4.05.18

Explicación de la 2ª Vía de Santo Tomás

Al introducir nuestra Explicación de la 1ª Vía, recordábamos que las famosas 5 vías o demostraciones de la existencia de Dios de Santo Tomás no son argumentos completos. Más bien son meros esbozos o esqueletos de argumentos, que los alumnos medievales de teología ya conocían y podían explicar en más en detalle. Bajo esa premisa, nos queda a nosotros volver a “vestir” este esqueleto, para darle una forma más comprensible.

Revisemos, entonces, en esta entrada la 2ª Vía, llamada Vía de la Causa Eficiente.

La segunda [vía para demostrar la existencia de Dios] es la que se deduce de la causa eficiente.

Al igual como ocurría en la 1ª Vía con el “movimiento”, cuando Santo Tomás habla aquí de la “causa eficiente” lo hace en un sentido técnico filosófico. De una pasada y como si fuera poca cosa, trae a colación la famosa doctrina aristotélica de las cuatro causas.

Según Aristóteles, los seres sustanciales, aquellos que existen en si mismos (también hay seres accidentales, que existen en otros, como el color, las relaciones, etc.), se explican mediante cuatro aspectos del ser o causas:

  • Causa material: el material de que una cosa está hecha.
  • Causa formal: la forma de una cosa, que define qué es.
  • Causa eficiente: Lo que provocó que una cosa llegara a suceder o existir.
  • Causa final: El efecto que una cosa tiende a producir en circunstancias normales.

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14.03.18

¡Horror! La Biblia se copió… (Parte 2)

En la entrada anterior comenzamos a explicar por qué no debemos ponernos nerviosos cuando se dice que los relatos de la Biblia fueron copiados de otras fuentes de la antigüedad. Por mucho tiempo fue muy fácil hacer este tipo de acusaciones, pero hoy, cuando las fuentes originales están disponibles en línea, la gran mayoría de los supuestos plagios se desvanecer al leer el texto original y encontrar que el relato mismo es diferente.

Superado esa simple prueba, todavía hay casos donde surge cierta correlación entre el relato bíblico y el mito.

Paso 3: Coincidencias no implica copia

Los mitos son relatos que, de cierta forma, definen una cultura. De algún modo resuenan con su audiencia, porque reflejan y explican una parte de su vida diaria. El dios más importante será de un pueblo guerrero será el de la guerra, y sus sagas serán las que se repitan una y otra vez. Si otra cultura se desarrolla en torno al comercio y la navegación, esos relatos tendrán más importancia en sus mitos. A nadie debería sorprender, entonces, que los relatos de la Biblia reflejen aspectos la vida que eran comunes en la época en que se escribieron.

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11.03.18

¡Horror! La Biblia se copió...

  • De la epopeya de Gilgamesh en el relato del diluvio.
  • De la vida de Sargón de Acad en el Éxodo.
  • De los pactos hititas en los 10 mandamientos.
  • De los himnos cananeos en los salmos.
  • De la leyenda de Buda en el nacimiento virginal de Jesús.
  • De los mitos universales en la fecha de la navidad.
  • De las religiones mistéricas en el bautismo.
  • Del dios pagano Mitras en la crucifixión.
  • Del dios pagano Horus en la resurrección.
  • Etc. etc. etc.

Muchos creen que, si la Biblia es de origen divino, su contenido debería ser tan sublime y elevado, que jamás podría parecerse a nada escrito por un ser un humano. Si el libro sagrado no fue entregado por un ángel, piensan algunos, al menos debió haber sido dictado íntegramente por una voz de ultratumba. Ojalá el original estuviera impreso en láminas de oro y en un lenguaje totalmente ilegible, imposible de comprender aparte de una revelación especial, o al menos en un idioma sagrado. Bajo ese paradigma, encontrar que el supuesto “libro de Dios” no es totalmente original, que su contenido fue copiado o adaptado de otro lugar, sería una prueba irrefutable de que no bajó del cielo entre trompetas y cantos de ángeles.

Los cristianos sabemos que la Biblia nos es esa clase de libro. Conocemos su historia y cómo llegó a nosotros. En especial sabemos que tiene dos autores: Dios y los hombres inspirados por él, que escribieron en lenguas y modos humanos solo lo que Dios quería. Con todo, algunos intentan desacreditarla, descubriendo que tal o cual relato o personaje fue plagiado de otras fuentes, como si eso fuera a “estremecer al cristianismo hasta sus cimientos".

En tal caso conviene guardar la calma, y seguir ciertos pasos sencillos.

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4.03.18

Matar en nombre de Dios y el cambio de paradigma

Estos últimos meses he estado participando en grupos en Facebook, de debate entre ateos y creyentes. El nivel no es demasiado alto, por la naturaleza misma del medio, pero sirve para tomar la temperatura a las ideas y preguntas comunes con que los ateos de bar creen haber refutado el cristianismo. Que Jesús nunca existió, que todos los cristianos son literalistas de la Biblia, o que Dios no puede crear una roca que el mismo no pueda levantar. Ya se imaginan.

