y contratos: «El año primero de Simón, gran pontífice, general y caudillo de los judíos» (1 Macabeos 13,41-42)[i].

Es sumamente apasionante la relación entre los macabeos, en este caso de Simón, gran pontífice y caudillo de los judíos, con San Pedro, Apóstol de los judíos, y San Pablo, Apóstol de los gentiles. Los tres elegidos por Dios para la milicia. El texto anterior es del Antiguo Testamento al igual que el siguiente, pero ¿cómo relacionarlos con el Nuevo Testamento?:

«Los enviados del rey dirigiéndose a Matatías, le dijeron: ‘Tú eres príncipe e ilustre y grande en esta ciudad, apoyado por muchos hijos y parientes; acércate, pues, el primero, y haz conforme al decreto del rey, como hacen todas las naciones, los hombres de Judá y los que quedaron en Jerusalén. Y seréis tú y tu casa de los amigos del rey, y seréis enriquecidos, tú y tus hijos, de plata, oro y muchas mercedes’. A lo que contestó Matatías diciendo en alta voz: ‘Aunque todas las naciones que forman el imperio abandonen el culto de sus padres y se sometan a vuestros mandatos, yo y mis hijos y mis hermanos viviremos en la alianza de nuestros padres’» (1 Mac 2,17-20).

El ejercito al que alistarse hoy es la paz en Jesucristo, manso y humilde de corazón, ¿cómo podemos entender esto? ¿O cuál es la clave de interpretación católica? Porque se entiende perfectamente, pero hay que darle la clave cristiana. Desde la guerra y lucha por lo santo, se entienden el Antiguo y el Nuevo Testamento, de forma que la frase de los enviados del rey Antíoco Epifanes: «Y seréis tú y tu casa de los amigos del rey, y seréis enriquecidos, tú y tus hijos, de plata, oro y muchas mercedes’»coincide con la frase de San Pedro en respuesta al mendigo:

«Él les observaba, esperando recibir algo de ellos. Entonces Pedro le dijo: – No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: ¡En el nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda! Y tomándole de la mano derecha lo levantó, y al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos.» (Hch 3,5-7)

Estas dos frases son proféticas y están íntimamente relacionadas con la lucha macabea que continúa Simón, el sumo pontífice, y el nuevo nombre de Simón: Pedro sumo pontífice y roca de la Iglesia, pues lleva el nombre de Dios, la Roca, sobre la que Pedro se asienta. De modo que San Pedro dice que no tiene oro ni plata, pues no acepta sobornos que ofrecen los reyes. Tampoco tiene sus favores: «y muchas mercedes», ni sus aplausos, ni componendas. En cambio, tiene el Espíritu del «Señor de señores y Rey de reyes»[ii], y esto es lo que da, el Espíritu Santo de Dios que el mundo no puede recibir, porque el mundo prefiere el oro, la plata y los aplausos de las naciones y sus favores, a cambio de la apostasía y las aberraciones que promueven en temas sexuales que invierten la ley natural, degradándola al punto que hacen la conversión de género, peor que un electroshock: la mutilación de la identidad de la persona, por cirujía o con tratamiento hormonal que lleva al suicidio.

Esta guerra ya no sólo es contra Dios, sino contra su imagen en el género humano. De esto no se libran ni los multimillonarios. No había justos en Sodoma y Gomorra, porque los que no practicaban, o lo toleraban, o no hacían nada, o lo toleraban bendiciéndolo. Sin contar con lo que es justo.

Sobre el silencio social y la bendición de la ley, sobre estas terapias de conversión, al igual que la bendición de algunos apóstatas, hay que decir, que ese silencio puede ser del mundo, pero no de la Iglesia, porque sobre la conversión de género no hay más que escuchar los testimonios de la abominación que sufren estas personas. Al menos hay que escucharlos, y darles la voz que merecen: «Quiero decirles a todos lo que nos quitaron, lo que realmente significa irreversible y cómo es esa realidad para nosotros. Nadie me dijo nada de lo que les voy a decir ahora.» Esta es la Doctrina para los niños: la ideología de género.

¿Qué es lo que une este artículo y las diferentes imágenes bíblicas representadas? El Espíritu santo. Frente a tanta opinión, discursos, interpretaciones, grabadoras, cuentos, fábulas, etc. Es el Espíritu Santo el que mantiene actual la Tradición viva de la Iglesia. Sin Espíritu Santo, traición y apostasía, como nos dice la Constitución dogmática «Dei Verbum» sobre la divina revelación:

«Más como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe.» (DV 12)

El Antiguo Testamento es bueno, y el Nuevo mejor, no solo porque lleva a plenitud el Antiguo, sino por la humanidad virtuosa en Cristo (la Fe, Bautismo y Eucaristía) por la cual se nos ofrece esta misma virtud en su Testimonio: «El Espíritu, el agua y la sangre, y los tres coinciden en lo mismo. Sí aceptamos el testimonio.» (1 Jn 5,8-9) De lo cual decía San Agustín: «No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los que los vuelven malos.»

No hay tiempo pasado desde que está Jesucristo con nosotros. Por el Bautismo acedemos a Él en la Eucaristía, y la Fe lo avala.

Este es el mejor tiempo, sin duda, el tiempo del Banquete Eterno, su Nueva y última Alianza: «¿Habéis entendido todo esto? – Sí -le respondieron. Él les dijo: – Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.» (Mt 13,51-52)

 



[i] Biblia Nácar Colunga

[ii] «Estos, de común acuerdo, entregan su fuerza y su poder a la bestia. Lucharán contra el Cordero; pero el Cordero, junto con sus llamados, elegidos y fieles seguidores, los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes.» (Ap 17,13-14)

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1 comentario

Vicente
debemos ser fieles al Magisterio de la Iglesia.
7/07/22 11:46 PM

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