InfoCatólica / María Lourdes Quinn / Categoría: ........ - Adviento

13.12.08

¿Sabía lo popular que es en Suecia una santa italiana? (Mc.1, 8))

Santa Lucía está inscrita en la Martirología Romana y en el Canon de la Misa (por el Papa S. Gregorio Magno) y se le ha tenido devoción desde tiempos remotos (como indican citas tempranas de su fiesta y la dedicación de iglesias con su nombre), pero fue el encuento de la inscripción sepulcral de la santa en 1894 lo que aclaró las dudas que pudieran haber de su existencia histórica por falta de detalles de su vida por fuentes próximas al tiempo de su martirio. Su cuerpo incorrupto está en Venecia.

No extraña que se le tenga mucha devoción en Siracusa (Sicilia), Italia, donde vivió. Su madre no quiso que se consagrara a Cristo hasta que se curó por intercesión de la santa en un peregrinaje, pero fue denunciada como cristiana por el novio que su madre le había encontrado antes del milagro. Se piensa que durante el proceso dió fiel testimonio de lo que dijo S. Juan Bautista en el Evangelio del Segundo domingo de Adviento: “Él os bautizará con Espíritu Santo” (Mc. 1, 8) . Recordó al prefecto la promesa de Jesús a sus discípulos que ante gobernadores: “No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu Santo el que hable en vosotros”. e insistió que “los que viven piadosa y castamente son templos del Espíritu Santo” y que “Si por fuerza mandas que mi cuerpo sea profanado, mi castidad será honrada con doble corona”. Eso resultó en su martirio tras muchos tormentos.

No extraña que por su popularidad en Siracusa creció la tradición de que viene en su fiesta a traer dulces y regalos a los niños buenos, volando sobre un burro. ¿No recuerda un poco esto a Papá Noel? Lo que sí podría extrañar es que un país protestante desde hace siglos como Suecia, conmemore a esta santa católica con celebraciones populares que se difundieron desde allí por toda Escandinavia, aunque queden pocas referencias a su origen católico (como pasó con S. Nicolás).

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12.12.08

La ciencia no lo entiende, la fe sí (Mc. 1, 1)

Las apariciones marianas no son dogmas de fe que tienen que creer los fieles católicos. En cambio, sí es dogma que María es Madre de “Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc. 1, 1), llamado Él así por S. Marcos al comienzo del Evangelio del Segundo domingo de Adviento. Pero, la Iglesia Católica ha aprobado ciertas apariciones para la devoción pública, como la de Ntra. Sra. De Guadalupe ("la que aplasta la serpiente"), Patrona de Méjico y de las Américas, que se apareció en Méjico a S. Juan Diego en 1531.

Dijo la Virgen en náhuatl que era “madre del verdaderísimo Dios” y pidió un templo para dedicárselo a Dios y al cuidado de sus hijos. La imagen sobre el manto del santo continúa a desafiar las investigaciones científicas y es admirada por el códice pictórico que representa según la cultura indígena, (temas tratados en la película Guadalupe que se estrena hoy en España.) A pesar de no ser dogma de fe creer en las apariciones, millones de fieles van cada año al santuario de Guadalupe, haciéndolo el santuario mariano más visitado del mundo.

Enlaces sobre los misterios de la imagen:

1)
Sitio oficial con el relato del “Nican Mopohua y estudios sobre las apariciones.

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11.12.08

Lo que indica un nombre propio (Mc. 1, 7)

Santa Maravillas de Jesús (1891-1974), hija madrileña de un embajador de España ante la Santa Sede, fue inspirada a fundar un convento en el Cerro de los Ángeles, de la que fue priora desde 1926. También fundó carmelos en España, India y Ecuador. Murió diciendo: “¡Qué felicidad morir carmelita!”en La Aldehuela (Madrid), donde estuvo sus últimos 14 años. Allí fundó un colegio para niños pobres, una barriada con muchas casas y una iglesia. Pero, por muy maravillosa que parezca ser toda esa actividad, no es esa la mayor “maravilla” en la vida de la santa.

