"Escándalos" que no lo son

En el Evangelio del XXVI Domingo de Tiempo Ordinario, el Señor tiene palabras muy fuertes para: “El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen” (Mc. 9, 42). El que era “piedra de tropiezo y roca de escándalo” (1 Ped. 2, 8) para los no creyentes no se refería a todo escándalo, sino que condena el que hace daño espiritual a los que sí creen, a nuestros hermanos en Cristo. Así llegaría a decir S. Pablo:

“Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece, o se escandalice, o flaquee. La convicción que tú tienes, guárdala para ti y para Dios. Dichoso el que a sí mismo no tenga que reprocharse lo que siente.” (Rom. 14, 21-22)

Por eso, en una cita compartida por el lector Luis en “‘Hay rumores de que no sé quién es no sé que’”, señala S. Gregorio Magno: “Cuando alguien se escandaliza de la verdad, mejor es consentir el escándalo que ocultar la verdad”. Siempre habrá personas que considerarán un escándalo el bien hecho por otros como hacían los fariseos con el Señor.

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No es de extrañar, entonces, que S. Vicente de Paúl (1581-1660) podría haber causado tanto admiración como crítica. Los que prefieren la vida activa podrían criticar que este fundador de la Congregación de la Mmisión que fue capellán general de las galeras sólo dedicaba 9 horas y media de trabajo al día, reservando 3 horas para la oración y 3 horas y media a los que llamaba “varios”, durmiendo todos los días de las 21h a las 4h. Los contemplativos podrían decir que trabajaba demasiado.

En cambio, este santo que se dió por completo al Señor y a los pobres a los 30 años y cuyas obras daban gran fruto insistía en que “Las cosas de Dios se hacen por sí mismas, y la verdadera sabiduría consiste en seguir a la Providencia paso a paso sin adelantarle ni retrasarse”, que “debemos honrar particularmente a su Divino Maestro en la moderación de su obrar”.

Las “Hijas de la Caridad” a quienes dirigía eran religiosas sin hábito ni votos solemnes, al contrario de las demás religiosas de la época, que eran de clausura. ¿No hubiera parecido eso escandaloso a algunos? Pero no por eso dejó de hacer el bien, dejando claro que “Dios es amor y quiere que se vaya a Él por amor”, de tal forma que dominaba su propio temperamento, ayudado por los escritos de su gran amigo S. Francisco de Sales (otro santo que logró convertir su temperamento en dulzura), y no toleraba que entre las que dirigía hubiera quienes se “escandalizaran” de que otras no siguieran el mismo sendero espiritual que ellas:

“Hay entre vosotras algunas que no sienten a Dios en absoluto, que jamás le han sentido, que no saben lo que es sentir gusto en la oración, que no tienen la menor devoción, o al menos así lo creen… Hacen lo que hacen las demás, y lo hacen con un mayor amor que es tanto más fuerte cuanto menos lo sienten. Este es el amor eficaz que no deja de actuar, aun cuando no se deje ver".

Aparte de las obras de Caridad (y no se refiere aquí este Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad sólo a obras caritativas corporales), “lo demás no es sino producto del espíritu, que habiendo hallado cierta facilidad y hasta cierta dulzura en la consideración de una virtud, se deleita con el pensamiento de ser virtuosos”. Esta imaginación puede hacer pensar que es virtud lo que no lo es, como el falso celo.

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Fragmentos de “Contra los murmuradores” en “Tercer abecedario espiritual” por Francisco de Osuna (libro muy recomendado por Sta. Teresa de Jesús por haberle hecho muchísimo bien)

Muy anejo es a los varones aprovechados, según dice San Gregorio, sentir el desaprovechamiento de los disolutos y penarse viendo que no andan los otros en la carrera de la perfección como ellos, y porque de la abundancia y pena del corazón suele hablar muy presto la boca, síguese fácilmente la murmuración de los males ajenos, callados los bienes, y lo que da calor a esta murmuración, dorándola y enmelándola para que no parezca mal a los hombres que la oyen, es un poco de celo que mezcla el demonio en ella, como el pescador que cubre con la blanda lombriz el duro anzuelo, para prender engañosamente los peces que se andaban seguros y estaban escondidos en lo profundo del agua.

