"..., y a Dios lo que es de Dios".

Me da, que no tenemos que preocuparnos por estar pendientes de lo que hemos de dar al César: ya se encarga él de arrebañarnos lo que le debemos, más un muy buen plus de mantenimiento, que NO le debemos. Así que, por ese lado, ni media preocupación. Ya se ocupan ellos, con ansia y “devoción": la única que practican con verdadera fruición y desmadre de nuevos ricos. Que en eso están; y, más rápido que trde, lo van consiguiendo: que vienen de la nada los pobrecillos.

Además de lo que nos rapiña -el “César", con sus miles de conmilitones-, con ésto de la dichosa  “democracia", nos han convencido de que hay que darles hasta la conciencia y el alma.

O sea: que no contentos con dejarnos saquear y decirnos que se lo debemos, hemos de entregarles también la Vida Eterna -que tampoco se van a llevar la suya, vista su trayectoria-, y quedarnos, curiosa y trágicamente, con el Infierno. ¿Negocio redondo el nuestro, como generosos y bien expoliados “paganos”: los que siempre “pagan” todas sus rondas: las de ellos?  

Es lo que tiene “la democracia” que nos hemos dado a nosotros mismos: que ya hay que ser tontos no, lo siguiente. O, como dice Federico: “tonto hasta la hora de comer, y luego todo el día”. Así somos; pudiéndolo evitar, por supuesto. Pero “nos tira” fatalmente más el no evitarlo, y pagar lo que está escrito y estipulado, y lo que no: que también nos lo cobran.

El problema lo tenemos, seguro y más que seguro, en lo que SÍ debemos dar a Dios.  Que muy pocas veces acertamos, para qué nos vamos a engañar, oigan. Porque la verdad es que, si nos descuidamos -y lo hacemos hartas veces-, nos engañamos a nosotros mismos, miserablemente. ¿Por qué será?

Curiosa y trágicamente para nosotros, casi siempre -o sin casi-, nos quedamos no ya cortos, sino cortísimos en ese “dar a Dios”. ¡Es que todo nos parece demasiado siempre para Él; incluso la conciencia y la propia alma! Y eso que tenemos asegurado “el ciento por uno y la Vida Eterna”? Él es el Único que nos devuelve mucho más de lo “cobrado”. Porque no sólo noslo ha dicho, sino que, encima, nos lo ha demostrado hata la saciedad.

¿Por qué será que, ni acertamos con el César -se lo damos “todo” a cambio de condenarnos-; ni con el Señor: que se lo negamos “todo”, a cambio también de condenarnos?

¿Por qué será, que vivimos una vida totalmente al revés de como deberíamos vivirla, simplemente con que nos dejáramos llevar por Dios? Que es la única opción sensata y fructífera: con seguro de éxito total.

Nos hemos convertido, también nosotros, en esos recalcitrantes e irredentos sujetos del Pueblo Escogido, que ni a la de tres se someten al Señor, que los ha sacado de la esclavitud más miserable bajo los egipcios -meros esclavos, en una oprobiosa esclavitud, in crescendo-, y los ha encumbrado -gratis et amore- a ser queridos y tratados como hijos.

Pues nosotros, igual. Bueno: igual, no: muchísimo peor. Porque a nosotros nos ha Rescatado y Salvado del poder del Pecado, y de su precio no negociable: la Condenación Eterna. Y lo ha hecho a precio infinito: todo un Dios Verdadero y un Hombre también Verdadero, con su Pasión y Muerte de Cruz. Y todo ésto lo sabemos con absoluta certeza: ES la HIstoria de la Humanidad.

¿Estará en el ADN de la persona esta forma de ser de los hombres? Sí y No. Y me explico.

Que nacemos con el Pecado Original -el del “origen” exactamente-, es una verdad de Fe. Que el Pecado Original tiene como su efecto primero y principal, la enemistad radical con Dios, también es de Fe, si no me equivoco.

Que, además de este efecto, el Pecado Original daña nuestra naturaleza -nuestro ser “hombres", constituidos como “personas", es también algo Revelado por el Señor Dios, y enseñado tal cual por la Iglesia. Al menos, antes así lo enseñaba.

