María, Modelo de la Iglesia.
Católica, por supuesto. Y necesariamente. En caso contrario ni es Iglesia, ni se le parece, ni se le acerca. Se queda en NADA: pura filfa, y/o pura ficción.
Así quiso el Señor a María, que nos la dio por Madre. Así la acogió la Iglesia Santa que la nombró “Madre de la Iglesia". Y así la hemos recibido, querido y honrado los hijos de Dios en su Iglesia, como no podía ser de otra manera. Obviamente.
Ahora bien. María es “Virgen” y “Madre". Por tanto, la Iglesia, que la tiene como Madre y Modelo en quien mirarse, de quien aprender y a quien imitar, debe ser también, “Virgen” y “Madre". Si no, únicamente lo será “de boquilla", o sea: sí, pero NO, pues sus hechos lo desmentirán. Como está pasando, desgraciadamente, desde hace ya mas de 6 décadas.
De ahí los “frutos", los no-frutos que está recogiendo: la Descristianización más que generalizada casi por todas partes, en el Primer Mundo: el que primero recibió la Fe Católica; y, a mayor honra y honor, la expandió por todas partes, según el Mandato recibido por el Señor: Id por todo el mundo, predicad el Evangelio…
Y lo hizo pero que muy bien. Gracias a Dios, y a la Fidelidad de sus Jerarcas. Ahí estaban, como Prenda y Premio, las múltiples cosechas recogidas.
Hoy, todo ésto se ha ido al garete. Exactamente por la infidelidad de sus Jerarcas de turno y nómina. Con toda la brutal evidencia del desastre generado y recogido: mera cizaña: inimicus homo fecit. Y tan enemigo de todos los hombres: desde Adán a hoy y mañana, pasando por el Hombre-Dios Jesucristo. Porque, como es obvio, se recoge lo que siembran los sembradores. O sea: los Jerarcas que nos ¿gobiernan?
Estos días se han publicado los datos de una Diócesis española y son demoledores, sin el menor paliativo: acusadoramente demoledores. Porque TODOS los baremos, todos, han ido a peor, según los datos oficiales. Y lo de esta Diócesis, es perfectamente trasladable por homologable, a lo que sucede en otras; que, o repiten esos parámetros, o se le acercan peligrosa y pavorosamente.
¿Por qué ha sucedido todo este terrible despropósito, inimaginable sesenta años atrás? Porque se ha renunciado a “mirar a María", Virgen y Madre. En este preciso orden. Primero, Virgen. Y, sin dejar de serlo, también Madre. Que es, sí, lo milagroso, pero también lo real.
¿Qué significa “virgen”? “Que NO se ha contaminado con comercio carnal. Ni siquiera legítimo: con el propio marido”. Y “madre”: “que ha tenido hijos”. Uno, muchos, pocos… Da igual: lo/los ha tenido. Y no hay más que entender. Ni menos, tampoco.
¿Cómo se debía traducir ésto en la Iglesia Católica, que la tiene como Modelo? Tan sencillo como directo: NO contaminarse con “dioses extraños” y/o ajenos. Importados en todo caso, despreciando al Dios Unico y Verdadero. De hecho, y está por todas las páginas del AT, cuando los judíos se van a los ídolos, el Señor los acusa de haberse “prostituído". Lo compara y lo iguala al “comercio carnal”, ilegítimo por toda seña. Y les da hasta que los harta…
La Gran Prostitución del Pueblo Escogido es la Apostasía generalizada del Pueblo que, instigado por sus Jerarcas -ojo al dato y “modelo"-, se va tras los modos y maneras de los pueblos de alrededor -o, ya puestos, se hacen sus propios ídolos: sus propios “becerros de oro"-, contra los que el Señor les había alertado, haciéndoles jurar que jamás lo harían. Y, caso de no ser fieles a su juramento, se iban a enterar. Y se enteraron pero que muy bien, a fondo y reiteradamente. Ahí está la Historia Sagrada. Esa que desde el Concilio está arrumbada y, “a la chita callando”, desaparecida; ciertamente, sin el menor combate.
La Iglesia Católica debía mantenerse incontaminada con nada que viniese del mundo, del demonio y de la carne. Pues: “tocame Roque"; “mamá, ¡que me toca Roque!". Pues tal que así.
Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Advertencia, nada metafórica, del Maestro a sus Apóstoles, para que “no se chupasen el dedo”, bobaliconamente.
Mucho más nos ha prevenido contra el mundo y sus máximas, contra sus pompas y sus obras: las mismas que las del Diablo y sus hijos. Todo clarísimo. Todo perfectamente definido. Pues, como nuevos “escogidos”, “regenerados” y “elevados", como si callaras.