Sin embargo, hay uno de esos “desafíos” que me gustaría tratar en este espacio.

“Si tu Dios te ordena matar a una persona ¿lo harías?”

La pregunta es relevante, porque hay varios lugares del Antiguo Testamento donde Dios ordena matar. A Abraham se le ordenó matar a su hijo Isaac, y se le considera como un gran mérito el haber estado dispuesto a hacerlo. Además, esta pregunta pone en tensión principios fundamentales del cristianismo: por un lado la absoluta soberanía de Dios, que conlleva nuestra total dependencia y obediencia a su voluntad, y por otro el valor inviolable de la vida humana inocente. También es una pregunta con tintes políticos y contingentes. Es inevitable pensar en los atentados terroristas cometidos por islámicos, que se justifican en estar cumpliendo una voluntad divina.

Si la pregunta es seria y aparentemente simple, conviene dar una respuesta directa y clara, para que no se nos acuse de evadir el tema, y luego entrar en explicaciones. Y esa respuesta es:

“No, no lo haría".

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26.02.18

A propósito de la visita del enviado papal a Chile

Ante los reiterados, ya diríamos permanentes, casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos en Chile, permítanme reiterar algunas ideas que ya he expresado en este espacio.

Uno, se nos cae la cara de vergüenza. Por cada vez que nuestra esperanza en la Iglesia se acrecienta, con figuras como el Padre Alberto Hurtado o el recuerdo de la mediación de san Juan Pablo II durante el conflicto de Beagle, otras tantas y muchas más nos hemos sentido avergonzados por el comportamiento de nuestros sacerdotes.

Dos, estos comportamiento son gravísimos. Casi tanto como un padre que abusa de sus propios hijos biológicos, y mucho peor que el caso común del padrastro que abusa de los hijos de su conviviente. Más grave incluso para la Iglesia que para el Estado, pues se involucra a Dios y a la Iglesia (que es el cuerpo de Cristo) en un crimen horrible.

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15.02.18

¿Qué ofrece la Iglesia al mundo?

En el año 42 del imperio de Octaviano Augusto, en una lejana provincia del imperio, nació el Salvador.

El mundo donde nació Jesús, a ojos del hombre moderno, solo podría calificarse de brutal. El aborto y el infanticidio eran tan comunes que los cuerpos de bebés tapaban las cloacas de las ciudades, y los niños juzgados como defectuosos eran pasto para las fieras. Las hijas de familias poderosas eran prometidas en matrimonio a los 7 u 8 años, como monedas de cambio sexual para alianzas políticas, habitualmente a sus tíos o primos; en tanto que a las de familias pobres podían esperar poco más que la prostitución. La poligamia era una práctica aceptada como la cúspide de la decencia, y sin embargo nadie esperaba que el hombre fuera fiel, pues podía además tener las concubinas o esclavas sexuales que pudiera mantener. Al mismo tiempo, el adulterio de la mujer se castigaba con la muerte. Por cierto, la muerte era el castigo común para toda clase de crímenes, desde la falsificación de moneda hasta la sedición contra el emperador. La única diferencia con relación a la gravedad del hecho radicaba en el método con el cual se aplicaba, más o menos lento y doloroso. Los acusados de un delito menor podían languidecer por años y morir en calabozos infectos, sin que nadie prestara mayor atención a su situación, hasta que alguien necesitara la celda.

Así era el mundo nació Jesús de Nazaret.

Tampoco era el peor de los mundos. NSJC nació “estando todo el mundo en paz", durante la Pax Romana, la cúspide de la civilización conocida por el hombre hasta ese entonces. La vida entre las tribus de los “bárbaros” era todavía peor a la que existía dentro de las fronteras del imperio. Ahí la ley del más fuerte era apenas suavizada por la superstición y la brujería.

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15.11.17

Objeciones a la Primera Vía de Santo Tomás

Decíamos que las 5 Vías de Santo Tomás son argumentos válidos para demostrar la existencia de Dios, pero no están completamente desarrollados. Más bien son un resumen o esbozo, que nos exige “rellenar” los conceptos filosóficos que su autor tenía en mente, si queremos al menos saber qué nos quería decir. En el post anterior, esperamos haber mostrado que la Primera Vía de Santo Tomás es algo muy diferente de lo que puede entender un lector casual puede entender.

Incluso si hemos tenido éxito en corregir los errores de una primera lectura, puede que todavía subsistan algunas objeciones que nos proponemos responder a continuación.

“La ciencia moderna ha alterado radicalmente nuestra comprensión del movimiento”

Si el estudio del movimiento de los cuerpos pertenece a la física, y esa ciencia ha hechos enormes avances en los últimos 200 años, parece lógico pensar que sería obsoleto e inútil lo que un simple profesor medieval pudiera decirnos al respecto. Después de todo, ellos pensaban que la Tierra era el centro del universo, y que los ángeles movían los planetas.

