¿Recitar el Credo o rezar el Padrenuestro?
Hace unos días, conversando con un viejo amigo, laico y socialista, me decía que le gustaba recitar el Padrenuestro, pero que le resultaba imposible recitar el Credo. Siguiendo espontáneamente la conversación, se me ocurrió decirle: ¿Por qué no pruebas a recitar el Credo desde los sentimientos del Padrenuestro?. Esa sugerencia le sorprendió y me contestó: lo voy a intentar. No sé cómo le habrá ido, pero hoy me parece interesante desarrollar un poco esta idea. Nos puede venir bien a todos.
La oración del Padrenuestro es una oración inmortal. Desde los inicios del cristianismo ha iluminado la vida y ha sosegado el corazón de muchos millones de personas. En ella Jesús nos resume y trasmite su propia experiencia de Dios. Y en consecuencia la visión que él tiene de sí mismo como hombre.
Él vive situado ante el Misterio de Dios a quien percibe, adora y ama como Padre. Sabe que la verdad del hombre consiste en reconocer la soberanía de este Dios misericordioso, en reconocerlo como santo, más allá de todo lo que está a nuestro alcance, y que la plenitud de nuestra vida de hombres, en contra de las sugerencias del demonio, está en aceptar su presencia y ajustar nuestra voluntad a la suya, santa y misericordiosa, acercando nuestra vida terrestre a la vida celestial y eterna. Todos los bienes nos vienen de El, su perdón y su misericordia son la fuente de la paz en el mundo y el principio de nuestra esperanza. En su gracia alcanzamos la victoria sobre el poder del mal para siempre.
