«Señor, que vea!»
Domine, ut videam! Así acudía al Señor san Josemaria en la intimidad de su oración, siendo Sacerdote joven.
Llevaba en Madrid unos poquitos años -estando en sus comienzos como Sacerdote, había tenido que dejar Zaragoza por causas serias, ajenas a su voluntad-, y llevaba un tiempo sintiendo que el Señor le pedía algo, y NO sabía bien qué era.
Tan NO sabía que estuvo mirando y buscando qué había ya en la Iglesia: se resistía a fundar nada; porque NO venía a “renovar” nada en la Iglesia: la respetaba y la amaba demasiado para eso. En todo caso, ayudar a llevarla adelante, como buen hijo suyo.