Su mayor mérito es que vivió fiel a la segunda parte de su nombre: “de Jesús”, fiel al voto perpetuo de castidad que hizo en privado a los 21 años y pudiendo ella siempre decir como S. Juan Bautista en el Evangelio del Segundo domingo de Adviento: ““Detrás de mí viene el que puede más que yo” (Mc. 1, 7). Consciente de su humanidad (después de todo, tuvo que huir a Salamanca por la persecución de la Guerra Civil), se consideró ser nada mientras admiraba con un amor tremendo la grandeza y el poder del Señor. Decía: “Es un gozo no ser nada para que Él lo sea todo en mí”. Resume esto bien su frase: “Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera”.

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10.12.08

No es nada fácil pedir perdón (Mc. 1, 5)

Una de las cosas más necesarias y difíciles de hacer bien en esta vida es pedir perdón. Una vez, al confesarme, me preguntó el sacerdote si había pedido perdón a la persona que había ofendido. Le dije que había demostrado a esa persona que estaba arrepentida, pero el sacerdote insistió, preguntándome si le había dicho “lo siento” o “perdón” a la persona ofendida. Explicó que muchas veces creemos que hemos demostrado nuestro arrepentimiento pero quizás no es tan obvio a la persona ofendida como cuando pedimos perdón usando esas palabras con toda sinceridad, aunque nos cueste. Me di cuenta de que ese sacerdote tenía toda la razón cuando hablé de nuevo con la persona en cuestión y me dijo después que no tenía la menor idea de que estaba arrepentida hasta que le dije: “Lo siento”.

Porque cuesta mucho pedir perdón, me llamó la atención en el Evangelio del Segundo domingo de Adviento que los judíos “confesaban sus pecados” (Mc. 1, 5) antes de ser bautizados por S. Juan Bautista en el río Jordán. Hubo santos bíblicos que también reconocieron sus faltas e imperfecciones ante Dios antes de la venida de Jesucristo. Dice S. Gregorio Magno que “un capitán estima al soldado que en la guerra, habiendo vuelto después de huir, ataca con más valor al enemigo, y estímale aún más que al que nunca huyó pero tampoco mostró valor alguno.”

¿Conoce bien la Biblia?

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9.12.08

Converso vidente a los 57 años (Mc. 1, 7)

Como indica el nombre náhuatl de San Juan Diego (1474-1548), “Cuauhtlatoatzin” (“Águila que habla”), la vida humilde de este santo con un papel principal en el Acontecimiento Guadalupano (las apariciones de Ntra. Sra. de Guadalupe) tiene mucho que decirnos. Desde su bautizo con su mujer en 1524 por uno de los primeros franciscanos en México, andaba una distancia de 20km para asistir a Misa y a clases de catecismo. Cuando falleció su mujer se mudó a la casa de su tío, a 14km de la iglesia (tres horas y media a pie). Iba descalzo, como los pobres de su época. Yendo a la iglesia una mañana por la colina del Tepeyac, vió a Nuestra Señora que le habló en náhuatl y le llamó “Juanito, Juan Dieguito”, encargándole que le pidiera al obispo la construcción de un templo en ese lugar. Quizás le llamó así porque a pesar de su edad todavía tenía alma y corazón de niño.

S. Juan Diego cumplió su encargo, pero al no hacerle caso el obispo (puesto que en esa época se reportaban muchos falsos milagros), le pidió a la Virgen que enviara a alguien más importante. Pero, “Dios ha elegido a los insignificantes y despreciados del mundo; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios” (1Co 1,28.29) S. Juan Bautista dijo: “no merezco agacharme para desatarle las sandalias [al Señor]” (Mc. 1, 7) y S. Juan Diego mostró la misma humildad al decirle a la Virgen: “soy sólo un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda”. Así mereció que ella le llamara con cariño “el más pequeño de mis hijos”. Como dice S. Gregorio Magno: “[El santo] se alegra de ser considerado poco por los demás, porque ve confirmado en esa baja reputación lo que él pensaba de sí mismo” (Diatesseron, 1).

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