InfoCatólica / El blog de Monseñor Sebastián / Archivos para: Mayo 2008

13.05.08

Siempre es Pentecostés (I)


Estamos en tiempo de Pentecostés. Es el tiempo real de nuestra vida. Jesús llegó con su humanidad santa al mundo de Dios. El, que es el nuevo Adán, está ya en el paraíso recobrado de la vida eterna. Y desde allí tira de nosotros para que aprendamos a vivir junto a Dios, en ese mundo nuevo que es nuestra vida verdadera y definitiva.

Por eso me ha parecido interesante traer aquí un texto, en el que he intentado ordenar y resumir lo que Jesús nos reveló sobre el Espíritu Santo y lo que este Don supremo hace en nuestra vida y en nuestra santificación.

Con el don del Espíritu Santo, Jesús hace crecer en nosotros el amor de Dios, la experiencia gustosa de la verdad y la bondad de Dios, el deseo de vivir con El y de sintonizar nuestra vida con la suya, con sentimientos de piedad, gratitud, misericordia, donación, gozo, plenitud.

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8.05.08

El martirio en la vida de todos los cristianos (IV)

Pensando en nuestro presente

Los mártires son nuestros maestros de vida. Ellos nos descubren lo que todos llevamos dentro. En ellos queda patente la realidad profunda de nuestra vida, el valor absoluto de Dios, la primacía de la vida eterna, la seguridad de la fe, la firmeza del amor y la fuerza del Espíritu Santo para vencer todas las dificultades que podamos encontrar en este mundo.

La memoria de los mártires nos muestra que vivimos en un mundo difícil, en el que operan los poderes del Mal y al que no nos podemos entregar ni someter. No es posible un cristianismo concordista. El deseo de evitar los conflictos no puede ser un deseo primario ni una norma general. La primacía del amor, la fidelidad a la misión recibida pueden ponernos en situación de conflicto aunque nosotros no lo queramos. La naturaleza testimonial de la vida cristiana, la novedad y la radicalidad de la doctrina de Jesús y del mandamiento del amor universal nos expone a los conflictos contra los poderes de este mundo, cuando estos pretenden organizar la vida a favor del bien de algunos contra el bien, los derechos y hasta la vida de los más débiles.

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4.05.08

El martirio en la vida de todos los cristianos (III)

¿Qué es el martirio?

El mártir, con su muerte, en la firmeza de su testimonio, a pesar de la debilidad de su carne, hace visible lo invisible, como si lo tocara con las manos, muestra de manera casi palpable la soberanía de Dios y la inminencia de la vida eterna, de este modo consuma su fe, alcanza la plenitud de su libertad y de su amor, trasciende lo terreno, consuma su esperanza y entra directamente en la posesión de las promesas. El martirio es la denuncia de todas las idolatrías y la victoria sobre todos los totalitarismos.

Conviene subrayar que la naturaleza del martirio no consiste simplemente en el hecho de la muerte ni del sufrimiento. El martirio es el mantenimiento de la fe, la firmeza del amor y la consumación de la esperanza, por encima del amor a esta vida, la superación de toda reserva y la consumación del amor precisamente con ocasión de la muerte irremediable. La muerte hace crecer hasta el límite la adhesión y el amor del testigo al Dios vivo. En eso radica la fuerza invencible de su testimonio.

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1.05.08

El martirio en la vida de todos los cristianos (II)

El martirio en la historia de la Iglesia

Los discípulos

En las vísperas de su muerte se manifiesta vivamente la preocupación del Maestro por la suerte de sus discípulos. Sabe que a ellos les va a ocurrir algo parecido a lo que le está ocurriendo a Él. Desde los primeros momentos les dice que van a ser perseguidos por su causa y les anima a no tener miedo a los que solamente pueden matar el cuerpo. Les llevarán ante los tribunales, les azotarán, les perseguirán, pero no tienen que asustarse porque el Espíritu estará con ellos y les dirá lo que tienen que decir en cada momento. Al fin y al cabo a él también le están persiguiendo y el discípulo no puede ser más que el Maestro. Desde el principio queda claro que el destino martirial de Jesús va a ser también el destino de sus discípulos. Y es que la fe es seguimiento, participación en la vida y en la muerte del Maestro. Tanto él como los discípulos tienen que confiar en la providencia del Padre que cuida de las flores y de los pajarillos del campo. El Padre del Cielo cuidará de todos en este mundo hostil donde tienen que anunciar su nombre y manifestar su amor y su misericordia en medio de apreturas y persecuciones (Mt 5, 11; 10, 20ss).

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