Es cierto que Santo Tomás revitalizó la filosofía aristotélica en el medioevo europeo, y que muchas ideas de Aristóteles acerca de la naturaleza se han demostrado como falsas. Conceptos como el éter o el lugar natural de los cuerpos han sido superados y refutados. Sin embargo, el análisis del movimiento que utiliza la Primera vía no depende de la filosofía natural aristotélica. El problema del cambio al que se refiere Santo Tomás, no es asunto físico sino metafísico, más preocupado con la comprensión fundamental de la realidad. La física moderna puede hablarnos de las partículas subatómicas, pero ella misma tiene cimientos más profundos que jamás podría contradecir. En efecto, las ciencias están construidas sobre la idea de que podemos conocer la realidad porque es esencialmente racional, incluyendo los principios de no contradicción y de razón suficiente. Eso nos basta para decir que de la nada nada deviene, y que solo llega a existir en acto lo que antes se encuentra en potencia.

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29.10.17

La pregunta que todo pro-aborto debe responder

“¿Por qué castigamos a quien aborta sin la voluntad de la mujer?”

En medio de todo el ruido del debate sobre el aborto, hay un asunto sobre el cual todo el mundo está de acuerdo: es justo castigar a quien causa un aborto contra la voluntad de la mujer. Existe un bien jurídico que proteger en el embarazo, y que justifica que el aborto se castigue con una privación de libertad apenas inferior a la del homicidio. Esto solo tiene sentido si el niño que está por nacer es un ser humano con derecho a la vida.

En su afán por permitir que las mujeres maten a sus hijos no nacidos, el lobby abortista no se percatan que sus argumentos provocan una profunda incoherencia en las leyes penales, y con ello una injusticia enorme.

En efecto, para justificar el aborto, se insiste con gran vehemencia que el feto no es un ser humano, que no es nada más que un grupo de células sin ningún valor ni derecho. El problema es que, si esto es cierto, no solo la madre podría destruirlas impunemente y sin enfrentar consecuencia alguna, cualquier persona podría hacerlo. Si el feto no es más que un montón de materia biológica mientras no abandone el cuerpo de su madre, no hay razón para castigar el aborto contra la voluntad de la madre. Después de todo, nadie puede ser castigado por destruir algo que no tiene ningún valor.

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2.10.17

Explicación de la primera vía de Santo Tomás

Corría la segunda mitad del S. XIII de nuestra era, cuando un cierto profesor de teología de la Universidad de Paris dictaba a sus amanuenses un compendio y resumen de los argumentos que un estudiante suyo debía dominar a lo largo del curso. En aquello oscuros y bárbaros tiempos, era habitual que los profesores dirigieran debates en torno a un tema, planteado como una pregunta abierta. Luego de escuchar los argumentos a favor y en contra de los alumnos, el profesor realizaba una explicación del tema, respondiendo a los argumentos planteados, y terminaba por responder a las objeciones levantadas. No debemos juzgar tan duramente los métodos tan burdos y arcaicos de estos nobles salvajes, sino compadecernos de sus pobres almas que no tenían a su disposición Google ni Facebook.

La Suma Teológica, como acabó llamándose el libro de aquel profesor parisino, contiene 5 argumentos o “vías” para demostrar la existencia de Dios. Desde su formulación, las vías de Santo Tomás se convirtieron en una referencia obligada en filosofía y la llamada teología natural. En la actualidad, sin embargo, parecen haber perdido gran parte de su fuerza. Muchos las leen superficialmente, las encuentran poco convincentes y las descartan como el producto de una época más simple o una filosofía superada.

Si las 5 vías de Santo Tomás ya no parecen tan decisivas, no es porque haya cambiado la lógica, o sus premisas se demostraran erradas, sino porque se les exige demasiado. Innumerables libros se han escrito acerca de la existencia de Dios, que reflejan miles de años de reflexión de los filósofos. Nadie esperaría que todo ese desarrollo intelectual se plasmara en un resumen 500 palabras o menos, o que pudiera resultar sencillo de entender para un lector casual. Tampoco es lo que intenta hacer Santo Tomás. Las 5 vías que encontramos en la Suma Teológica no son explicaciones completas o exhaustivas del tema, ni están pensadas para convencer a los ateos. Son apenas el esqueleto del argumento que los estudiantes de teología debían conocer y dominar

Sumado a lo anterior, la distancia cronológica y cultural con el autor, nos hace preguntarnos si realmente hemos entendido lo que Santo Tomás nos quiso decir hace 700 años. Entonces surge la necesidad de contar con una explicación actualizada de cada una de las vías. Recién al comprender lo que se nos explica podremos decir si cumplen o no con el objetivo de demostrar la existencia de Dios.

Vamos, entonces, a intentar “rellenar” este esqueleto que Santo Tomás nos entrega en la primera vía.

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30.08.17