“Dicen éstos, para encubrir el gran vicio de la murmuración con el fingido celo, que no es aquello murmurar, porque ellos no quieren decir mal de la persona que traen entre los dientes, sino del vicio que tiene, al cual aborrecen, dejada aparte la persona, y para esto aun añaden, porque no parezca su habla sin provecho, que lo cuentan aquello para que los oyentes se guarden de aquel mal, y acaece, como dice Gersón, que contando aquello de otro se comparen y antepongan a él, como el fariseo al publicano, diciendo que no son ellos como aquél, al cual acaece haber Dios justificado, porque delante de él ha conocido su mal, y los que murmuran tornan a caer en el hoyo de do el otro se levantó, haciendo, según dice el Apóstol, lo mismo que juzgan; ca del pecado que ya no es hacen ellos presente, no para el otro que ya salió de él, sino para ellos que de nuevo entran, abriendo el pozo que ya el otro cerró con el arrepentimiento que siempre es de presumir; y si dicen que no es pecado mortal aquello de que hablan, tanto peor, pues tienen menor causa de murmuración, y no por eso dejan de lo proseguir y ponderar con más astucia, abominando las cosas del otro como si fuesen de hombre malo, y el menos mal que dicen de él es que no tiene amor a la virtud, ni la favorece, ni es amigo de la penitencia, ni de la oración, lo cual no dices sino porque no se conforma contigo en tus novedades, ni cura de tus consejos ni pareceres, en lo cual no peca, pues no es obligado a ello. […]

Tu misma virtud, si alguna tienes, oscureces, aunque piensas que la favoreces, cuando quiera que por una vía o por otra dices mal de tus hermanos; aunque eso que digas en ellos no sea pecado, eslo en ti, pues que lo dices para menoscabo del otro; y tu imaginación hace caso en ti, fingiendo para ti peligro donde no hay peligro para el otro. Aunque carezcas de vicios carnales y pienses que eres hombre espiritual, créeme que no careces de grandes vicios espirituales y sotiles si sueltas tu lengua a menospreciar o a menoscabar la fama ajena, y abres tus orejas y las enderezas como caballo que se arrufa y despierta, queriendo oír de voluntad y dar crédito al que dice mal de otro, como más de verdad deberíamos tener por malo al murmurador que no al murmurado, pues que el pecado de éste nos es notorio y no el del otro. […]

[Consideraciones prácticas]

La conclusión de aqueste punto está en dos cosas que te conviene hacer para que, no ofendiendo en la lengua, seas perfecto varón: La primera, que no hieras en secreto a tu prójimo murmurando de él en su ausencia, ca de otra manera serás maldito de Dios (Dt 27,24), sino que, a ejemplo del santo Job (Job 6,30), no se halle en tu lengua maldad ajena ninguna; basta que pronuncies las tuyas para que seas absuelto de ellas, y no las ajenas, para que, si estabas suelto, te ligues con lazos ajenos.

Lo segundo que te conviene es que, como dice el Sabio (Eclo 19,10), si oíste alguna palabra contra tu prójimo, muera en ti; entiérrala y escóndela profundamente en tus entrañas, que no te las rasgará; cubra tu caridad los pecados ajenos, por que la de Dios cubra los tuyos; alaba y ensalza cualquier bien que vieres y supieres que tiene tu hermano, y di tú aquel bien cuando otros dijeren tus males; los cuales tú debes olvidar como si nunca los hubieras sabido, haciéndote de nuevas cuando los tornares a oír, y gimiendo en tu corazón porque aún no estás justificado, aunque no tengas aquello, ni sabes cuándo merecerás ser dejado de Dios para que caigas en cosas peores. Bienaventurado es el que lee aquesto y lo guarda con todo estudio. Amén.”

Es muy recomendable tanto el capítulo completo “Contra los murmuradores” como el que le sigue en el libro de Francisco de Osuna: “De la corrección fraterna”, en la que se explican unas condiciones para cumplir bien esta obligación, sin causar escándalo.

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Procuremos, hermanos, no solo vivir rectamente, sino también obrar con rectitud delante de los hombres; y no solo preocuparnos de tener la conciencia tranquila, sino también […] procuremos no hacer nada que pueda hacer sospechar mal a nuestro hermano mas débil, no sea que comiendo hierba limpia y bebiendo un agua pura pisoteemos los pastos de Dios, y las ovejas mas débiles tengan que comer una hierba pisoteada y beber un agua enturbiada.” (S. Agustín, Sermón 47, sobre las ovejas,12-14).


Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]
: ¿De qué buenas obras se “escandaliza” la gente? ¿Por qué cree que causa “escándalo” el bien? ¿Cómo cree que uno puede superar la tendencia a “escandalizarse” del bien ajeno?

Mañana: Sta. Eustaquia – “el que os dé a beber un vaso de agua” (Mc. 9, 41)

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