Y así estamos, desgraciadamente. No hemos queridos ser y permanecer “vírgenes", como el Señor Jesús nos había constituido; y hemos ido a abrevar a todos los charcos, infectos por toda identidad, del mundo. Una vez más, hemos pretendido ser como dioses: conocedores del bien y del mal. Y hemos visto que lo conseguido era únicamente, y no para bien, que estábamos desnudos. Que así se “visten” las/los prostituidos que ejercen. ¡La Gran Cosecha!
Y no sería por no saber de qué iba la cosa. Al contario: lo sabían perfectamente. Como saben perfectamente por dónde va la cosa, y no mueven un dedo para corregir el rumbo, para desandar el camino, para rectificar, creer, convertirse, salvarse y, de ese modo, salvarnos a todos. Como es su obligación.
Precisamente por dejar de ser “virgen", ha dejado de ser “madre”. No porque haya nacido así. Se ha convertido en “madre estéril, voluntariamente infecunda”, pues se ha hecho estéril a sí misma, como su gran camino de gloria…: mundana, por supuesto.
Todo de acuerdo con las máximas del mundo; en el que, por ejemplo, presenta la “liberacion de la mujer"…, liberándola de su ser madre: que es su mayor honor y gloria, su vocación y su misión más excelsa ante Dios y los hombres: la mujer -nos enseñará san Pablo-, santifíquese en la crianza y educación de sus hijos.
Y todo ésto, lo ha interiorizado y asumido la Iglesia, para la mujer, porque lo ha querido así para Ella misma. Ahora -y así-, se explica por qué ha dejado al pie de los caballos de Atila a la mujer, a la familia, a la sociedad y a Sí misma: si Ella ha renunciado a ser lo que era, Madre, traicionando el Mandato y la Misión de Cristo, ¿cómo iba a defender a la mujer, la obra maestra de Dios; que ahí está la Santísima Virgen como prueba y demostración palpable y fecunda: Madre de Dios y Madre nuestra?
Por ésto mismo ha dejado de defender a la Santísma Virgen. Ahí están, ya desde los años 70 del pasado siglo, todas esas “prédicas” -más “consejas” de brujas que otra cosa-, sobre la piedad mariana: devociones obsoletas, desfasadas, anacrónicas, que van contra el honor debido al Señor; más propias de personas incultas y poco “adultas” que de cristianos en su sitio… Nada más falso y más dañino para la Fe de las gentes y, antes, de la propia Iglesia. Que ha crolado sobre sí misma. Como vemos y sufrimos todos los días.
Ahí y así están esas rajadas sobre que “el apostolado, y el mismo proselitismo, son el pecado de la Iglesia”. Ahí está Francisco y sus “conejas", de nefasta y vergonzosa memoria. Y luego lo han proclamado sin discernir, en un seguidismo gravemente culpable, sus obispos: tal cual; aunque la cosa venía de antes, por supuseto. O lo han interiorizado en silencio, pero con el mismo afán destructor, otros muchos de ellos.
¿El resultado? La Iglesia se muere falta de hijos. Se mueren las Instituciones más señeras. Se mueren las familias, material y espiritualmente: porque no se pueden cegar las fuentes de la vida sin cegar antes las fuentes de las conciencias. Como en la Iglesia: se han cegado las fuentes de las conciencias de los Jerarcas y se han cegado las fuentes de la vida espiritual, la vida en Dios: por Él, con Él y en Él.
Como denuncia san Pablo: se han hecho eunucos a sí mismos: se han empeñados en ser brutalmente estériles -el “mariconeo” en la Iglesia viene directamente de aquí, de esta mentalidad-, hasta con “cirugías al uso", si preciso fuere.
Ahí está Satué -y todos los demás callados, como muertos: pues “muertos están si no hablan”-, con sus proclamas reincidentes a favor del mundillo, “para recuperar las raíces de nuestra fe en Jesucristo”: “tenéis mucho que aportar a la Iglesia y, al mismo tiempo, podéis enriqueceros en ella"; calificando de paso adelante la bendición de personas del mismo sexo; y pide a las Cofadías acoger con alegría a la pareja gay en la misma frase que al matrimonio con hijos, sin una palabra sobre la conversión.
Y ahí está el resultado: la Descristinaización y la falta de relevo generacional. Lo mismo en el mundo que en la Iglesia, porque Ésta lo ha asumido como bandera e identidad.
Y la Iglesia se muere; igual que una familia sin hijos se extingue: es ley de vida. O de muerte, claro…


