Chamo, Chaco, Como
Este año, por diversas razones, he podido estar en Ecuador y Venezuela; no hace mucho estuve en Bolivia también. Es tiempo de compartir alguna reflexión sobre el particular estilo socialista que se ha convertido en un estándar para estas tres naciones. Conviene examinar si parece probable veremos su expansión en Latinoamérica y sobre todo, como creyentes, nos interesa preguntar cuáles serán las implicaciones para la Iglesia y para la evangelización.
La mención de la Iglesia no es artificial. Dada la raigambre católica de nuestros pueblos es apenas natural que cualquier poder público tenga que tomar posturas más o menos explícitas frente al “hecho católico.” Hugo Chávez, por ejemplo, en campaña por la reforma constitucional que le amplió los poderes y permitió la reelección indefinida
llamó “farsante” y “supuesto líder cristiano” al representante del Foro Evangélico de Venezuela que calificó de herejía su propuesta para una nueva Constitución. También reprochó a la Conferencia Episcopal Venezolana que en un reciente documento objetase la moralidad del proyecto de reforma. Para el presidente venezolano, que dio vivas a Jesucristo “padre, líder y revolucionario", su reforma responde a “la propuesta divina de Cristo, el redentor de los pobres” y los cristianos van a votar por el “sí"…

Si preguntamos a los diarios, a los periódicos, cuál es la mayor diferencia entre el mundo de hace un año y nuestro mundo actual, creo que un buen número de respuestas apuntarían hacia la palabra recesión. Es el término que está todos los días en las noticias, por estas fechas, y con él, una lista penosa de males: desempleo, quiebra, baja en la inversión, pérdida de vivienda, etc. Dos hechos hacen más sombrío el panorama: saber que la crisis tiene proporciones globales y comprender que sencillamente nadie tiene una solución a corto plazo, una “receta” para salir del mal momento.
Sí, ya sé que no es buena idea hablar en términos políticos de la Iglesia, cuya realidad es esencialmente teológica. Y sí, tengo claro también que para nadie que ame a Cristo puede ser una buena noticia que los discípulos y los ministros de Cristo sean ocasión de escandalo. Pero también veo con claridad que el silencio es una forma de complicidad, a veces, y veo del mismo modo que tenemos que aprender a sacar las lecciones de la historia, según aquello de que ignorar la historia es repetirla.