Ahora, en algún que otro sitio, pero EN la Iglesia, prohiben hasta rezar la Oración a San Miguel; que, como no puede ser de otra manera, le zumba al Demonio en todos los morros. Y, naturalmente: hay obispos en nómina que no pueden sufrirlo: “¡Maltratar de ese modo al Gran Maltratador, Jefe de todos los Maltratadores Premium!”. Hay que ser muy “bendito” para soportarlo. O un auténtico “Santo". O un buen stultus con pedigrí bien acendrado.

Que este “daño” viene constituido por una serie de “lesiones” o “heridas” que debilitan hasta nuestras constantes antropológicas -los afanes de “bien” y de “verdad", para las que estamos hechos, porque así hemossido creados por Dios-, no admite la menor duda.

Y a este “destrozo", que de suyo y en mayor o menor medida, “nos destroza”, la Iglesia Católica la denomina “Concupiscencia". Bien nombrada y definida, por cierto.

Una Concupiscencia que “nos aficiona” -nos hace-, “inclinados al Pecado”: Proni ad peccatum.. Nos lleva a considerar el Pecado como “solución", ocultándonos que, de suyo, es siempre una Ofensa a Dios. Grave o leve: pero Ofensa siempre.

Ofensa que siempre tiene un “precio": en esta vida, caduca por terrena -todo el mal que existe en el mundo, incluido el mal moral: el que es fruto exclusivo de nuestras obras-; y también en la Vida Eterna; que tiene dos signos totalmente absolutos: o Cielo -la Bienaventuranza Eterna-, o Infierno: la Eterna Condenación. No tiene vuelta de hoja, pues NO hay más posibilidades de Vida Eterna, para la que estamos hechos, también en el plano natural o existencial.

Tampoco hay otras “soluciones” o “escapaderas” distintas a éstas para el que no admite estas cosas: ya las verá; o, mejor: ya las sufrirá; porque en el Infierno sólo se sufre. Y Eternamente, por cierto, según nos lo revela el Señor Jesús: Id, malditos, al fuego eterno, que ha sido preparado para el Demonio y sus Ángeles. Palabra de Dios. No tiene pérdida alguna. Ni forma de darles esquinazo. 

¿Qué es, por tanto, “dar a Dios lo que es de Dios”?  Se podría centrar en un par de aspectos. 

El primero, que centra todo lo demás de modo absoluto -o sea: toda la vida del hombre-, y que aprendemos de Dios mismo, para que nadie “se pierda” o “se despiste” en sus personales elucubraciones, se enuncia así: Amarás a Dios sobre todas las cosas.

El segundo deriva directamente del primero, pues le da la concreción -la realidad práctica- que, tantas veces, no acabamos de buscar y alcanzar, se enuncia de este modo: “Señor, quiero ésto o lo otro sólo si Tú lo quieres; porque, si no, yo, ¿para qué lo quiero?".

En nuestra vida real -en el día a día de nuestra vida-, este es el criterio con que nos hemos de manejar. ¿El motivo? “Amarás a Dios sobre todas las cosas”. Merece la pena esta repetición.

¿Cómo llevarlo a cabo? Con esas sucesivas elecciones en las que vamos implantando éste criterio: “quiero ésto o lo otro, Señor, sólo si Tú lo quieres…”-; unas elecciones libres -hechas desde la fuerza del corazón-, que apartan del yo con sus impulsos, sus caprichos, sus vanidades, su soberbia, su lujuria…; en definitiva: con su descamino; y con las que se busca y se aprende a vivir según Dios Padre, Dios Hijo y Dios espíritu Santo. 

Y esta vida en la que “impera” el Señor, elegida con total libertad -con la libertad del amar a Dios sobre todas las cosas, que es la Libertad que Cristo nos ha ganado padeciendo muerte de Cruz-, se llama propiamente: Santidad, Vida Cristiana, Imitación de Cristo, Vida Espiritual, Vida Interior, Pisar donde Cristo ha pisado, y/o Vida Sobrenatural.

