Sugerencias saludables para sacerdotes... y para todos (y II)
Solo en segundo lugar, después de haber revisado nuestra vida personal, nuestras instituciones, nuestros procedimientos, podremos preocuparnos sin presunción de los métodos y objetivos pastorales. Entiendo que una pastoral sincera, evangélica y eclesial, una pastoral realmente cristiana, tiene que insistir de manera positiva, sin temores de ninguna clase, de manera convincente y armoniosa, en aquellos puntos de nuestra fe que están hoy más olvidados o son más duramente cuestionados. 
Si el verdadero Pastor es Jesús, el punto de vista de la verdadera pastoral tendrá que ser preguntarnos, no qué es lo que la gente va a aceptar con más facilidad, sino lo que ahora mismo, en estas mismas circunstancias haría o diría Jesús, el buen Pastor ¿cómo acogería Jesús a esta persona, qué le diría, como le ayudaría a descubrir el Reino de Dios y aceptar sus dones?
En concreto, pienso que nuestra pastoral tiene que ser una pastoral hecha en clave de servicio, de ofrecimiento, en un exquisito respeto a la libertad y a los caminos de cada uno. Sin juzgar, sin regañar, sin querer imponer reglamentaciones y ordenamientos secundarios y contingentes. A partir de una acogida humilde y servicial, nuestra predicación tendría que privilegiar todo lo referente al conocimiento y a la aceptación de Dios como Creador y Salvador de nuestra vida.






