InfoCatólica / In hoc signo vinces / Archivos para: Mayo 2025

17.05.25

León XIV: Alegría y esperanza

Queridos lectores, como todos ustedes ya saben, la semana pasada tuvo lugar la elección de nuestro nuevo Papa, León XIV. Ruego me disculpen por no haber escrito antes sobre este estupendo tema, pero circunstancias personales me lo han impedido. No obstante, el hecho de que hayan pasado unos días también me ha permitido pensar, contemplar, escuchar y leer cosas varias y muy interesantes sobre el nuevo Papa. Ahora deseo pronunciarme yo al respecto.

Lo primero que debo decir es que comparto, plenamente, la alegría y esperanza generadas, en muchos católicos, por la elección del papa León XIV y por sus primeros gestos y palabras. Resulta claro que la Iglesia necesita al Romano Pontífice, por lo que siempre es una gran alegría que la Sede de San Pedro deje de estar vacante y los católicos tengamos nuevo Papa. Asimismo, también a mí me agradó mucho ver al nuevo Papa aparecer en el balcón de San Pedro revestido con muceta y estola, así como saber que ha tomado la decisión de residir en el Palacio Apostólico. Decisiones y gestos, todos ellos, que, para mí, tienen importancia y que me han parecido muy inteligentes. No es falta de humildad, sino todo lo contrario, que un Papa se revista adecuadamente como Papa y resida donde era ya tradición que residieran los Papas. El cargo es que el que es y, en mi opinión, conlleva todo ello y lo merece.

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2.05.25

El secreto de la felicidad

Queridos lectores, como ustedes bien saben, el deseo de ser feliz es algo que se encuentra impreso en la naturaleza humana. No creo que exista un solo ser humano que, en el fondo de su corazón, no aspire a ser plenamente feliz. Y esto, con independencia de que la persona sea mejor o peor. Siendo, pues, esta nuestra naturaleza, la cuestión sobre cómo ser felices no es, para nada, baladí. ¿Cómo lograrlo, pues? Veámoslo.

Lo primero que se debe decir sobre esta cuestión es que la fuente de la felicidad humana es Dios en Sí mismo, así como, también, el inmenso amor que Dios nos tiene y el amor con que nosotros correspondamos al Señor. Si hay personas que no creen en Dios que están empezando a leer este artículo, tal vez se sientan decepcionadas por esta primera respuesta, ya que, en principio, Dios no cuenta para nada en sus vidas. Ruego, pues, a estas personas que tengan paciencia y sigan leyendo, ya que voy a procurar explicarlo y lo que aquí voy a escribir es así para todas las personas, sea cual sea su condición o circunstancias. No en vano, ya San Agustín, en una expresión suya muy conocida, puso de manifiesto lo siguiente: “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Y el Santo se refería a todas las personas, no solo a los cristianos. La fuente de la felicidad humana es, por tanto, de orden espiritual, no material, pues Dios es Espíritu purísimo y el amor es una realidad espiritual. Las cosas materiales de este mundo no pueden llenar plenamente el corazón humano; y tampoco las personas, aunque tanto las personas que nos aman y que, a nuestra vez, amamos, como los bienes materiales puedan suponer para nosotros un nivel importante de gozo. Pero, lo que es felicidad plena y absoluta, solo Dios puede proporcionárnosla. Así, existen personas que habiéndose convertido al Catolicismo, han testimoniado que, antes de su conversión, teniendo, en principio, bienes de sobra para vivir estupendamente y ser felices, sin embargo, al mismo tiempo experimentaban un vacío espiritual muy grande; lo cual las llevó, en cierto momento, a dirigirse a Dios, pidiendo ayuda; respondiendo Dios a esas personas con infinita Misericordia, guiándolas hacia la conversión, esto es, hacia Sí.

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