Esta “pelea” -la lucha interior- entre el “yo” y Dios, que desde siempre nos la plantea el Demonio -es su Oficio, elegido “a conciencia", y se empeña bien a fondo-, la hemos de resolver y vivir siempre a favor de Él. Éste es exactamente el quid de nuestra vida en la tierra: Él ha de ser “el por qué” y “el para qué” de nuestra vida entera".

No puedo dejar de referir una palabras muy sentidas -en concreto: entre lágrimas- de una persona que, tras hablarle del sentido que da Cristo a nuestra vida me dice, más como hablando consigo misma: “es que todo encaja”. Y lo repetía con total y absoluto convencimiento, a sabiendas de que había encontrado la clave para rehacer y reconstruir su vida: de cara a Dios. Después de muchos años de una vida sin Sacramentos y, en consecuencia, sin Dios.

“Es que todo encaja”. Porque ésta es la verdadera Sabiduría: el saber de Dios. La que sólo se alcanza con y desde el Señor Jesus, el Verbo que se hizo Carne para darnos a conocer el Verdadero Rostro -el único Ser- de Dios. Y no hay ni atajos, ni otros caminos para alcanzarla y poseerla.

Como es obvio, estas coordenadas hemos de querer aplicarlas en todas las situaciones de nuestra vida real: no en teoría, sino en la práctica; juzgándolas con valentía y acierto: en nuestra vida familiar, en el trabajo, en las relaciones con los demás, en el descanso y en el ocio; para volver a empezar, para pedir perdón y para perdonar, para rezar y para confesar los propios pecados, para aprender de Dios y “desaprender” del mundo y de nuestras pasiones; para cuando una cosa nos cuesta y para cuando nos hace felices; para la vida personal, familiar, social y política, etc.

Y, cuando se hace con ese afán de “amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a uno mismo” -“Estos Diez Mandamientos se encierran en dos”-, se acierta casi siempre: no siempre, porque somos falibles, y alguna vez podemos equivocarnos y volver al descamino, al soltarnos, precisamente, de nuestra Raiz y Origen: Dios; pero “casi”: porque el Señor, cuando nos ve que queremos actuar de este modo tan sobrenatural y tan hacia Él, no nos deja solos, y se vuelca: por eso acertamos.

Eso sí: para llevar a cabo con éxito estas sucesivas elecciones que nos llevan y nos llenan de Dios, necesitamos varias cosas, porque “a solas, únicamente por nuestra cuenta”, NO podemos.

La primera, la Gracia Santificante, que nos comunica el Señor a través de sus Sacramentos. Muy en especial, la Confesión y la Comunión, y en ese mismo orden. Sin Mí no podéis hacer nada: en el orden Sobrenatural, con valor absoluto.

Por supuesto, no puede faltar nuestra oración personal, que debe ir adquiriendo y teniendo una gran carga de petición confiada: “¡Ayúdame!". “¡Sin Tí nada soy y nada puedo!”. “¡Apiádate de mí, Señor, que soy un pecador!“. Y otras semejantes. Porque: al que pide, se le da, como nos confirma Cristo. Por ´sto nos invita: Venid a Mí…

Sin que nos falte, lógicamente, buscar y agarrarnos a la Intercesión, eficaz e impagable, de nuestra Madre Santa María: especialmente con el rezo del Santo Rosario, “arma poderosísima”. Sin la Santísima Virgen nos quedamos con nuestra  real e inútil impotencia. Hijo, ahí tienes a tu Madre.

Con éstos mimbres, hemos de empeñarnos firmemente, con la firmeza que adquiriremos poniendo en práctica, con constancia -por encima de los posibles fracasos, que pueden acompañarnos en muchas ocasiones: volviendo a empezar siempre, que ésto es la Vida Interior-, esos pasos anteriores.

No me resisto a recoger unas palabras de Calderón de la Barca, en “El Alcalde de Zalamea", que reflejan, al nivel del Siglo de Oro español, lo que es la mente y el alma “católicas", y cómo se manejan: ‘Al Rey, la hacienda y la Vida se han de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios’.

