Andorra y el aborto

Ha salido recientemente la noticia de las negociaciones entre la Santa Sede y el gobierno de Andorra en lo relativo a la despenalización del aborto.
Según parece, ambas partes han buscado una fórmula que permita la permanencia en el gobierno de ese país del Obispo de Urgell.
En efecto, el pequeño Estado andorrano es gobernado en conjunto por un príncipe laico y este Obispo, según una Constitución de siglos de antigüedad.
Por ahí se argumenta que se quiere evitar una crisis institucional en el país por el eventual abandono por la Iglesia de la parte del gobierno que le corresponde, que se busca garantizar la presencia pastoral de la Iglesia en esa sociedad, que la “ley” que se quiere aprobar es de mínimos y solamente contempla que no sea penalizada la mujer, manteniendo la pena a los terceros implicados, y que el Estado no va a financiar los abortos. Se ha arreglado además, parece, que no tenga que figurar la firma del Obispo en la promulgación de esa “ley”.
Aqui debo reescribir el “post”, porque a la luz de Evangelium Vitae n. 73, se podría argumentar a favor de esta medida tomada por representantes de la Iglesia. Allí no se habla solamente de mejorar proyectos ya existentes, sino incluso de favorecer proyectos menos dañinos ante proyectos peores.
Aunque la traducción castellana (¿quién la hizo?) de Ev. Vitae n. 73 dice :
“En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos.”
en el original latino no aparece esa obligación, dice solamente que es un camino “equitativo y oportuno“:
“Hac enim agendi ratione officium suum non praestat illicitae vel iniustae legi; potius vero aequus opportunusque inducitur conatus ut eius iniquae cohibeantur species.“
Justamente, lo que bajo cierto aspecto pueda ser equitativo y oportuno, puede no serlo considerando otras circunstancias, algunas de las cuales se señalan en este “post".
De todos modos, aquí no se trata solamente de si se despenaliza o no el aborto, sino de que la Iglesia como tal aparece implicada en una negociación en torno a una despenalización del aborto.
Se podría haber razonado que en este caso, por esa especial circunstancia, por el escándalo que eso representa para los fieles, por el precedente que sienta en contra de la defensa de la ley natural dentro de la misma Iglesia, y por la previsible inutilidad de la medida que sólo logra poner el primer peldaño de la escalera abortista que están acostumbradas a recorrer estas fuerzas del mal, la conducta de la Jerarquía eclesial podría haber sido otra y no es difícil especular que en otros tiempos habría sido otra.



