InfoCatólica / La Puerta de Damasco / Categoría: General

21.04.22

Domingo

El cuarto evangelio deja constancia de la aparición de Jesús resucitado a los suyos “al anochecer de aquel día, el primero de la semana” y, de nuevo, “a los ocho días” (Jn 20,19.26). El día primero de la semana, el primer día después del sábado, pasó a llamarse “domingo”, “día del Señor”, porque en ese día tuvo lugar la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

San Agustín comenta que “el Señor imprimió también su sello a su día, que es el tercero después de la pasión. Este, sin embargo, en el ciclo semanal es el octavo después del séptimo, es decir, después del sábado hebraico y el primer día de la semana”. Jesús resucitado inaugura la nueva creación y la nueva alianza y abre, asimismo, el día que no tendrá ocaso: la vida eterna.

Nadie vio el hecho mismo de la resurrección. Se trata de un acontecimiento transcendente que irrumpe en la historia. Benedicto XVI, usando una metáfora, dice que se trata de la mayor “mutación”, del salto más decisivo en absoluto hacia una dimensión totalmente nueva que se haya producido jamás en la larga historia de la vida y de sus desarrollos.

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16.04.22

Lecturas: R. Fisichella, Il nodo ligneo. Sul rapporto fede e ragione

Rino Fisichella, Il nodo ligneo. Sul rapporto fede e ragione, Edizioni San Paolo (collana Sub lumine fidei), Cinisello Balsamo 2021, 254 páginas, ISBN 9788892226043, 25 euros.

 

Il nodo ligneo. Sul rapporto fede e ragione es un nuevo volumen de la colección de escritos de Mons. Rino Fisichella, arzobispo presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, que la editorial San Paolo recoge bajo el título genérico Sub lumine fidei.

El subtítulo de la obra – Sul rapporto fede e ragione – nos sitúa ante la temática abordada: la relación entre fe y razón; relación que, a la postre, incide en el vínculo entre verdad y libertad. Una cita de la encíclica Fides et ratio de san Juan Pablo II abre la introducción a este libro: “Una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusión pretender hacerlo libre. En efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente” (FR 90).

El primado de la libertad, sin referencia a la verdad, resulta engañoso. Si la razón se debilita, la libertad se desvanece. Es preciso, entonces, retornar a la verdad para que la razón se fortalezca y, de este modo, poder caminar en la libertad. La dictadura del relativismo es aliada de la pérdida de autonomía personal y conduce a dejarse manejar por los intereses de los poderosos.

Restituir la fuerza de la razón es necesario para la misma fe. Así lo atestigua la encíclica Fides et ratio, que aboga por una razón que se abra a las aportaciones de la revelación y por una fe que supere el riesgo de dejar de ser una propuesta universal.

Mons. Fisichella plantea este volumen como un comentario a la Fides et ratio y, con esta finalidad, revisa e integra diversos estudios que había propuesto en diferentes ocasiones para “suscitar interés por la investigación y permitir a la razón y a la fe explicarse y comprenderse recíprocamente” (p.15).

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15.04.22

Ojos del Crucificado

¡Triste de mí que he cruzado
de la vida los senderos
por largo tiempo sin veros,
ojos del Crucificado!
Mas, de vuestra luz privado,
me fue contraria la suerte…
¡Ojos muertos del Dios fuerte,
olvidad viejos agravios
y haced que os besen mis labios
en la hora de mi muerte!

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11.04.22

Hacer bien el bien

En otro blog de este portal se informa de que un sacerdote, que ejerce su ministerio en el ámbito rural, ha celebrado - se sobrentiende que solo él - trece veces la Misa del Domingo de Ramos y que tiene proyectadas cuatro celebraciones para el Jueves y otras tantas para el Viernes santo.

Nada que objetar a la disposición personal de ese sacerdote, en lo que tiene de muestra de sacrificio y de dedicación; en definitiva, de amor a Jesucristo y al pueblo que se le ha confiado. No pretendo, en estas breves consideraciones, rebajar ni un átomo esos méritos.

No obstante, me preocupa que lleguemos a considerar que un horario de culto así establecido sea mínimamente normal. Objetivamente, no lo es. Sigue estando vigente el canon 905 del Código de Derecho Canónico que establece, como norma general, que “no es lícito que el sacerdote celebre más de una vez al día”. Y añade el mismo canon que “si hay escasez de sacerdotes, el Ordinario del lugar puede conceder que, con causa justa, celebren dos veces al día, e incluso, cuando lo exige una necesidad pastoral, tres veces los domingos y fiestas de precepto”. Esa es la norma, que no debería convertirse en la excepción.

¿Por qué una ley así? Entiendo que la finalidad de la misma es velar por la verdad de los sacramentos y de todas las celebraciones del culto. Es tan precioso el culto a Dios que debe ser tratado con esmero. Santo Tomás de Aquino decía que “en los signos sacramentales no debe haber falsedad. Ahora bien, es signo falso aquel al que no corresponde la cosa significada” (Suma de Teología III, 68, 4).

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9.04.22

Haced esto en memoria mía

Si quisiésemos resumir el cristianismo en pocas palabras, podríamos evocar esta frase que Jesús pronuncia en su última cena: “Haced esto en memoria mía”. Una acción, la entrega ritual de su cuerpo y de su sangre, se convierte en el memorial que recuerda y hace presente a Cristo mismo.

En ese rito, que instituye la eucaristía, Jesús, sirviéndose de signos - el pan y el cáliz consagrados - anticipa la entrega de su cuerpo y el derramamiento de su sangre que se verificará en la hora de su muerte en el Calvario.

La muerte de Cristo resume su vida terrena, la sintetiza, la eleva a cifra del misterio de su ser. Un pagano, un centurión romano, al ver cómo había expirado, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. En la cruz se explica todo; se hace patente todo con la evidencia de un amor que no retrocede ante nada.

Si algo ha caracterizado los treinta y tres años de Jesús ha sido lo que los teólogos llaman su “pro-existencia”, su “vivir para”, su continua entrega al Padre y a los hombres. Él, que es el más perfecto y el más libre de los hombres, configura su paso por la tierra como un continuo donarse, haciendo ver así que perder es, en realidad, ganar: “quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará”.

Escuchar el “haced esto” de labios de Cristo puede ayudarnos a reconsiderar el modo en el que construimos nuestra identidad, así como la relación que establecemos con la sociedad, con los demás.

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