Como aclaración, creo que pertinente: “honor” es exactamente lo que valemos ante Dios y para Dios. Un “valer"  que reconocemos, y en el que nos reconocemos, como primer criterio de valoración personal.

Así escribía un Católico: en Católico, lógicamente. Y lo Católico es exactamente ésto: la conciencia, el corazón, el entendimiento y, por decirlo todo de una vez: el alma -la propia persona-, son de Dios. Porque cada uno de nosotros “somos” de Dios: de Dios venimos y a Dios hemos de volver. Se admita o no. Como que “el Ebro pasa por Zaragoza” -de toda la vida-, se admita o no.

Morante decía -así lo escribe- que hay tres saberes imprescindibles, por necesarios: “saber de dónde venimos, saber qué/quiénes somos, y saber a dónde vamos”. Sin éstos “saberes” el hombre vive, porque está, “como un pulpo en un garaje”; ésto último es una cuña públicitaria muy mía: nada que ver con Morante ni con Calderón.

Y añado, con seguridad y firmeza: Sólo el hombre que sabe de dónde viene y a dónde va, sabe, con absoluta certeza qué/quién es. Nos lo recalcó san Juan Pablo II: “Sólo Cristo revela al hombre lo que es el hombre".

De ahí que, sin Cristo -sin Dios, Real y Verdadero-, el hombre/la mujer se desconoce a si mismo, sin posibilidad de subsanar ese vacío: intelectual, moral, espiritual y existencial: ni sabe qué es, ni qué pinta: NI lo puede saber.

Y pasa lo que pasa; lo que vemos que ha pasado y sigue pasando. Desde no reconocerse como “naturalmente sexuados", hasta meterse hasta las cejas en todas las dependencias habidas y por haber, pasando por destrozar el propio matrimonio a base de hacer añicos a los propios hijos. Ya en el Antiguo Testamento Yaweh Dios les profetiza que llegarán a comerse a sus propios hijos entre otras muchas “finuras".

Destrozadicos, oigan -con una autodestrucción a veces disfrazada de “éxito humano”: que aún les ciega más, para provecho del Diablo únicamente y perdición personal-, todos estos “sin Dios”. Ya lo verán y lo experimentarán, de cierto: ya lo siento, oigan…

Y NO hay otra explicación que satisfaga el desenmascaramiento de todas las falacias de las ideologías, de todo tiempo, lugar y procedencia. Que todas no son sino engaños -“el timo de la estampita”-, para listillos: a los que se la cuelan hasta doblada; para encontrarse con recortes de periódico cuando se creían afortunados y ricos. Más tontos no los hay; pero hasta aqui, muchos. Ya lo dijimos más arriba.

El problema es que lo comprobarán cuando ya no hay remedio posible: en el Juicio Particular, reafirmad luego públicamente en el Juicio Universal, cuando ya NO hay marcha atrás posible. Por ésto nos adierte el Señor, muy seriamente: Caminad mientras es de día; porque llega la noche cuando ya no se puede caminar: y uno tropieza y cae.

14 comentarios

  
serafina
COMPENDIO DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLLESIA

IV. EL SISTEMA DE LA DEMOCRACIA

406 Un juicio explícito y articulado sobre la democracia está contenido en la encíclica « Centesimus annus »: « La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. (Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 46: AAS 83 (1991) 850.)


