Sugerencias saludables para sacerdotes... y para todos (I)

¿Qué tenemos que hacer?
Una revisión personal que empieza por nuestra mentalidad
En primer lugar, tendremos que reconocer que nuestros sacerdotes, nuestros seminaristas, nuestros cristianos, todos nosotros vivimos en este mundo y con frecuencia asimilamos sin darnos cuenta juicios, actitudes, dudas, exigencias, que provienen de este mundo y corresponden más a los principios de una cultura atea que a una verdadera mentalidad cristiana.
Somos capaces de defender en nombre de Dios y del cristianismo ideas y razonamientos que corresponden más al tronco de la cultura atea que a la verdadera tradición cristiana. Esgrimimos derechos o pedimos acomodaciones que no proviene del espíritu cristiano sino del espíritu de la rebeldía y del antropocentrismo. Poco a poco, también nosotros sentimos la necesidad de instalarnos cómodamente, de tener de todo, de asumir los horarios y los calendarios de la “gente normal", sin darnos cuenta que estamos pactando con el mundo del materialismo, de la idolatría y de la irreligión.
Un sacerdote puede muy fácilmente llegar a sentirse incómodo en la Iglesia porque le estorba la obediencia, la abnegación, el inmovilismo, la falta de eficacia, etc. En algunas disidencias habituales y en algunos malestares crónicos, ¿acaso no puede haber una inadvertida inadecuación cultural?
El Papa Benedicto XVI ha pronunciado hace poco tiempo unas palabras muy severas:

Ahora nos llegan con la noticia de que en España se estaba preparando una red de instalaciones –porque no se les puede llamar clínicas- especializadas en abortos difíciles, es decir, abortos tardíos, hasta de nueve meses. Hubo un poco de debate en la opinión pública, pero ha desaparecido de la escena. No interesa. Sin embargo, queda en el ambiente la intención de modificar la ley del aborto y seguro que no será en sentido restrictivo.
¿Qué tenemos que hacer?