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Cómo declaración de principios está pero que muy bien. Gracias.
Claro que, con la mano en el corazón:¿Ésto se cumple en algún sitio? La única excepción que veo es USA. En ningún otro país sucede.
Por no hablar -que lo voy a hacer ahora mismo-, de los pucherazos -que se dan: por eso existen-, los tics dictatoriales -que están al orden del dia-, los abusos de todo género -empezando por el tema de las perricas-, las "leyes" cruelmente inhumanas -al orden del día: día sí y día tb-, la desaparición del "bien común" como "empresa" de orden politico-social
-missing total, por muerto y enterrado -a manos de sicarios pagados con dinero público: o esa, con "mi" dinero: en paradero desconocido-, la destrucción obsesiva de la persona y sus necesarias e insustituibles construcciones: familia, cultura, sociedad -tan evidentes, que da náuseas asta recordarlo-, etc.
¿Todo ésto te parece "democrático"? Y, además, ¿te parece que concuerda y cumple con las palabras de san Juan Pablo II? Tú misma.
Hay personas en la Iglesia y, por tanto, que se tienen por "católicos de pro", que no distinguen los principios que deben regir las cosas y las personas que deben actuar conforme a ellos, con la realidad que los machaca: a los principios, a las cosas y a las personas.
Precisamente el Señor Jesús nos anima encarecidamente a 'juzgar': para no liarnos, para tener criterio, para formarnos la conciencia y, en definitiva, para Salvarnos. Pasando por ser "Católicos": única manera de conseguirlo.
Sí no: mal vamos, ciertamente. Quod est demonstrandum!
26/10/26 10:36 AM
  
José Manuel Guerrero C.
El problema de "dar al César lo que es del César" se nos presenta cuando ese César, cebado como un cochino de Poder, quiere por la fuerza del Mal erigirse en un nuevo dios. Ese "César" actual, figura terrorífica y siniestra del dominio del Anticristo, es y debe ser combatido. Recordando a San Jerónimo: " Los enemigos de la Iglesia deben ser mis enemigos". Hablo de la verdadera iglesia católica, por supuesto.

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Padre lo que dijo sobre la Santísima Virgen Corredentora en Garabandal es una maravilla. Dios se lo pague con muchas bendiciones. Rezamos por usted y su ministerio.


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Ahí estamos. Muchísimas gracias. De corazón.

26/10/26 5:42 PM
  
Vicente Javier
Como siempre acertadísimo don José Luís
26/10/26 6:33 PM
  
Urbel
San Pío X, carta Notre charge apostolique (1910) sobre "Le Sillon" y la democracia, nº 23:

"¡De esta manera la democracia es la única que inaugurará el reino de la perfecta justicia! ¿No es esto una injuria hecha a las restantes formas de gobierno, que quedan rebajadas de esta suerte al rango de gobiernos impotentes y peores?

Pero, además, "Le Sillon" tropieza también en este punto con la enseñanza de León XIII. Habría podido leer en la encíclica ya citada [Diuturnum illud, 1881] sobre el poder político que, "salvada la justicia, no está prohibida a los pueblos la adopción de aquel sistema de gobierno que sea más apto y conveniente a su manera de ser o a las instituciones y costumbres de sus mayores" y la encíclica hace alusión a la triple forma de gobierno de todos conocida. Supone, pues, que la justicia es compatible con cada una de ellas.

..... Al enseñar, pues, que la justicia es compatible con las tres formas de gobierno conocidas, enseñaba que, en este aspecto, la democracia no goza de un privilegio especial. Los sillonistas, que pretenden lo contrario o bien rehusan oír a la Iglesia o bien se forman de la justicia y de la igualdad un concepto que no es católico."
26/10/26 6:59 PM
  
Urbel
La democracia, como tal forma de gobierno, es indiferente a la doctrina católica.

Cualquier forma de gobierno, sea democrática, monárquica, aristocrática o mixta (esta última preferida por Santo Tomás de Aquino), solamente se legitima si se somete a la ley natural y se ordena al bien común.

Cumplida esta condición, la Iglesia mira con indiferencia a las diversas formas de gobierno, como enseñado por León XIII y San Pío X en las encíclicas citadas.

La democracia real, en el sentido de democracia realmente existente, ni se somete a la ley natural ni se ordena al bien común. Es un régimen tiránico e injusto.

Cabría en teoría una democracia que no lo fuese, una democracia sometida a la ley natural y ordenada al bien común, pero no la conocemos.

En el pasado hubo en cambio monarquías que sí se orientaron al bien común y se sometieron no sólo a la ley natural sino incluso a la ley de Cristo, en aquellos tiempos felices en que, según expresión célebre de León XIII en la encíclica Immortale Dei (1885), los pueblos se regían por el Evangelio.


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La "democracia" como tal, dada la condición humana, sólo es viable en el Cielo: es un sistema que unicamente sería cumplido y respetado por "santos". Fuera de éste ámbito es imposible. Tal cual. Excepto que "se trague" con todo lo que "aporta"..., para machaque del personal, ya sean "borregos", ya sean "beneficiados, directos o indirectos, del sistema", ya sean devotos y fieles masoquistas; o así todo.
26/10/26 7:03 PM
  
Farias



(.......)


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¡Ya has recaído otra vez! Es lo que tiene fumarse lo que no debes... Y te colores cas, claro...
Ponte bueno, chaval...

26/10/26 8:35 PM
  
Farias



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Qué bien me conoces. Como si comiésemos juntos todas las semanas desde hace años. Me has clavado.

26/10/26 9:27 PM
  
Farias



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26/10/26 10:41 PM
  
H. R. Pacios
En la traducción actual de la Biblia de Jerusalén, Mt 22, 15-22, Mc 12, 13-17 y Lc 20, 20-26, atribuyen los sinópticos al Señor las palabras (más o menos las mismas):

"Pues lo del César, devolvédselo al César, y lo de dios, a Dios".

Es decir, se utiliza el verbo DEVOLVER, que implica restituir algo que no es propio al que sí le es propio.

Esto no es lo que figuraba en las versiones de la Biblia anteriores, donde se atribuía al Señor el:

"Pues dad al César, lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"

Es decir, antes se traducía el verbo DAR, que implica DONACIÓN, más acorde con el AMOR y la CARIDAD a la que todo católico está obligado, pero que por LIBERTAD radical puede rechazar.

DAR o DEVOLVER. Es un matiz muy, pero que muy importante en la cuestión de los IMPUESTOS.

27/10/26 11:53 AM
  
H. R. Pacios


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Deberías montarte un blog.
27/10/26 12:03 PM
  
H. R. Pacios



(.......)

27/10/26 12:22 PM
  
H. R. Pacios




(.....)


27/10/26 12:34 PM
  
H. R. Pacios



(......)


27/10/26 12:41 PM
  
Urbel
León XIII, encíclica Diuturnum illud, 1881:

"Muchos de nuestros contemporáneos, siguiendo las huellas de aquellos que en el siglo pasado se dieron a sí mismos el nombre de filósofos, afirman que todo poder viene del pueblo. Por lo cual, los que ejercen el poder no lo ejercen como cosa propia, sino como mandato o delegación del pueblo, y de tal manera, que tiene rango de ley la afirmación de que la misma voluntad popular que entregó el poder puede revocarlo a su antojo.

Muy diferente es en este punto la doctrina católica, que pone en Dios, como un principio natural y necesario, el origen del poder político.

Es importante advertir en este punto que los que han de gobernar los Estados pueden ser elegidos, en determinadas circunstancias, por la voluntad y juicio de la multitud, sin que la doctrina católica se oponga o contradiga esta elección. Con esta elección se designa el gobernante, pero no se confieren los derechos del poder. Ni se entrega el poder como un mandato, sino que se establece la persona que lo ha de ejercer.

No se trata en esta encíclica de las diferentes formas de gobierno. No hay razón para que la Iglesia desapruebe el gobierno de un solo hombre o de muchos, con tal que ese gobierno sea justo y atienda a la común utilidad.
Por lo cual, salvada la justicia, no está prohibida a los pueblos la adopción de aquel sistema de gobierno que sea más apto y conveniente a su manera de ser o a las instituciones y costumbres de sus mayores.

Pero en lo tocante al origen del poder político, la Iglesia enseña rectamente que el poder viene de Dios. Así lo encuentra la Iglesia claramente atestiguado en las Sagradas Escrituras y en los monumentos de la antigüedad cristiana. Pero, además, no puede pensarse doctrina alguna que sea más conveniente a la razón o más conforme al bien de los gobernantes y de los pueblos."
27/10/26 12:45 PM

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